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Porque Ha Escrito Un Libro – Christopher Hitchens vs. Doug Wilson

26 de julio de 2012 1 comentario

Notas de Doug Wilson

En esta parte de nuestro debate del otoño de 2008, el recientemente fallecido Christopher Hitchens me pregunta por qué seguía diciendo cosas como “Dios quiere…” ¿Cómo se supone que yo podría saber algo como eso?

La raíz de la pregunta es sobre la epistemología. La epistemología es la rama de la filosofía que pregunta cómo podemos realmente conocer cosas. Y, corriendo nosotros con resolución en la rueda giratoria para ardillas a la que nos hemos subido, cuando finalmente respondemos a la pregunta de cómo conocemos las cosas, podemos ser preguntados de nuevo si estamos seguros de que sabemos eso.

Hay tres enfoques básicos a esta pregunta. Uno es llamado racionalismo, que afirma el conocimiento basado en la razón objetiva. El segundo es llamado empirismo, con todo el conocimiento derivado a partir de la experiencia. El tercero, abrazado por los cristianos, es una epistemología de la revelación: Conocemos lo que Dios quiere porque así lo ha intencionado al hablarnos.  Conocemos porque ha escrito un libro.

Ahora por supuesto que debería remarcarse que la fe en la revelación de Dios no excluye la razón o la experiencia – más bien crea un espacio apropiado para estas. Después de todo, cuando leo la Biblia, pienso y reflexiono sobre lo que he leído, usando la razón. No solo esto, sino que leyendo las Escrituras tengo la experiencia física de tener la Biblia en mis manos, y tengo los rayos de luz que rebotan de las páginas hacia mis ojos, que son experiencias. En todo esto, estoy presuponiendo (creyendo) que vivo en un universo cuyo Creador habla. Si él habla, yo no tengo que hacer que sea oído – él hace eso. Lo que yo tengo que hacer es quitarme los dedos de los oídos y parar de tararear el himno nacional.

Desde luego, un no creyente con talento (como Hitchens) va a intentar empujar todo esto un paso más atrás. ¿Cómo sabes que Dios escribió un libro? Y la respuesta es que… bueno, lo he leído. Por supuesto, esta respuesta bien puede recordarle a Hitchens de aquella vez en la que Mark Twain fue preguntado si creía en el bautismo de los niños. Contestó algo parecido a esto: “¿Creer en ello, señor? ¡Lo he visto con mis propios ojos!”

En este extracto, le mencioné a Hitchens que todas las criaturas finitas piensan axiomáticamente. Todos tenemos un punto de partida, y ese punto de partida no es nuestro destino. No razonamos hacia nuestros axiomas; razonamos a partir de ellos. Son la tierra bajo nuestros pies. Son nuestras presuposiciones fundamentales, nuestras presuposiciones de partida. Menciono el más básico en este segmento cuando me referí al libro de Francis Schaeffer Él está allí y no está callado (He Is There and He Is not Silent, n.tr.). Dios no es el mimo supremo.

Dios ha hablado, primeramente, en el orden creado. Los cielos declaran la majestuosidad de Dios. Ha hablado, en segundo lugar, a través de los apóstoles, profetas, visionarios y mártires. Tenemos sus relatos en las Escrituras, el único libro último e infalible del mundo. Y en último lugar, Dios nos ha hablado a través de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Aquí es donde empiezo mi viaje. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Prov. 1:7). Y temer a Jehová significa escucharle cuando habla.

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Enlace al artículo original: Because He Wrote A Book.

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Evaluando las Afirmaciones de los Ateos

20 de julio de 2012 1 comentario

Por Vern S. Poythress

El mundo a nuestro alrededor sigue en buena parte el camino de la autonomía humana. Dice, “Piensa por ti mismo”. Considera la Biblia como un mero libro antiguo con ideas primitivas. Así que nos aconseja que deberíamos tan solo aceptar lo que nos dicen los científicos.

Es irónico, entonces, encontrar pensamiento autónomo descrito en la descripción bíblica de la Caída. La serpiente lanza dudas sobre la palabra de Dios (“No moriréis”, Gén. 3:4) y recomienda a uno pensar por sí mismo independientemente de la instrucción de Dios. Esto es, la serpiente defiende la autonomía. Génesis 3 enseña que la elección de Adán y Eva de ser autónomos conduce a la muerte, espiritualmente y después físicamente. Hay mucho en juego.

Cristo enseña que el Antiguo Testamento es la misma palabra de Dios (Juan 10:35; Mateo 5:17-18, 19:4-5). Si le seguimos a Él, deberíamos tener una perspectiva diferente a la del mundo. Otros artículos en este número son dirigidos directamente a la enseñanza de la Biblia sobre Adán y los orígenes humanos. Pero además de esto, nuestro punto de vista cristiano debería abarcar nuestra actitud hacia la ciencia en modo más general.

La ciencia es una obra humana, y los seres humanos son pecadores. Así que tenemos que tener cuidado. Los seres humanos siguen siendo hechos en la imagen de Dios, así que deberíamos respetar y valorar los logros humanos. Pero el pecado genera distorsiones en el pensamiento humano, distorsiones que Dios vence por la redención de Cristo. Y la provisión redentora de Cristo para nosotros incluye las palabras en la Biblia, que poseen la autoridad de Dios y nos guía en la senda del pensamiento piadoso y del acto piadoso (Salmo 119:105).

La ley científica

¿Qué, pues, tiene la Biblia por decir? La Biblia indica que Dios ha creado el mundo hablando: “Dijo Dios: «Sea la luz.» Y fue la luz” (Gén. 1:3). Del mismo modo Dios gobierna el mundo providencialmente hablando: “Enviará su palabra y los derretirá [nieve y hielo]” (Salmo 147:18). La palabra de Dios determina tanto eventos excepcionales y milagrosos (como los milagros de Jesús, normalmente llevados a cabo hablando) como las regularidades: “Dijo luego Dios: «Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para separar el día de la noche, que sirvan de señales para las estaciones, los días y los años»” (Gén. 1:14).

La ley que gobierna el mundo es el discurso de Dios. El discurso de Dios expresa su poder y sabiduría personal; no es un mecanismo impersonal. La ciencia moderna, buscando entender las “leyes de la naturaleza”, está buscando en realidad cómo la palabra de Dios gobierna al mundo.

Pero muchos científicos modernos se han extraviado de la verdad. Piensan sobre la ley como un mecanismo impersonal. Esta manera de pensar es una forma de idolatría, según la descripción de la Biblia en Romanos 1:22-23: “Pretendiendo ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles…”. En tiempos antiguos, la gente se hacía estatuas físicas para representar dioses falsos. Ahora, la gente a menudo cambia a Dios por un sustituto en la forma de una supuesta ley mecánica e impersonal. Este tipo de sustitución sigue siendo una forma de idolatría.

La idolatría implica necedad (Rom. 1:21-22), y la necedad conduce a juicios erróneos. Tenemos entonces que estar preparados para pasar por el tamiz las afirmaciones hechas en el nombre de la ciencia, en vez de tan solo someternos a ellas.

¿Realmente marca la diferencia el creer que las leyes del universo son el discurso de Dios en vez de un mecanismo impersonal? Lo hace. Las regularidades que los científicos modernos descubren aproximan la palabra de Dios o la ley de Dios que gobierna el orden providencial presente de las cosas. Pero la Biblia distingue el orden providencial presente de las manera en que fueron las cosas en el tiempo en que Dios creó el mundo, tal como está descrito en Génesis 1-2. Así que Dios puede haber actuado de modo diferente durante ese tiempo. Ciertamente, puede seguir respondiendo de modo diferente más tarde en la historia, cuando contesta personalmente a las necesidades personales de su gente. Puede obrar milagros, como lo hizo con el diluvio de Noé y las plagas en Egipto. Dios no está restringido en sus acciones por una supuesta ley natural impersonal.

Cuando Cristo vuelva, el presente orden del universo será transformado (Rom. 8:21-22; 2 Pedro 3:10-13). Con lo cual, sabemos que el orden presente no durará para siempre. En contraste, los científicos no cristianos extrapolan el orden presente a un futuro infinito, porque creen en una ley impersonal.

Científicos cristianos y no cristianos pueden hasta cierto punto trabajar conjuntamente en muchos proyectos científicos modernos, porque ambos viven en el mundo de Dios y ambos dependen del control providencial de Dios. Pero los científicos no cristianos no reconocen a Dios. Dependen de Él, pero sofocan la verdad sobre Él (Rom. 1:18). Y en nuestro tiempo muchos cristianos están en parte comprometidos por la misma idolatría, porque la atmósfera que prevalece en la práctica de la ciencia es aquella de la ley impersonal. Las diferencias son traídas al frente sobre todo cuando tratamos con los milagros, que pueden implicar excepciones en el patrón normal de la regla providencial de Dios.

Orígenes Biológicos

Podemos ilustrar esto considerando el tema de la descendencia biológica. El orden providencial presente de Dios, establecido por su palabra en Génesis 1, incluye el patrón que los árboles y las plantas se reproducen según sus especies (Gén. 1:11-12) y del mismo modo los animales (Gén. 1:21-22, 24-25). Los pastores israelitas confiaban en la fidelidad de Dios cuando cuidaban ovejas y cabras, y nosotros confiamos en Él a día de hoy cuando criamos perros. Los seres humanos también se reproducen según su especie (Gén. 5:1-3).

Los científicos que creen en una ley impersonal extrapolan lo que ven hoy día al pasado, sin posibilidad de ninguna actividad excepcional de Dios. La evolución sin mente ni propósito – la visión Darwinista dominante – es el resultado inevitable. Y este resultado debe ser, por medio de una lógica despiadada, extendido a los seres humanos, quienes supuestamente están sujetos a las mismas leyes impersonales que el resto de la vida. Dadas estas suposiciones, la conclusión desemboca así: los seres humanos se han originado por la evolución gradual. La evidencia tiene que ser encajada en este cuadro completo, porque no hay realmente otra alternativa, una vez que uno acepta la presuposición fundamental de que la ley es impersonal.

Una visión basada en la Biblia es bastante diferente: Dios ha podido crear a Adán y Eva por una acción milagrosa. No hay ley impersonal. Solo existe el control personal de Dios sobre todas las cosas, tanto de las regularidades como de las excepciones. Dios ha podido también generar la primera vida y los grupos mayores de plantas y animales por acciones creativas milagrosas.

Concordancias en el ADN

Cuando por primera vez los científicos compararon la secuencia de ADN en los cromosomas humanos con la secuencia de los chimpancés, anunciaron que la secuencia era idéntica en un 98 por ciento. Similitudes de este tipo se extienden por todo el mundo de los seres vivos. Con variaciones menores, el ADN de los seres vivos utiliza un código común. Proteínas similares se encuentran en diferentes especies, así como hay también códigos parecidos del ADN en las proteínas. Para los Darwinistas, estas similitudes confirman los ancestros comunes a todos los seres vivos y el modelo Darwiniano de evolución gradual no dirigido. ¿Cómo si no íbamos a justificar científicamente toda esta serie de evidencias?

Pero, en este razonamiento, los Darwinistas confían en unas cuantas suposiciones. (1) No las evidencias, sino más bien una presuposición filosófica, ha excluido a Dios del proceso. Génesis 1 indica que el discurso de Dios ha especificado el patrón por el que los animales y las plantas se reproducen según sus especies. Dios es la fuente. Hasta este día, cada nuevo animal o planta viene a existir por su acción: “Envías tu espíritu, [nuevos animales individuales] son creados y renuevas la faz de la tierra [con nuevas plantas]” (Salmo 104:30). (2) El pensamiento Darwinista estándar supone una visión de la ley impersonal que no admite excepciones. Pero Dios puede haber obrado en maneras excepcionales en la creación de nuevas especies. (3) El Darwinismo no considera explicaciones alternativas que involucran motivos divinos personales.

¿Podría ser que hubiera explicaciones alternativas a tan asombrosas similitudes? El término “diseño inteligente” pertenece a una visión que enfatiza que las similitudes entre los seres vivientes pueden darse debido a diseños comunes. Por ejemplo, no es de extrañar que las proteínas manufacturadas por distintos tipos de animales sean iguales, si las proteínas están diseñadas a hacer las mismas funciones químicas y psicológicas en las células de los animales.

La Biblia no entra en detalles técnicos sobre células y proteínas. Dios no la ha escrito con este propósito. Pero la Biblia indica que, en el nivel de la observación ordinaria, los seres humanos, los animales, y las plantas, tienen procesos reproductivos. Dios ha creado la humanidad, varón y hembra (Gén. 1:27). Los animales más grandes también son macho y hembra (Gén. 6:19). Partiendo de estas observaciones fundamentales, hasta las personas de la Antigüedad podían observar muchas similitudes asombrosas.

Semejanza y analogía

Detrás de las similitudes obvias se encuentra un tema más fundamental, más específicamente el de la semejanza. Dios ha creado al hombre a su imagen (Gén. 1:26-27). Adán engendró a su hijo Set a su imagen: “Vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set” (Gén. 5:3). También sabemos que Cristo es la imagen original de Dios: “Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4, comparar Col. 1:15, Heb. 1:3). Dios es el Padre original en relación a su Hijo eterno. Adán es un padre derivado. Y la paternidad humana incluye una relación de semejanza entre padre e hijo. Los animales y las plantas no están hechos a imagen de Dios, y aún así se reproducen según sus especies. Así pues, podemos inferir que reflejan vagamente el patrón con Adán, un patrón que origina en la naturaleza Trinitaria de Dios. La reproducción animal es entonces análoga a la reproducción humana, según el diseño de Dios. Y la analogía origina con Dios mismo, en la relación de Dios el Padre a Dios el Hijo. El Padre ama al Hijo, así que no debería sorprendernos que, en honor al Hijo, el Padre como Creador diseñe muchas analogías en el orden creado.

Set es una imagen de Adán, una analogía de él, porque Adán lo engendró. La relación padre-hijo incluye un aspecto biológico y hasta un aspecto químico, tal como podemos comprobar hoy día comparando el ADN entre los padres e hijos biológicos. Aunque hay también una relación de semejanza, o una relación analógica entre Dios y Adán que es el producto de la voluntad creadora de Dios. Así que cuando vemos analogías entre los seres humanos y los chimpancés, la presencia de analogías no nos dice el qué los generó. Una analogía puede originarse a partir de un descendiente biológico, como cuando nace Set, o a partir de la voluntad directa de Dios, como con la creación de Adán en la imagen de Dios.

Así que las analogías entre los diferentes tipos de animales tienen dos posibles explicaciones, no solo una. La teoría Darwinista estándar solo permite una, más concretamente la explicación materialista, porque deja fuera de su jurisdicción el carácter de Dios como el gobernador personal del mundo.

Siempre hemos sabido que nos parecemos en cierto modo a los monos. Ahora sabemos que nuestro ADN es como el de los monos. ¿Y qué? Cuantitativamente, tenemos mucha más evidencia sobre una relación. Pero seguimos teniendo la misma pregunta fundamental, y ésta es, ¿Qué clase de relación es evidenciada por esto? La evidencia ha de ser interpretada. Y la interpretación siempre tiene lugar en un marco de muchas suposiciones sobre la naturaleza del mundo y la naturaleza de la investigación científica. Si un científico asume un marco Darwinista de ley impersonal, va a inferir confiadamente que los humanos y los monos tienen un ancestro común y que la explicación de las analogías es la evolución gradual sin propósito. Pero un Cristiano aún no comprometido a tal marco debería contemplar otra posibilidad, concretamente, que todo de la vida refleja no solamente el diseño común de Dios, el Diseñador sobrenatural, sino también un patrón de analogías reflejando en la tierra el patrón original de Dios Hijo como imagen del Padre.

Qué observan los científicos

La ciencia se concentra en el análisis cuantitativo de la composición material. Así que resulta natural centrarse en el ADN. Pero la gente es personal, no simplemente material. El análisis cuantitativo del ADN nunca puede capturar lo que es único de ser hechos en la imagen de Dios.

Deberíamos también reconocer que los informes han enfatizado evidencias que concuerdan con las expectativas. Informes tempranos sobre la concordancia del ADN de más del 98 por ciento entre humanos y chimpancés compararon solo esas regiones del código de ADN de las proteínas, porque por esos tiempos se creía que dichas regiones eran las más importantes. Pero estas regiones explican solamente cerca del 2 por ciento del ADN total. El resto ha sido denominado “basura”, y los Darwinistas explicaron que es una acumulación evolutiva de piezas rotas. Sin embargo, investigación más avanzada revela más y más funciones positivas concerniendo esta “basura”. Parte de ella regula la expresión del código proteínico del ADN. Cuando el ADN humano y el ADN de los chimpancés son comparados en estas regiones, la amplitud de las concordancias baja hasta aproximadamente el 90 por ciento, o es reducido hasta al tan solo un 70 por ciento, si incluimos regiones en las que correlaciones firmes no han sido establecidas aún. Los científicos han descubierto algunas regiones en el ADN humano que aparentemente no se corresponde a ninguna región conocida de ningún primate. ¿De dónde vienen estas regiones? Este tipo de información tiende a ser infra informado en los medios de comunicación, porque siguen siendo en mucha medida un misterio para los Darwinistas.

De hecho, la cantidad de información pura sobre el ADN continúa aumentando, y mucho queda por ser pasado por el tamiz. Los Cristianos serían bien aconsejados que esperen pacientemente. Deberíamos creer que Dios, quien nos ha dado las Escrituras, es el mismo Dios que gobierna el mundo biológico. La Escritura está en harmonía con los hechos de la biología, pero puede ser fácil o no el obtener una comprensión total de la complejidad de esta harmonía.

Conclusión

El mundo a nuestro alrededor nos dice que aceptemos las últimas declaraciones de los científicos como el producto de expertos que conocen mucho mejor que nosotros. Como cristianos, no debemos sobrevalorar nuestro conocimiento o nuestra pericia. Pero tenemos en la Biblia un mensaje en el que podemos confiar. Debemos usar sus orientaciones. La Biblia critica a la ciencia moderna por su idolatría. Suposiciones sobre la naturaleza de la ley y suposiciones sobre lo que cuenta como una explicación o sobre lo que cuenta como pruebas relevantes juega un papel importante en la ciencia.

¿Se ha desecho la ciencia de Dios?

17 de julio de 2012 Deja un comentario

Por John Blanchard

Richard Dawkins, emplazado en la Universidad de Oxford, opera bajo el título de Charles Simonyi Reader and Professor of the Public Understanding of Science. Extraoficialmente, puede ser el ateo más conocido del mundo, en parte como resultado de su libro éxito en ventas El espejismo de Dios (The God Delusion), publicado en 2006. Con estos credenciales, deberíamos esperar que Dawkins contestara al título de este artículo con un rotundo sí, y no nos defrauda. En el programa de televisión Soul of Britain de la BBC, en 1999, salió a escena y soltó con su estilo propio: “Creo que la ciencia realmente ha cumplido la necesidad que la religión cumplía en el pasado, de explicar cosas; por qué estamos aquí, cuál es el origen de la vida, de dónde viene el mundo, sobre qué va la vida… la ciencia tiene las respuestas”.

Si Dawkins tiene razón, la religión es una indulgencia pasada de moda y Dios es un mito irrelevante. ¿Pero tiene razón? La manera más simple de responder a esta pregunta es probar cada una de sus cuatro afirmaciones para ver si pueden ser corroboradas.

La ciencia explica por qué estamos aquí.

En este contexto, “por qué” puede tener uno de dos significados: “¿Cómo hemos llegado aquí?”, o bien, “¿Cuál es el propósito de nuestra existencia?” Como la última de sus afirmaciones toca la segunda pregunta, centrémonos en la primera – y Dawkins no tiene dudas en cuanto a la respuesta: “Es absolutamente seguro decir que si conoces a alguien que afirma no creer en la evolución, esa persona es estúpida, ignorante, o demente (o malvado, pero preferiría no considerar esto)”. Habiendo despachado toda oposición en una sola frase, defiende después la idea que el homo sapiens es el producto por excelencia de una vasta secuencia de especies y tipos estrechamente relacionados, empezando con la primera célula viva y avanzando por los invertebrados, peces, anfibios, reptiles, aves, cuadrúpedos peludos, y mamíferos tipo chimpancé.

Todos los ateos son evolucionistas, y esta es la posición por defecto para el modelo que promueven. Si tienen razón, debemos esperarnos encontrar nuestro planeta repleto de fósiles de formas vivas intermedias – pero simplemente no están ahí. Escribiendo sobre dichos enlaces evolutivos, Colin Patterson, paleontólogo sénior en el Museo de Historia Natural de Londres, dice: “Lo dejaré claro. No existe ni un solo fósil con el cual se pueda hacer un argumento irrefutable”. Por el otro lado, si Dios ha creado las especies totalmente formadas, debemos esperarnos encontrar los restos de innumerables especímenes totalmente formados, todos sin ningún ancestro aparente – y esto es exactamente lo que encontramos.

En los primeros capítulos de Génesis la narración de la creación llega a un clímax con las palabras: “Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27), una afirmación que concuerda con todo lo que sabemos sobre nuestras propiedades únicas e impresionantes. Si todo el texto de la Encyclopædia Britannica hubiera llegado a la tierra desde el espacio exterior sería mirada como una prueba irrefutable de la inteligencia extraterrestre. Como el ADN humano contiene vastamente más información organizada que la Encyclopædia Britannica, esto apunta poderosamente a la verdad de la convicción del ganador del premio Nobel Arthur Compton de que, “Una inteligencia suprema ha traído a la existencia al universo y ha creado al hombre”.

La ciencia explica el origen de la vida.

En lo que él llama el argumento principal de El Espejismo de Dios, Dawkins afirma que mientras que tantas cosas parecen haber sido diseñadas, la impresión es falsa, porque levanta una pregunta no contestable: ¿Quién diseñó al diseñador? Dos cosas han de decirse al respecto. Primeramente, ¿dónde está la prueba científica de que la apariencia del diseño nos engañe? No hay ninguna – y negar el diseño antes de discutir el problema va de la mano con afirmar que los milagros son imposibles antes de encontrar si han pasado. Esta forma ilógica de abordar el problema puede que sea de esperar de un estudiante de colegio, pero difícilmente lo es de un profesor universitario de Oxford. Segundo, ¿puede la ciencia demostrar que el diseñador haya tenido que ser diseñado, en otras palabras, que el Creador último haya tenido que ser creado? ¿Hay alguna rama de la ciencia que puede abolir definitivamente toda posibilidad de que haya una persona sobrenatural y no creada?

Como el líder de la filosofía analítica del siglo veinte, Ludwig Wittgenstein, decía, en su monumental Tractatus: “La solución del enigma de la vida en el espacio y tiempo se encuentra fuera del espacio y del tiempo”. Esto está sincronizado de manera precisa con la enseñanza de la Biblia sobre Dios, que es “desde la eternidad y hasta la eternidad” (Salmo 106:48), y su testimonio unánime de que este Creador transcendente y eterno “da vida a todas las cosas” (1 Tim. 6:13).

La ciencia explica de dónde viene el mundo

El origen del universo ha fascinado a las personas desde que empezaron a pensar por primera vez sobre el tema, y los científicos han sugerido una inmensa pila de teorías. Pero la ciencia nunca puede ir más lejos que el momento en el que las leyes en las que confía empiezan a operar. Como Edgar Andrews, profesor emérito de materiales en la Universidad de Londres, observa: “La ciencia, hasta en su punto más especulativo, debe abstenerse de ofrecer alguna explicación o hasta descripción del evento real del origen”.

Esto parece bastante obvio, pero hay ateos que intentan evadir el problema con una ráfaga de oraciones. Peter Atkins, un profesor ateo de química en Oxford, afirma que todo el universo es “una elaborada y agradable reordenación de nada”. Los que sostienen esta idea, más formalmente como la hipótesis de fluctuación cuántica, fueron hábilmente refutados en el New Scientist: “Primeramente había nada, después hay algo… y antes de que te des cuenta se han sacado un billón de galaxias de sus sombreros cuánticos”. En A Brief History of Time, el renombrado científico Stephen Hawking, sin sostener ninguna adherencia religiosa, tiene un enfoque mucho más razonable. Comentando sobre las posibilidades en contra de la increíble complejidad y la perfectamente equilibrada serie de factores fundamentales del universo llegando a existir por azar, escribe: “Sería muy difícil explicar por qué el universo tenía que haber empezado de este modo a no ser por un acto de Dios que intentó crear seres como nosotros”.

Richard Dawkins no solo descarta la justificación bíblica sin más, sino que lo pone a la misma altura que el mito hindú de que el mundo ha sido creado en una batidora de mantequilla cósmica y la noción del oeste de África de que el mundo ha sido creado a partir de los excrementos de hormigas, sino que esto difícilmente se califica como pensamiento serio. C.S. Lewis llegó a una conclusión parecida: “Ninguna teoría filosófica con la que me haya cruzado hasta ahora es una mejora radical de las palabras de Génesis, que dicen: ‘En el principio Dios hizo los cielos y la tierra’”. Afirmar que la ciencia elimina esto es ignorancia disfrazada de inteligencia.

La ciencia explica el sentido de la vida

Es curioso que Dawkins haga tal declaración, ya que sostiene que la vida humana no tiene ningún propósito, describiendo tal idea como “un engaño casi universal”. En un artículo del periódico London’s Observer de 1995, descartó una pregunta sobre el propósito de la vida diciendo, “Pues no hay ningún propósito, y, preguntar que cuál es, es una pregunta estúpida. Está en la misma categoría que, ‘¿Cuál es el color de los celos?’”

En otra parte afirma que la vida es “solo bytes y bytes de información digital” y que los seres humanos son “máquinas de sobrevivir – vehículos robot programados ciegamente para preservar las moléculas egoístas conocidas como genes”, pero esto es completamente inadecuado. No ofrece ninguna explicación sobre el hecho de que como humanos somos seres auto-conscientes y pensantes, con un deseo insaciable de testear datos, desarrollar ideas, ejercitar la imaginación, y hacer decisiones. Tampoco explica nuestro sentido único de dignidad, nuestros gustos estéticos, nuestra habilidad para componer y disfrutar el arte, la música, la literatura, nuestra dimensión moral y nuestros deseos espirituales. Como el distinguido pensador moderno Francis Schaeffer observó: “Nadie ha presentado una idea, para no hablar de haber demostrado que sea posible, para explicar cómo un ser impersonal, más tiempo, más azar, puede dar personalidad”.

Sir John Eccles, un pionero ganador de un Premio Nobel en investigaciones sobre el cerebro, fortalece esto: “La ciencia no puede explicar la existencia de cada uno de nosotros como una personalidad única”. Hasta Steve Jones, un apasionado ateo y profesor de genética en Universiy College, Londres, admite con franqueza: “La ciencia no puede contestar a la pregunta ‘¿Por qué estamos aquí?’” La Biblia puede – y lo hace en las palabras de aquellos que claman a Dios “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Apocalipsis 4:11).

La ciencia es la búsqueda en curso para la verdad en el mundo natural, y nos alegramos con razón de los numerosos beneficios que la ciencia y la tecnología han traído en nuestras vidas. Ir más lejos de esto y afirmar que la ciencia se ha deshecho de Dios es ascender la fantasía del siglo diecinueve a la condición de hecho del siglo veinte.

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Enlace al artículo original: Has Science Got Rid Of God?

¿Según qué Criterio? – Christopher Hitchens vs. Doug Wilson

14 de julio de 2012 Deja un comentario






Notas de Doug Wilson:

Cuando hablamos de apologética, la pregunta “¿Según qué criterio?” es una pregunta realmente fundamental. La misma pregunta se da en disputas en muchos campos diferentes – es la misma cosa que preguntar “¿Quién lo dice?” Si afirmas que tengo que hacer algo, la pregunta debería ser, “¿Por qué tengo que hacer eso?” Es a estas alturas en la que la apologética presuposicional tiene un tiro limpio. Un buen lugar para estudiar esta visión de la apologética sería el libro de Greg Bahnsen Always Ready.

Durante nuestros tres días juntos filmando Collision, ésta ha sido una de las pocas veces que Christopher ha sido puesto contra la pared. Creo que ocurrió porque la pregunta fue una novedad para él, así que ha necesitado un momento para pensar sobre ello.

Cuando Christopher intenta responder a la pregunta “¿Según qué criterio?”, notad como introduce sutilmente la suposición que le estoy preguntando que demuestre. Dice que conoce ciertas realidades (morales) porque es un “primate superior”. Pero hay una palabra ahí que está cargada de valor – superior. ¿Superior según qué criterio? ¿Sobre qué estamos hablando?

Christopher preparó bien el siguiente cambio de palabras reconociendo que, como primates, tenemos un embrollo de instintos en conflicto. La respuesta que le ofrecí fue algo que aprendí la primera vez de C.S. Lewis. Si tengo dos instintos contradictorios y en competencia el uno con el otro, un enfoque evolutivo puede valer para cualquiera de estos instintos (pongamos como ejemplo la auto-preservación y la preservación de la manada). Pero el punto de vista evolutivo no puede justificar un tercer instinto que me diga cuál de los dos primeros instintos debería obedecer en este momento. No tengo un sentido “árbitro” que decida entre ellos.

Lo que sí tengo es una conciencia, que no puede ser justificada a parte de Dios. Christopher intenta ganar un “voto de conciencia” entre los estudiantes cuando hace la pregunta sobre el sufrimiento eterno. Pero no necesitamos un voto de conciencia. Necesitamos una justificación de por qué tenemos conciencias en primer lugar.

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Enlace al artículo original: By What Standard?

¿Puede la Ciencia Responder a Preguntas Fundamentales?

9 de julio de 2012 3 comentarios

Por Vern S. Poythress

“La ciencia ha proporcionado ahora respuestas a casi toda pregunta que el hombre puede formular. Sólo quedan unas cuantas preguntas, y son de carácter esotérico. ¿De dónde venimos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de la vida y el universo?”

Langdon estaba atónito. “¿Y estas son las preguntas que el CERN está intentando responder?”

“Corrección. Estas son las preguntas que estamos respondiendo”.

Maximilian Kohler, en Ángeles y Demonios, de Dan Brown.

¿Puede la ciencia responder a las preguntas esenciales? Maximilian Kohler, el personaje de Dan Brown, promete que sí puede. Pero una inspección más inquisitiva sobre la cultura y los métodos de la ciencia revelan limitaciones. La ciencia natural estudia materia y energía y fuerzas e interacciones en tiempo y espacio. En biología estudia la complejidad de las cosas vivas, pero sigue concentrándose en entender éstos en el marco de las fuerzas y materia y energía al fin y al cabo.

Materialismo

A este nivel, las explicaciones nunca pueden sobrepasar la decisión tomada en un comienzo de centrarse en cierto nivel de la estructura de nuestro mundo. Por el bien del progreso y entendimiento a un nivel (el físico-material), restringe su campo de visión a ese nivel. Deja fuera la conciencia, la personalidad humana, el bien y el mal moral, la belleza, la adoración.

Los materialistas estrictos creen que la materia y el movimiento es todo lo que hay o lo que puede haber alguna vez. Pero este es un postulado filosófico, no el producto inevitable del razonamiento científico. Si la ciencia se restringe deliberadamente a sí misma a la dimensión material, sus conclusiones hablarán necesariamente sobre la dimensión material. Las conclusiones pueden ser impresionantes y penetrantes. Pero es una falacia el pensar que éstas establecen que lo material es todo lo que hay. Esta falacia no tiene en cuenta la elección humana de un punto de partida restringido desde el principio.

Los creyentes en el materialismo pueden ser, sin embargo, devotados a su filosofía. Dada la confusión sobre dónde están introducidas furtivamente las asunciones materialistas, a mucha gente le parece que el materialismo gana prestigio por los triunfos y la perspicacia de la ciencia. Lo que es más, el materialismo puede satisfacer hasta cierto punto porque da respuestas a las grandes preguntas, o al menos dice que cierta clase de preguntas no pueden ser respondidas. Según el materialismo, nosotros mismos somos la consecuencia del azar de materia y movimiento. Hemos llegado a ser por el azar, y nuestro destino para el futuro es cuestión de azar.

¿Cuál es entonces el sentido de la vida? La mayoría de la gente quiere una respuesta en términos de propósito y sentido personal. El materialista afirma que no existe tal respuesta, sino que todo sentido se reduce a átomos y movimiento. Es una filosofía lúgubre y severa. Nadie puede vivir a ese nivel de manera consistente, porque ansiamos sentido, amor, belleza.

De modo paradójico, la belleza surge en la misma estructura de las leyes científicas, así también como en el mundo gobernado por estas leyes. Y el materialista no tiene explicación para las leyes en sí. ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Y por qué hay leyes? De hecho, las leyes reflejan el carácter de un Dios infinito. Nosotros como seres humanos estamos huyendo de Dios. Así que es espiritualmente “conveniente” olvidar las leyes y afirmar que la materia y el movimiento agotan la realidad. Nos quita de la posición en la que necesitaríamos enfrentar nuestra responsabilidad a Dios.

La Destrucción de los Dioses – ¿Ha dejado la ciencia obsoleta a Dios?

6 de julio de 2012 Deja un comentario

Por Vern S. Poythress

La ciencia ha demostrado ahora que estos dioses son ídolos falsos. Pronto todos los Dioses serán demostrados a ser ídolos falsos. La ciencia ha provisto respuestas a casi cualquier pregunta que el hombre puede hacerse.

Maximilian Kohler, en Ángeles y Demonios, de Dan Brown.

¿Ha dejado la ciencia obsoleto a Dios? El personaje de Dan Brown, Maximilian Kohler, arguye que por dar explicaciones racionales para la salida y puesta del sol, la ciencia ha hecho prescindible al dios griego Helios. En todos los campos, el crecimiento de la ciencia reduce la necesidad de postular las actividades de los dioses. Kohler expresa lo que hay en la mente de muchas personas en nuestros días.

Irónicamente, el surgimiento de la ciencia tuvo lugar en la dirección contraria a como lo pinta Kohler. Kohler sugiere que la ciencia ha destruido a los dioses. En realidad, la destrucción de los dioses ha creado una puerta abierta para la ciencia. ¿Cómo?

La religión politeísta de los griegos sostenía que había muchos dioses. Había tantos planes divinos y tantos propósitos como dioses. Y como los dioses interactuaban en manera caótica, la gente no tenía garantías de que el mundo fuera a presentar un orden estable. La religión griega desalentó cualquier esperanza por una exploración científica de un orden racional.

La ciencia moderna surgió en el contexto del monoteísmo cristiano, que quitó a los dioses griegos y dio confianza a científicos potenciales por medio de tres principios fundamentales:

  1. Un Dios racional controla todas las cosas (Génesis 1:1, Salmo 33:6), así que podemos esperar un orden universal.
  2. Dios ha hecho al hombre en su imagen (Génesis 1:26-27), así que el hombre es naturalmente afino a la mente de Dios y tiene esperanza de comprender el orden que Dios ha dado.
  3. El mundo que Dios ha hecho no es divino, con lo cual está abierto a la investigación humana.

De hecho, la palabra de Dios es la base de la ley científica. Según Génesis 1, hablando, Dios ha especificado el orden normal para el sol y la luna y las estrellas, y el patrón para el crecimiento y reproducción de las plantas (Génesis 1:11, 14-15). Lo que los científicos llaman ley científica es de hecho su estimación de la ley de Dios, de la especificación de Dios, “que sea así”. Los científicos en su investigación están de hecho investigando la mente de Dios y siguiendo el rastro de Sus pensamientos* – aunque a su nivel humano limitado.

Los primeros científicos, como Copérnico e Isaac Newton, entendieron que estaban frente a la artesanía de Dios. El universo estaba construido por el Mejor y Más Ordenado Artesano de todos.

Cuán excelentemente bueno es el trabajo divino del Mejor y Más Grande Artista. (Copérnico, Sobre la revolución de las esferas celestes)

Él es eterno e infinito, omnipotente y omnisciente; esto es, su duración abarca desde la eternidad hasta la eternidad; su presencia desde el infinito hasta el infinito; gobierna todas las cosas, y conoce todas las cosas que son o que pueden ser hechas. … Y esto concierne a Dios; discutir sobre Aquel del que viene la apariencia de las cosas ciertamente pertenece a la Filosofía Natural.** (Isaac Newton, Principia Mathematica, 440-442 [503-505 en Gutenberg Project, n.tr.]).

De hecho, la ley científica expone los atributos de Dios mismo, como la omnipresencia (lo mismo en todos los lugares), inmutabilidad, inmaterialidad, invisibilidad, transcendencia (por encima de fenómenos particulares), inmanencia (sobre los particulares). Esta exposición confirma lo dicho en la Biblia:

Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. (Romanos 1:20)

Los científicos modernos a veces evaden el testimonio de Dios intentando pensar que las leyes que investigan son impersonales, una especie de mecanismo sin mente. Esta manera de pensar es una forma de idolatría, en el sentido que reemplaza al Dios verdadero con un sustituto. Como todos los sustitutos, tiene que ser suficientemente parecido al Dios verdadero para engañar a la gente. (Por ejemplo, supuestamente sigue garantizando orden.)

Pero los científicos siguen creyendo que las leyes son fundamentalmente racionales, y fundamentalmente capaces de ser expresados lingüísticamente, para que puedan ser descritos en lenguaje y pensamiento humano a través del discurso humano. La racionalidad y la habilidad del lenguaje complejo pertenecen a las personas, no a las rocas o plantas o gusanos. Los científicos claramente confían en el carácter personal de la ley. Al mismo tiempo, afirman que es impersonal. Es una afirmación conveniente, porque así podemos evitar la responsabilidad moral de Dios, quien es personal. Hay razones espirituales por las que es incómodo conocer la verdad, y por las que queremos evadirla.

Cristo vino en el mundo. En ese acto, Dios se convirtió en hombre, y vino a reconciliarnos a Sí mismo. Él mismo venció la barrera de nuestra rebelión, la que nos hace querer evadir la verdad sobre el Dios que es la mismísima base de la ley, y por consiguiente la base de la ciencia.

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*”Thinking God’s thoughts after Him”, es una frase de Kepler, para la que encuentro que una traducción literal no tendría sentido.

** He tenido problemas para entender la última frase, y no sé si es la traducción más acertada. Florian Cajori, en la traducción de Motte, en el apéndice del segundo volumen, The System of the World, explica que dicha frase es una justificación de por qué Newton trata sobre Dios en Principia: “Obtener una idea sobre Dios ‘a partir de la apariencia de las cosas, pertenece ciertamente a la Filosofía Natural’” (p. 669).