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Archive for 31 agosto 2012

Infierno, ¿inmerecido?

31 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Steve Hays.

¿Cómo puede ser justo el enviar gente al infierno cuando estos nunca han tenido la oportunidad de creer en Jesús?

Nadie va al infierno por no creer en Jesús. El no creer es un factor agravante. Pero los pecadores están ya perdidos. Rechazar el evangelio no es lo que les hace ser condenables.

En la teología cristiana, nadie puede ser salvo a menos que conozca y acepte el evangelio. Esto no quiere decir que nadie puede ser condenado a menos que conozca y rechace el evangelio. Más bien, el estar perdido es la condición por defecto de los pecadores. El estar perdido no es un resultado de despreciar el evangelio. Por el contrario, es porque los pecadores están perdidos en primer lugar por lo que desesperadamente necesitan ser salvados.

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Extracto de Common Objections to Christianity from Skeptics, pregunta 11.

Más artículos sobre el infierno en Desiring God, aquí.

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Por Qué Creo en Dios – Parte 2

29 de agosto de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la segunda parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Niñez

Para continuar, entonces, puedo recordar, cuando era niño, jugar en una caja de arena construida en una esquina del granero de paja. Desde ahí iba a través del establo hasta la casa. Construido también en el pajar, pero con las puertas estando abiertas hacia el establo, había una cama para el trabajador. ¡Cuánto quería el permiso de dormir ahí durante una noche! Y se me dio finalmente permiso. Freud era aún totalmente desconocido para mí, pero escuché hablar sobre fantasmas y “ancestros de la muerte”. Esa noche oí a las vacas tintineando sus cadenas. Sabía que eran vacas y que hacían mucho tintineo con sus cadenas, pero tras un rato no estaba muy seguro de si eran solo las vacas las que hacían los sonidos que escuché. ¿No había alguien ahí que andaba por el pasillo por detrás de las vacas y se acercaba a mi cama? Ya me habían enseñado a decir mis oraciones de por la tarde. Algunas de las palabras de dicha oración decían algo así como: “Señor, conviérteme, para que sea convertido”. Sin pensar en la paradoja, oré esa oración aquella noche como nunca antes había orado.

No puedo recordar haberles hablado a mi padre o a mi madre sobre mi aflicción. No habrían sido capaces de proveer el remedio moderno. La revista Psychology no les llegaba a casa – ¡ni siquiera The Ladies Home Journal! Aunque sé lo que habrían dicho. ¡Claro que no había fantasmas, y ciertamente no debería tener miedo, pues con cuerpo y alma pertenecía al Salvador que murió por mí en la Cruz y resucitó para que Su pueblo fuera salvo del infierno e ir al cielo! Tenía que orar con seriedad para que el Espíritu Santo me diera un nuevo corazón para que pudiera verdaderamente amar a Dios en vez de al pecado y a mí mismo.

¿Cómo sé que algo de este estilo me habrían dicho? Pues bien, esa era la clase de cosas de las que me hablaban cada cierto tiempo. O, más bien, esa era la clase de cosa que constituía la atmósfera de nuestra vida diaria. La nuestra no era en ningún sentido una familia pietista. No hubo ninguna gran explosión emocional en ninguna ocasión que yo pueda recordar. Había mucho hablar sobre recoger paja en verano y sobre cuidar de las vacas y de las ovejas en invierno, pero en torno a eso lo único que había era una atmósfera de profundo condicionamiento. Aunque no había precipitaciones tropicales de avivamientos, la relativa humedad era siempre muy alta. En cada comida la familia entera estaba presente. Había una oración de finalización así como al comienzo, y un capítulo de la Biblia se leía cada vez. La Biblia se leía desde Génesis hasta Apocalipsis. En el desayuno o en la cena, dependiendo del caso, escucharíamos sobre el Nuevo Testamento, o sobre “Los hijos de Gad, por familias: de Zefón, la familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la familia de los sunitas”. No afirmo haber entendido siempre el significado de todo ello. Mas del efecto total no puede haber duda. La Biblia se convirtió para mí, en todas sus partes, en cada sílaba, la misma Palabra de Dios. Aprendí que tenía que creer la historia de las Escrituras, y que la “fe” era un regalo de Dios.  Lo que ocurrió en el pasado, y particularmente lo que ocurrió en el pasado en Palestina, fue de suma importancia para mí. En resumen, fui criado en lo que el Dr. Joad llamaría “parroquialismo temporal y topográfico”. Fui “condicionado” a conciencia. ¡No podía no creer en Dios – en el Dios del cristianismo – en el Dios de la Biblia entera!

Viviendo cerca de la Biblioteca del Congreso, tú no estabas tan restringido. Tus padres eran muy iluminados en su visión religiosa. Te leyeron de alguna Biblia del Mundo en vez de la Biblia de Palestina. No, ciertamente, me corriges, no hicieron tal cosa. No querían atormentarte con temas religiosos en tus tempranos días. Ellos buscaron cultivar la “mente abierta” en su hijo.

¿Habremos de decir entonces que en mi vida temprana yo fui condicionado a creer en Dios, mientras que tú fuiste dejado a desarrollar libremente tus propios juicios según te placía? Pero eso difícilmente es así. Sabes tan bien como yo que cada niño está condicionado por su entorno. Tú fuiste tan a conciencia condicionado a no creer en Dios como yo lo fui a creer en Dios. Así que no nos llamemos nombres el uno al otro. Si tú quieres decir que la creencia fue colada por mi garganta, replicaré diciendo que la incredulidad fue colada por tu garganta. Esto nos deja preparados para nuestro argumento.

Por Qué Creo en Dios – Parte 1

27 de agosto de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la primera parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Las demás partes (unas diez en total) serán publicadas en los siguientes días]

¿Te has dado cuenta, no es así, de que recientemente ciertos científicos como el Dr. James Jeans y Sir Arthur Eddington, así como algunos filósofos sobresalientes como el Dr. C.E.M. Joad, han tenido una buena cantidad de cosas que decir sobre la religión y Dios? Los científicos Jeans y Eddington están listos para admitir que puede que haya algo de cierto en las declaraciones de los hombres que dicen haber tenido una experiencia con Dios, mientras que el filósofo Joad dice que “la prominencia del mal” prácticamente le ha convencido a considerar de nuevo el argumento de la existencia de Dios. Muy parecido al teólogo modernista Dr. Reinhold Niebhur quien habla sobre el pecado original, el filósofo Joad habla del mal como siendo imposible de erradicar de la mente humana.

Además, también, en ocasiones te has preguntado a ti mismo si la muerte lo termina todo. Has recordado, quizá, cómo Sócrates, el gran filósofo griego, luchó con este problema el día antes de beber de la copa con cicuta. ¿Hay algo de cierto, te preguntas, en la idea de un juicio después de la muerte? ¿Estoy totalmente seguro, dices, de que no es así? ¿Cómo sé que no hay Dios?

Resumidamente, como una persona inteligente, teniendo un sentido de la responsabilidad, te has preguntado de vez en cuando algunas preguntas sobre el fundamento de tu pensamiento y acción. Has investigado, o al menos te ha preocupado, lo que los filósofos llaman tu teoría de la realidad. Así que cuando te pido que pases una tarde de domingo conmigo discutiendo mis razones para creer en Dios, tengo la sensación de que estás básicamente interesado en lo que te estoy proponiendo para discusión.

Para hacer nuestra conversación más interesante, empecemos comparando notas en nuestro pasado. Esto encajará bien en nuestro plan, pues el debate concerniendo la herencia y el entorno es prominente en nuestro día. Puede que pienses que la única razón real que tengo para creer en Dios es el hecho de que he sido enseñado a creer en Dios cuando era un niño, pero yo sí afirmo que desde que he crecido he oído una declaración bastante total del argumento contra la creencia en Dios. Y es después de haber oído ese argumento cuando estoy más preparado que nunca para creer en Dios. Ahora, de hecho, siento que toda la historia y la civilización serían ininteligibles para mí si no fuera por mi creencia en Dios. Tan verdad es esto, que propongo argumentar que a menos que Dios esté detrás de todo, no puedes encontrar significado en nada. Ni siquiera puedo argumentar por la creencia en Él, sin haberle dado a Él por sentado. Argumentar sobre la existencia de Dios, defiendo, es como argumentar sobre el aire. Puedes afirmar que el aire existe, y yo que no existe. Pero mientras estamos debatiendo esta cosa, los dos estamos respirando el aire todo el tiempo. O, para usar otra ilustración, Dios es como el emplazamiento en el que tienen que estar las mismas armas que se supone que tienen que borrarlo de la existencia. Sin embargo si, después de escuchar brevemente mi historia, sigues pensando que todo es cuestión de herencia y entorno, no discreparé con demasiada violencia. Mi punto entero será que hay una armonía perfecta entre mi creencia como un niño y mi creencia como un hombre, simplemente porque Dios mismo es el entorno por el que mi vida temprana ha sido direccionada y por el que mi vida tardía lo ha hecho inteligible para mí.

El “Accidente del Nacimiento”

Se nos dice con frecuencia que mucho en nuestra vida depende del “accidente del nacimiento”. En tiempos antiguos se decía sobre algunos hombres que florecieron ya crecidos de la frente de los dioses. Eso, en cualquier caso, no es verdad a día de hoy. Aunque entiendo que la segunda mejor cosa te pasó a ti. Naciste, se me dice, en Washington, D.C., bajo la sombra de la Casa Blanca. Pues bien, yo nací en una casa con techo de paja y con un establo para vacas adjunto, en Holanda. Tú llevaste “zapatos de plata” y yo los llevé de madera.

¿Es esto realmente importante para nuestro propósito? No en particular, pero es importante que ninguno de nosotros dos ha nacido en Guadalcanal o Tombuctú. Ambos, quiero decir, hemos nacido en medio y bajo la influencia de la “Civilización cristiana”. Limitaremos nuestra discusión, pues, al “Dios del cristianismo”. Creo, mientras tú no crees o no estás seguro de que crees, en este tipo particular de Dios. Esto pondrá en buen rumbo nuestra conversación. Pues con seguridad no tiene sentido el hablar sobre la existencia de Dios, sin saber qué tipo de Dios es el que puede que exista o no.

Mucho entonces hemos ganado. Sabemos al menos en general qué tipo de Dios será el tema de nuestra conversación. Si ahora pudiéramos llegar a un acuerdo preliminar similar sobre el criterio o test por el que probar o falsar la existencia de Dios, podemos preceder. Tú, por supuesto, no esperas que te traiga a Dios aquí en la habitación para que lo puedas ver. Si fuera capaz de hacer esto, no sería el Dios del cristianismo. Todo lo que esperas que haga yo es hacer razonable para ti que creas en Dios. Y me gustaría responder brevemente diciendo que eso es exactamente lo que quiero hacer. Pero un pensamiento del momento me hace dudar. Si realmente no crees en Dios, entonces tú naturalmente no crees que eres su criatura. Yo, por el otro lado, quien sí creo en Dios también creo, naturalmente, que es razonable para la criatura de Dios el creer en Dios. Así que tan solo puedo comprometerme a demostrar que, aunque no te parezca razonable a ti, es razonable para ti, el creer en Dios.

Veo que te estás emocionando. Te sientes como un hombre que va a empezar una gran misión. Te das cuenta de que si vas a cambiar tu creencia sobre Dios, también tendrás que cambiar tu creencia sobre ti mismo. Y no estás muy preparado para eso. Bueno, puedes irte si quieres. Ciertamente no quiero ser grosero. Simplemente pensaba que como persona inteligente querrías oír el “otro lado” de la cuestión. Y después del todo no te estoy pidiendo que estés de acuerdo con lo que digo. Realmente no nos hemos puesto de acuerdo en lo que queremos decir por Dios más que de una manera general y formal. Así que tampoco tenemos que estar de acuerdo, a estas alturas, sobre el criterio o test sino en un modo general o formal. Podrías seguir mi argumento, simplemente por amor al argumento.

La Fe es Racionalidad

17 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Douglas Jones

…Se nos dice que la razón y la fe están en conflicto, que son dos medios contrarios para adquirir conocimiento. La razón, en este sentido largo, es el conjunto de reglas del pensamiento que deberíamos usar para evaluar y extender nuestras creencias, exiliando las absurdidades, contradicciones, y afirmaciones no fundamentadas. La fe, en contraste, es el rechazo de estas reglas más altas del pensamiento, para abrazar ciegamente los dictados de la autoridad y deleitarse en absurdidades. O así se cuenta la historia.

En consecuencia, los no cristianos a menudo acusan a los cristianos de irracionalidad por darle una posición a la fe, y muchos cristianos a menudo rechazan cualquier posición para la razón y hacen de la irracionalidad (“fe”, como ellos lo ven) el sello distintivo de la religión cristiana. Pero parece que estos puntos de vista son erróneos, y su equivocación común es que deforman la racionalidad.

¿Qué es la racionalidad? Muchas teorías tenemos a disposición. Por ejemplo, unos defienden que la racionalidad es elegir los mejores medios para un fin deseado. Pero esto rápidamente se convierte en algo inmanejable – podríamos hacer cualquier acción racional haciendo de ésta misma el fin deseado. Pienso que otra definición de la racionalidad ayuda más. Podemos llegar a un acuerdo más amplio si entendemos la racionalidad, en un sentido básico, como el conformarse las creencias y las acciones de alguien a las reglas más altas de la verdad. El aspecto de “conformarse” retiene la habilidad de excluir absurdidades, aquellas cosas que violan las reglas más altas de la verdad. El aspecto de “más altas” nos dirige en última instancia a aquellas normas que sirven como el tribunal de apelación final, aquellas que tienen derecho a veto sobre todas las demás reglas. El aspecto de “verdad” indica a la naturaleza del mundo, a la realidad y no nuestras imaginaciones. La realidad determina la racionalidad. Una persona racional es, entonces, la que vive de acuerdo a las reglas supremas de la verdad.

Cuando algún no cristiano afirma que sigue la “razón” y que rechaza la “fe”, su objetivo es obedecer las reglas de la verdad que gobiernan la realidad, puede que algo como las leyes de la lógica o los métodos científicos o algo así. Puede imaginarse que está haciendo algo completamente diferente a la persona devotada al Dios cristiano, pero en realidad, los dos siguen el mismo procedimiento. Ambos buscan obedecer las normas más altas de la verdad. La fe cristiana no nos pide actuar ciegamente, buscando ir en dirección contraria a la realidad. Busca seguir el mismo procedimiento que la persona devotada a la racionalidad, a pesar de que claramente estos dos apelan a criterios últimos contrarios.

Para ver esto mejor, consideremos el caso de Abraham, aquel anciano padre del judaísmo y del cristianismo. En la disputa tradicional sobre la razón y la fe, Abraham seguramente sería clasificado como un modelo de fe. La Biblia nos dice que Dios llamó a Abraham suyo y le prometió descendientes y una tierra, aunque Abraham era entonces falto de hijos, y las tierras estaban ocupadas por gente poderosa y hostil. Pero contrario a toda la evidencia preponderante de que no hay mucha probabilidad de descendientes si a ti mismo te falta un hijo, y contrario a toda la evidencia en contra a que un viejo hombre solitario venciera una hueste de armadas hostiles, Abraham creyó en el Señor (Génesis 15:6). Años después, cuando el Señor finalmente declaró el futuro embarazo de su mujer, aunque esta se acercaba a los cien años de vida, Abraham creyó, confiando en la promesa de Dios, contrario a las opiniones expertas de que las personas que han pasado del período de poder tener hijos pudieran tener hijos. Más tarde en la vida de Abraham, después del nacimiento de su durante mucho tiempo prometido hijo, Dios incluso le dirigió a Abraham a ir a una excursión para sacrificar a aquel mismo hijo, a Isaac. Pero en vez de ser “racional” así como unos lo entienden, explicándole a Dios que los cadáveres no hacen a uno un buen padre de muchos descendientes, Abraham tuvo fe, creyendo en la absurdidad de que Dios era capaz de resucitar a su hijo de entre los muertos para cumplir su promesa de los muchos descendientes.

En todo esto, Abraham demostró a ser un modelo de fe. Pero desde una perspectiva no cristiana, Abraham, en cada paso que daba, era extremadamente irracional y probablemente peligroso para la sociedad. (Los trabajadores sociales seguramente hubieran estado inquietos por esta pequeña excursión con Isaac.) Las conclusiones de Abraham seguramente serían opuestas con aquellas recomendadas por nuestra comunidad científica reconocida. Desde este punto de vista no cristiano, Abraham, como modelo de fe, es también un modelo de irracionalidad.

Pero dada la comprensión de la racionalidad discutida antes – conformar nuestros pensamientos y acciones a las reglas más altas de verdad – Abraham no fue irracional lo más mínimo. Si la cosmovisión de Abraham es correcta, entonces el Dios de Abraham reina como el criterio de verdad muy por encima de cualquier explicación ayudadora de los filósofos y científicos. En la realidad bíblica, no hay normas de pensamiento que estén sobre y por encima de las normas de la persona suprema de Dios. Más aún, si esta visión es correcta, entonces Abraham no es solo un modelo de fe sino también un modelo de racionalidad, un “racionalista” devotado, conformando su vida a las reglas más altas de verdad. Abraham hubiera sido estúpido y supremamente irracional para creer lo contrario de la promesa de Dios.

Así que, al final, la supuesta hostilidad entre la razón y la fe se disuelve de manera interesante. La fe y la razón no son enemigas, sino idénticas. Ambas buscan conformarse a las normas más altas de verdad. Y, como ya hemos visto antes, aunque los no cristianos profesan obedecer sus propias supuestas normas de verdad, ninguno de ellos lo hacen fielmente. Todos actúan como si la visión cristiana de la realidad es verdadera, mientras lo niegan. Esa es la verdadera irracionalidad. Esa es verdadera fe ciega. En marcado contraste, el cristianismo rechaza la fe ciega y nos llama a arrodillarnos delate del Dios cristiano, del Dios de Abraham, Isaac, y José – el criterio supremo del pensamiento y de la vida, a quien toda persona racional debería conformarse.

Extracto de Why and What: A Brief Introduction to Christianity.

¿Es el Diseño Inteligente ciencia?

9 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por John Frame

El “Diseño Inteligente” (a lo largo del artículo, DI) es la visión de que el universo ofrece evidencia de ser el producto de un diseñador inteligente. Como tal, es una visión muy antigua. Ciertamente esta fue la posición de los escritores bíblicos (Salmo 19:1, Rom. 1:18-20). Históricamente, muchos han articulado esta posición por medio del “argumento teleológico”: cuando seres no inteligentes actúan para un propósito, tienen que estar bajo el control de una inteligencia personal.

Durante los últimos 150 años o así, el centro de atención ha estado en la teleología como opuesta a la evolución atea. Muchos como B.B. Warfield aceptaron la evolución en sus líneas generales, pero insistieron en que el proceso evolutivo tuvo que haber estado dirigido por un Dios personal. Otros, como el Institute for Creation Research, argumentaron que la evolución, como se concibe normalmente, no ha ocurrido para nada. En su punto de vista, la tierra tiene tan solo alrededor de 10.000 años, y el registro de fósiles puede ser explicado por el diluvio de Noé. Aunque el ICR ha sido acusado de imponer a la naturaleza una visión derivada de la Biblia, ellos han contestado que no, que sus argumentos están fundamentados solo en la ciencia.

Hoy día, sin embargo, DI se refiere a un movimiento específico que se hizo famoso con la publicación en 1991 del libro de Phillip Johnson, Proceso a Darwin (Darwin on Trial). Johnson es cristiano y profesor de derecho en la Universidad de California, Berkeley. Otros miembros prominentes del movimiento son Michael Behe y William Dembski. Behe y Dembski son científicos. Johnson no lo es, pero como abogado tiene una habilidad considerable para criticar argumentos, y ha usado tal habilidad de manera impresionante para desacreditar teorías darwinistas.

A diferencia del ICR, el grupo de DI no argumenta a favor de una tierra joven o a favor de la geología del diluvio. Están dispuestas a aceptar la secuencia cronológica de las formas de vida más o menos como los evolucionistas lo presentan. Pero el evolucionismo de hoy día (“neo-darwinismo”, como es a veces llamado) argumenta que las fuerzas naturales (principalmente la selección natural y la mutación genética) son suficientes para justificar todos los seres vivos; no es necesario invocar a Dios. Este es el problema específico entre el neo-darwinismo y el DI.

Como crítica de la evolución, el DI ha atraído más apoyo que el ICR y demás, hasta entre los científicos, mientras que el apoyo de estos sigue siendo razonablemente poco. Muchos filósofos de la ciencia cristianos han aplaudido su trabajo.

Así que ha emergido la pregunta de si el DI tendría que ser impartido a estudiantes. Los desarrollos que siguieron al proceso de Scopes en 1925 establecieron la enseñanza de la evolución en los colegios públicos. Casi nadie hoy busca excluir la enseñanza de la evolución en los colegios. Hasta los creacionistas cristianos, en su totalidad, reconocen que los estudiantes deberían conocer lo que es la teoría de la evolución, ya que se ha convertido en la visión dominante de los biólogos y geólogos. Pero la pregunta ahora es si el DI debería ser enseñado al lado de la evolución como una visión alternativa.

Para la mayor parte, la situación legal no ha ido bien para el DI. Los juzgados han establecido que porque es “religión”, no “ciencia”, no tiene lugar en un currículum científico. Aún más, enseñar DI, algunos arguyen, es violar el principio de la “separación entre iglesia y estado”.

Mantengo un punto de vista originalista sobre el tema iglesia/estado. La Constitución de los Estados Unidos no dice nada sobre un “muro de separación” entre iglesia y estado. Tan solo prohíbe al Congreso establecer una iglesia nacional. Cuando la Constitución fue escrita, bastantes estados tenían iglesias establecidas. Parte de la intención de la Constitución fue el  dar libertad a los estados sobre este tema. Ciertamente ninguno de los fundadores intentó abolir todo el apoyo a la religión por parte del gobierno. Sin embargo, mi punto de vista es diferente al aprobado por las cortes. Probablemente la cuestión de la enseñanza del DI no vaya a ser resuelto por una reconsideración de la relación entre la iglesia y el estado.

Pero más cosas deberían ser dichas sobre la relación entre la religión y la ciencia. ¿Es el DI religión, más que ciencia? En mi juicio, la religión y la ciencia no son tan fácilmente separados, por razones como las siguientes:

1. La ciencia es religiosa. Muchos escritores (Kuyper, Dooyeweerd, Clouser, Van Til, Polanyi, Kuhn, Hanson, Poythress) han ofrecido una fuerte defensa argumentando que la ciencia no es neutral en lo religioso. En el nivel más obvio, la ciencia presupone muchas cosas que no puede demostrar, sino que las toma por fe: la uniformidad de la naturaleza, la correspondencia del pensamiento con la realidad, la universalidad de las leyes físicas, los valores requeridos para una búsqueda honesta de la verdad. Ciertamente, sus ideas y metodología presuponen el teísmo cristiano, aunque no todos están dispuestos a admitirlo.

A pesar de la incertidumbre de gran parte de la ciencia, hay un sentido en el que la ciencia, como la religión, impone “ortodoxia” en sus participantes. Tal como indica Kuhn, los grupos de investigación crean comunidades de científicos, y si alguien quiere entrar en dicha comunidad no debe desviarse de los paradigmas estándares. Ciertamente algo como esto ha pasado entre los neo-darwinistas. Así que hay una fuerte analogía entre la ciencia y la religión que ha sido pasado por alto en gran parte de la discusión.

2. La ciencia es más que observación y experimento. Como indican muchos de los científicos mencionados antes, los científicos no recogen datos simplemente. También proponen hipótesis para la investigación. Después tienen que deducir consecuencias a partir de estas hipótesis. La observación y el experimento buscan estas consecuencias para verificar o falsar una hipótesis. Pero la hipótesis en sí no es necesariamente el resultado de observación o experimentación. Einstein, por ejemplo, no desarrolló sus teorías de la relatividad en base de la observación o del experimento. Sus ideas más bien vinieron inicialmente de “experimentos de pensamiento”, imaginando cómo es probable que sean las cosas. Muchas de sus hipótesis han sido después verificadas por observación y experimento. Einstein no fue un científico experimental. Pero nadie negaría que fue un científico de primera clase.

El trabajo científico es, entonces, no solo observacional y experimental, sino también imaginativo y lógico. El científico debe usar su imaginación para determinar hipótesis significantes, y su lógica para determinar qué conllevaría verificar o falsar estas hipótesis y si un experimento ciertamente lo ha verificado o falsado.

La gente a menudo se queja de que el DI no es ciencia, porque no está basado en observación y experimento. Este cargo es falso, porque los defensores del DI se basan en investigaciones hechas por otros. Y algunos escritores del DI como Behe han hecho y publicado no poca investigación. (Otros escritores del DI han hecho lo mismo, pero han tenido problemas al publicar sus hallazgos por culpa del prejuicio, afirman.)

Pero la contribución principal del DI a la discusión es lógica: evaluar lo que se requiere para verificar la teoría evolutiva, juzgar si las pruebas lo corroboran, y si no, qué cambios hay que hacerle a la teoría evolutiva para hacerla creíble. El DI primariamente interpreta datos, más que acumularlos. Pero esto no hace al DI no científico.

La mayoría del neodarwinismo de hoy día es anti-teísta. Los neo-darwinistas creen que han establecido un fundamento naturalista para el origen y el desarrollo de la vida. El DI niega que hayan establecido esto y trae pruebas para demostrar lo contrario. ¿Por qué debería la negación del teísmo ser considerado ciencia, mientras que la afirmación de esto es considerado “religión”? No es menos científico deducir el diseño inteligente a partir de los datos que deducir un origen no inteligente.

Así que el darwinismo, en algunos sentidos, es religioso, y el DI científico.

3. La ciencia debe estar abierta a toda verdad. Incluso si la ciencia y la religión pudieran ser distinguidas con precisión, y niego esto, es importante entender qué es lo que está implicado en la “transparencia” de la ciencia a la verdad. Imaginémonos que la Biblia es la palabra de Dios inerrante, y que en ese libro Dios habla sobre algunas cosas importantes para la ciencia. En la discusión actual, esta posibilidad sería descartada como invasión de la religión a la ciencia. Pero, sean las Escrituras religión o ciencia, sus creyentes afirman al menos que es una fuente de verdad. Si es una fuente de verdad, ¿cómo pueden los científicos justificar el ignorarla o negarla?

Desde luego, muchos científicos niegan que la Biblia sea la palabra inerrante de Dios. Pero si lo es, esos científicos están excluyendo algo importante, como si descuidaran datos importantes en el estudio de los efectos de una droga. Así que la pregunta de si la Biblia es verdadera es una pregunta importante para la ciencia, así como para todos los demás estudios.

El DI sostiene que sus aserciones no están fundamentadas en la Biblia, aunque la mayoría de los adeptos al DI son cristianos. Me es difícil imaginar que harían las afirmaciones que hacen si no fueran cristianos. Pero eso es irrelevante. Para establecer el carácter científico de las aserciones de uno, no es necesario probar que no vienen de una autoridad religiosa. Como creo que la Biblia es verdadera, pienso que la dependencia en la Biblia (bien interpretada) sería un argumento a favor del DI, más que en su contra. El intento de los escritores del DI de distanciarse de la Biblia es, creo, un expediente para evitar ciertas objeciones populares, más que una posición necesaria para una ciencia de bona fide.

Concluyo que el DI es tan científico, y tan religioso, como el neo-darwinismo. Y como tal debería serle dada una posición de paridad con el darwinismo en los colegios. Esto no es probable que ocurra pronto, por el homenaje de las cortes a una separación precisa entre la religión y la ciencia, y por una doctrina ilegítima de la iglesia y el estado. Pero en los méritos intrínsecos del caso, las dos posiciones deberían ser enseñadas al menos lado a lado.

Los colegios típicamente afirman estar abiertos a todos los puntos de vista significantes. Los estudiantes aprenden a ser críticos al estar expuestos a diferentes posiciones para las evaluaciones. Ninguna teoría humana es infalible. Errores pueden ser encontrados tanto en los escritos de los neo-darwinistas como de los que defienden el DI. Exponer a los niños solo a la posición neo-darwinista, y hacer la (para mí fantástica) afirmación de que es “hecho, no teoría” es privarlos de una oportunidad seria de pensamiento crítico y empobrecer su educación. Ese tipo de dogmatismo es, para mí, la prueba final de que el evolucionismo es tanto religión como ciencia. Los que niegan la ortodoxia, como los escritores del DI, están por esa misma negación haciendo una contribución substancial a la ciencia.

Dawkins, Dudosos, y Libertinaje

4 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Scott Oliphint

Resumen del incidente: Rebecca Watson, “Skepchick”, tras hablar en una conferencia en Dublín, fue invitada por un hombre, a las cuatro de la mañana en un ascensor, a tomar el café en su habitación del hotel. La señorita Watson dio por supuesto que el hombre no la invitaba a tomar café, sino que la invitaba a “tomar café”. Pueden encontrar una explicación más amplia, en inglés, aquí.

Richard Dawkins, quien podría decirse que es el dios (no existente) de todas las cosas ateas, se ha encontrado a sí mismo en el lado malo de un bate de béisbol verbal. La historia misma salpica tanta ironía que es imposible no mojarse mientras lo lees. Para resumirlo: en una conferencia de escépticos, una de las líderes “dudosas” se vio con una proposición deshonesta en un ascensor a las 4 a.m. Como es nuestra costumbre (pos)moderna, lo primero que uno hace cuando tamaño trauma ocurre es escribir en el blog sobre ello.

El blog, sin embargo, no se topó con simpatía universal. Particularmente, no consiguió cosechar la empatía emocional de Dawkins. En un comentario en el incidente de la “Escéptica Libertina”, Dawkins usó la queja del blog de la Escéptica Suprema para intentar una diatriba taxonómica de tragedias mundiales. Dada la mutilación de las mujeres musulmanas, comentó Dawkins, una simple proposición deshonesta en un ascensor a las 4 de la mañana parece una queja relativamente insignificante y leve.

Pero Dawkins mordió más escepticismo con tales comentarios de lo que su estómago ateo podía digerir. Hasta después de una disculpa seguida de una disculpa a los escépticos, Dawkins estaba mal preparado para la ira que el régimen racionalista dejó caer sobre él. La virulencia no tuvo cuartel, y Dawkins vio su propia condición de dios en serias dudas. Simplemente no podía entender cómo su priorización de las malas acciones pudo haber causado tanta consternación cáustica.  Particularmente interesante para mí fue el comentario que concluyó el artículo sobre la discusión de los Escépticos vs. Dawkins: “Esto son los escépticos”, dijo una escritora, “Racionales sobre todo excepto sobre ellos mismos, la auto-preservación, y los modales”.

Estos escépticos se enorgullecen sobre su dedicación a la racionalidad y al razonamiento basado en evidencia. Sin embargo, lo que debería ser perfectamente claro en este escándalo es que “ser racional” es insuficiente para tratar con cosas como ofensas personales, preservación humana, y cualquier afirmación o creencia con un “deberías” implícito. Para ser más específico, “ser racional” no provee ninguna ayuda o información a alguien que ha recibido una proposición deshonesta en un ascensor. La mujer a la que le pasó esto, y quien, en su blog, se llama a sí misma “Skepchick”, dio por sentado que la mera mención de su difícil situación en el blog haría que las tropas racionalistas se congregaran con respuestas apropiadas y racionalistas. Pero Dawkins se atrevió a comparar el susto de Skepchick con la mutilación musulmana e implicar después una ecuación (arbitraria) de equivalencia moral. Lo que Dawkins descubrió fue que tal ecuación no puede calcularse por Skepchick y sus partidarios. ¿Cómo puede ser, podríamos preguntar, que tantos comprometidos a nada más que a ser racionales y a las evidencias se puedan encontrar en medio de tanta confusión?

Este puede ser un buen lugar para presentar una táctica apologética que a veces es útil. El uso de los argumentos así llamados ad hominem (literalmente, “al hombre”) son generalmente considerados falaces. No está en duda que tales argumentos pueden ser falaces, pero tampoco se pone en duda que las falacias lógicas no son falacias en todos los casos. Un argumento ad hominem, cuando se usa en una manera falaz, es un ataque al carácter de una persona más que una respuesta al argumento de tal persona. Es, resumidamente, asesinato del carácter. En una atmósfera política cargada como la estamos aguantando ahora mismo en los Estados Unidos, tales argumentos abundan.

Un argumento ad hominem que no es falaz es aquel en el cual la posición de una persona está puesta en duda basado en lo que dicha persona afirma. Es un argumento ad hominem porque apunta a las creencias del contendiente; busca cuestionar la consistencia de lo que uno cree, arguye, o mantiene, en vista de las otras creencias o argumentos que afirma sostener.

Así, podríamos preguntar, ¿qué es lo que, en la respuesta de Dawkins, ha violado la base racional o de evidencia de los escépticos? Dawkins quiso defender que la mutilación musulmana de las mujeres tiene un nivel de maldad con la cual una invitación a un café en un ascensor a las 4 a.m. puede difícilmente ser comparado. ¿Es este un argumento irracional? Si lo es, entonces Skepchick puede que haya provisto la ley de razonamiento que Dawkins ha violado. ¿Viola esto un compromiso al evidencialismo? Si es así, entonces hubiera sido muy conveniente dejar claro cómo estos principios de la evidencia han sido infringidos en el argumento de Dawkins.

Por supuesto, la verdad es que la verdad transciende lo racional y lo evidencial. Hay algo funcionando en el argumento de Dawkins y en la respuesta de Skepchick que va más allá de sus compromisos básicos. Skepchick (más bien inconscientemente) se dio también cuenta de esto y así, de manera predecible, atribuyó la insensibilidad de Dawkins a aquellas cosas que están más allá de su control, y que, al menos según ella, motivan todo lo que él dice y hace; localizó el carácter obtuso de la conversación en el sexo, raza y edad de Dawkins. La interrogación ad hominem que hay que hacerle aquí es qué hay sobre el sexo, la raza y la edad que viola la racionalidad o el razonamiento evidencial.

Ninguna respuesta legítima puede salir de tal pregunta porque ninguna lo es. Uno buscaría la plétora de los libros de texto de filosofía en vano si lo que se desea es el descubrimiento de una ley racional que vindicaría a Skepchick y a sus seguidores. Ella tiene que moverse más allá de su propia cosmovisión para presentar su lamento contra Dawkins. Ella estaba, conscientemente o no, dependiendo de principios que no se comportaban con sus supuestas nociones básicas de lo racional y lo evidencial.

Hay, entonces, fuerzas profundas e inviolables que accionan en este debate, fuerzas que van mucho más allá de la racionalidad y la evidencia. Para Dawkins, obviamente hay una escala del mal – lo que se les hace a las mujeres musulmanas está mucho más mal de lo que se le hizo a Skepchick. Para Skepchick, hay un código de moralidad que tiene que ser tomado con toda seriedad cuando es ella la víctima. Así, tal como dice el artículo, no parece haber un compromiso racional o evidencial común entre Dawkins y Skepchick a la hora de hablar de sus vidas personales, de la manera en la que deberían accionar, y qué es lo que constituye un comportamiento aceptable entre las personas.

Esto es inevitable. Como hemos visto en los artículos anteriores, cualquiera que decide basar su vida en otra cosa que no sea la Señoría de Cristo, y todo lo que su Señoría conlleva, descubrirá que cualquier base que cree que le mantiene está, en realidad, aunque sea a veces lenta e imperceptiblemente, haciéndose pedazos debajo suyo. He aquí el argumento ad hominem. El supuesto fundamento básico que han elegido no puede aguantar el peso de la vida real en el mundo de Dios, como criaturas de Dios. Es completamente impotente y así no puede empezar a conseguir el trabajo que le ha sido asignado.

El artículo es útil en que deja descubierto, en una manera tangible de la vida real, qué es lo que quiere decir cuando afirmamos que los ateos (escépticos incluidos) no pueden, en la base de su propia cosmovisión, hacer una juicio correcto sobre temas morales. El argumento de Dawkins puede tener sentido; ciertamente parece ser verdadero que la mutilación de las mujeres es más serio que un hombre le pida a una mujer tomar un café, incluso si la propuesta es a las cuatro de la mañana en un ascensor. Pero para hacer dicha evaluación, tiene que haber también un entendimiento convincente de qué y quiénes somos (esto es, la imagen de Dios), y simplemente por qué y cómo es que  tales cosas constituyen una maldad real y no meramente subjetiva (esto es, porque Dios, como único y último bien, determina qué cosas están mal y cuáles no). Skepchick formalmente estaba en lo correcto al apuntar a los aspectos inalterables e involuntarios del carácter de Dawkins. Pero no era su sexo, raza o edad lo que le motivó en su juicio. Más bien, contrario a sus compromisos reconocidos públicamente, Dawkins puede hacer su priorización del mal porque conoce, en lo hondo, que las personas son más que unas leyes racionales y unos compuestos racionales. Tiene características que transcienden su pensamiento y su constitución; son la imagen de Dios.

Dawkins no lo plantearía de este modo, por supuesto. No podría hacer eso sin un sano compromiso a arrepentirse de todo lo que ha mantenido hasta ahora. Pero es ese arrepentimiento, y sólo esto, lo que puede resolver la tensión entre Dawkins y Skepchick. Es, para no andarse con rodeos, solo en arrepentimiento que les dará tanto a Dawkins como a Skepchick lo que necesitan desesperadamente – una manera convincente y coherente de entenderse “a ellos mismos, la auto-preservación, y los modales”. La solución con la Escéptica Libertina es, como en todos los demás problemas, venir a Cristo, santificarlo como Señor. La verdad, nada podría ser más racional que eso.

Las falacias de El Código Da Vinci

1 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Joseph R. Nally

Como ex investigador de homicidios, me gusta un buen misterio – sobre todo misterios sobre asesinatos. Las novelas de ficción normalmente desarrollan la posición de un detective más bien glamurosamente. Uno ve un estilo de vida emocionante y una investigación intrigante, pero no el papeleo y el aburrimiento del día a día de un detective real. El Código Da Vinci es este tipo de libro de ficción. Es un thriller interesante y entretenido. Una vez que empiezas a leer el libro no querrás soltarlo de tus manos.

Dan Brown entrelaza el misterio de un asesinato en una conspiración. Mientras la historia se desarrolla, uno descubre que este libro no es un thriller político, sino más bien una tapadera religiosa. Entre las así llamadas tapaderas se encuentran:

  1. Jesús estuvo casado con María Magdalena.
  2. Jesús tuvo un hijo.

Lo impresionante es que aunque la cubierta del libro diga que es una “novela”, Dan Brown mismo afirma que es factual. Richard Abanes dice,

Sólo Dan Brown mismo ha hecho afirmaciones más explícitas sobre la factibilidad de su libro. Por ejemplo, la primera página de la novela dice: “HECHO… Todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos, y secretos rituales de esta novela son precisos”. Consideren, también, el siguiente comentario hecho por Brown durante una entrevista, en la que pinta su obra como mucho más factual que ficticia:

<<Una de las muchas cualidades que hacen únicas a El Código Da Vinci es la naturaleza factual de la historia. Toda la historia, arte, documentos antiguos, y rituales secretos en la novela son precisos – así como lo son los códigos secretos revelados en algunos de los cuadros más famosos de Da Vinci.>>

Sin embargo, cualquier fiscal que mire a los así llamados hechos de Dan Brown no procedería a juicio, sino que probablemente arrestaría a Brown por dar falso testimonio a un gran jurado. Cualquier juez miraría al caso presentado en El Código Da Vinci y simplemente lo lanzaría fuera de la sala como ficticio, irracional, y no confiable como historia. ¿Por qué?

Este artículo analizará brevemente algunos de los así llamados hechos  de Brown que revelan que el libro no es solamente no histórico, sino pura ficción. Dada la longitud de este artículo, no será en ningún modo completo; sin embargo descubrirá al lector suficiente información para que pueda hacer una decisión racional sobre las afirmaciones de Dan Brown y de El Código Da Vinci.

¿Dónde están los hechos, Brown, dónde están los hechos?

Como mi viejo amigo el sargento Joe Friday en Dragnet solía decir: “Sólo los hechos, señora, solo los hechos”. Podríamos también preguntarle a Dan Brown, “¿Dónde están los hechos, Brown, dónde están los hechos?”

Brown sostiene:

La Biblia, tal como la conocemos hoy, fue recopilada por el emperador romano Constantino… Él fue un pagano toda su vida y fue bautizado en su lecho de muerte, demasiado débil como para protestar.

¿Es esto hecho o ficción? Constantino no fue pagano toda su vida. Kurian afirma,

En 313 él y Licinio, el emperador del Imperio del Este, proclamaron el Edicto de Milán, dando una toleración total y legal al Cristianismo. En 330 fundó Constantinopla como una segunda Roma. Fue bautizado poco antes de su muerte y fue enterrado entre los apóstoles en la basílica que fundó en su honor en Constantinopla. Se vio a sí mismo como un siervo de Dios y, con su madre, Helena, es reverenciado en la Iglesia del Este como uno de las grandes figuras en la historia cristiana.

La historia sí registra que Constantino fue bautizado en su lecho de muerte, pero no en contra de su voluntad. ¿Por qué esperó Constantino hasta antes de morir para ser bautizado? Porque la tradición Católica, en esa época, enseñaba que el bautismo literalmente lavaba todos los pecados hechos anteriormente. Así, una persona podía ir desde esta vida a la próxima sin estar en el purgatorio, porque sus pecados eran literalmente lavados. Fue, de hecho, relativamente común para los cristianos posponer el bautismo hasta el final de sus vidas. Así, las afirmaciones de Brown concernientes a Constantino son históricamente establecidas como falsas.

¿Qué hay de la visión de Brown sobre el canon de la Biblia? El Código Da Vinci declara que las escrituras Cristianas “evolucionaron a través de innumerables traducciones, adiciones, y revisiones. La historia nunca ha tenido una versión definitiva del libro”. Brown va más lejos y literalmente afirma que a la Biblia Protestante le faltan libros que corroboran sus declaraciones. Dice que Constantino

Comisionó y financió una nueva Biblia, que omitió aquellos evangelios que hablaban sobre las características humanas de Cristo y estableció aquellos evangelios que lo deificaban. Los evangelios más tempranos fueron proscritos, juntados, y quemados.

Sin embargo, la Biblia está inspirada por Dios (2 Tim. 3:16; 1 Pedro 1:20-21). Lo que es más, la iglesia siempre ha tenido un canon de las escrituras. B.B. Warfield declara,

La iglesia no ha crecido por una ley natural: ha sido fundada. Y los maestros autoritarios enviados por Cristo para fundar Su iglesia llevaron con ellos, como su más preciada posesión, un cuerpo de Escrituras divinas, que impusieron a la iglesia que fundaron como su código de ley. Ningún lector del Nuevo Testamento puede necesitar una prueba de esto; en cada página de este libro está difundida la evidencia que, desde el mismo comienzo, el Antiguo Testamento fue tan cordialmente reconocido como ley por el cristiano así como para el judío. La iglesia Cristiana nunca estuvo sin una “biblia” o sin un “canon”.

R.C. Sproul explica los comentarios de B.B. Warfield diciendo, “El punto de Warfield de que la iglesia fue fundada llama la atención al hecho de que la iglesia tuvo un fundador y un fundamento. El fundador fue Cristo”. Así, el canon de las Escrituras no fue tan solo un conglomerado apresurado de material, según la opinión de alguien. Como con Calvino, quien creyó que la Biblia derivaba su autoridad de Dios y no de la iglesia, las Escrituras derivaron de la soberanía de Dios y no por un simple hombre o grupo de hombres. La iglesia no inventa escrituras, sino más bien las acepta y se rinde ante una autoridad que ya está ahí.

La iglesia temprana sí que prohibió unos cuantos libros de la Biblia. Fueron prohibidos porque fueron descubiertos a ser pseudo-epigráficos – escritos fraudulentos que la iglesia temprana miró como cuentos incubados en imaginaciones fértiles. Así como Origen (185 – 254 d.C.) dijo sobre estos escritos,

“Muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”. La Iglesia posee cuatro Evangelios, y muchos heréticos, de los cuales uno es llamado El Evangelio según los Egipcios, y otro, El Evangelio según los Doce Apóstoles. Basilito también ha presumido de haber escrito un evangelio, pero solo cuatro Evangelios son reconocidos. De estos las doctrinas concernientes a la persona de nuestro Señor y Salvador han de ser sacadas. Conozco cierto evangelio  llamado El Evangelio según Tomás, y un Evangelio según Matías, y muchos otros hemos leído – para que no se nos considere ignorantes por parte de aquellos que se imaginan que poseen algún tipo de conocimiento si están familiarizados con estos. Sin embargo, entre todos estos tenemos aprobados solamente lo que la Iglesia ha reconocido, por lo que tan solo los cuatro Evangelios deberían ser aceptados.

Justino Mártir se refirió a los evangelios como “las memorias que, digo, fueron redactados por sus apóstoles y por aquellos que los siguieron (Diálogo con Trifo 103:19)”. Así como atesta la historia, el único evangelio está expresado en solo cuatro Evangelios.

Hasta aquí, nuestra acusación a Dan Brown tiene dos informes históricos en contra suyo. No obstante, esto ni siquiera empieza a dejar exhaustos el número de errores que acepta. Brown declara, “Un tema particularmente problemático seguía repitiéndose en los evangelios. María Magdalena… más específicamente, su matrimonio con Jesucristo”. Brown arguye que Jesús estuvo casado basándose en dos consideraciones primarias: (1) Jesús besó a María en la boca de acuerdo a los evangelios gnósticos, y (2) que no era judío el no casarse.

Si uno investiga los contenidos de los evangelios gnósticos en Nag Hammadi Library, no hay ninguna referencia a tal matrimonio. Además, no hay ninguna referencia a este presunto matrimonio en el Evangelio según María. Aunque discrepen mucho en otros temas, los liberales y los conservativos aceptan igualmente que Jesús fue soltero,  ¡no casado! Sin embargo, incluso si Jesús hubiera estado casado, esto no afectaría de ningún modo su divinidad. Como humano, Jesús pudo haber estado casado y haber tenido un hijo y esto hubiera reflejado su completa humanidad y no le restaría a su completa divinidad. Así, incluso si Jesús hubiera estado casado y tenido un hijo no hubiera habido ninguna razón para esconderlo.

Como he dicho más arriba, Brown sostiene que, porque Jesús fue un judío y/o rabino, tuvo que estar casado. Esta acusación no tiene crédito. Jesús no fue técnicamente un rabino. Es por esto por lo que los judíos le preguntaron que con qué autoridad enseñaba (Marcos 11:28). Sus discípulos lo llamaban “Rabí” porque era su maestro, no porque tuviera una posición oficial. Segundo, según Bock, “Las enseñanzas de Jesús sobre el llamado del Reino a ser eunucos parece estar basado en su compromiso y ejemplo de no estar casado (Mat. 19:10-12)”. Los esenios parecen llegar a esta conclusión. Josefo (37 -100 d.C.) declara sobre los Esenios:

Merece también nuestra admiración el cuánto superan a todos los demás hombres que buscan la virtud, y esto en justicia; y ciertamente hasta tal punto, como nunca se ha dado entre ningún otro pueblo, ni griegos ni bárbaros, no, ni por un corto tiempo, y así ha permanecido por un largo período con ellos.

Jesús no estuvo casado; ni tenía necesidad de estarlo.

¿Qué hay del hombre que dijo, “La verdad en un final no puede ser escondida”? ¿Quién fue este hombre? Leonardo da Vinci (1452-1519). ¿Por qué un hombre que supuestamente es un Gran maestre del Priorato de Sión, al que se le ha confiado guardar el secreto de los secretos, habría pintado a María Magdalena en La Última Cena? ¿No estaría así divulgando en secreto que se le ha confiado? Nos encontramos aquí frente a un dilema: o Leonardo mintió diciendo “La verdad en un final no puede ser escondida”, porque intentó esconder la verdad a través de su cuadro, o bien estaba siendo infiel a su alegado juramento al Priorato de Sión. Claramente hay otra opción: Dan Brown escribe ficción, no hechos. Y esta es la verdad, pues el Priorato de Sión fue fundado por Pierre Plantard muchos años después de la muerte de da Vinci. Así, da Vinci no pudo ser su Gran Maestre, ¿y entonces qué motivo habría tenido para esconder nada?

Conclusión

Podríamos preguntar otras muchas cuestiones investigativas aquí sobre el grial, el Priorato de Sión, los caballeros templarios, pero todos conducen a la misma conclusión – ¡no hay ninguna evidencia substancial válida para confirmar las declaraciones de Dan Brown! Aunque no sabemos los motivos exactos por los que Dan Brown escribió este libro, sí sabemos la voz de aquel que lo inspiró – la del diablo mismo. La iglesia no debería estar desalentada por el intento de Brown de quitarle crédito. Ya ha sido intentado anteriormente. No obstante, cualquier investigación llevada a cabo por un coroner verá que El Código Da Vinci sufrió muchas muertes en su investigación inicial. Una autopsia del así llamado cuerpo de verdad tan solo revela la realidad de que está lleno de órganos cancerígenos – esto es, errores históricos y teológicos. El informe final del coroner dice así: “Muerte por suicidio” – esto es, investigación defectuosa. Las puertas del infierno o el código no prevalecerán contra la iglesia invisible (Mat. 16:13-18).

Dios es soberano. Ha permitido que El Código Da Vinci sea escrito y publicado por su propio objetivo. La iglesia está fortalecida en su doctrina, mientras que otros caen por el camino siendo expuestos como lo que verdaderamente son. Lo que Satanás quiso para mal, Dios lo quiere para su propio buen propósito y determinación (Gén. 50:20).