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Por Qué Creo en Dios – Parte 1

27 de agosto de 2012 Deja un comentario Go to comments

 [Nota: Esta es la primera parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Las demás partes (unas diez en total) serán publicadas en los siguientes días]

¿Te has dado cuenta, no es así, de que recientemente ciertos científicos como el Dr. James Jeans y Sir Arthur Eddington, así como algunos filósofos sobresalientes como el Dr. C.E.M. Joad, han tenido una buena cantidad de cosas que decir sobre la religión y Dios? Los científicos Jeans y Eddington están listos para admitir que puede que haya algo de cierto en las declaraciones de los hombres que dicen haber tenido una experiencia con Dios, mientras que el filósofo Joad dice que “la prominencia del mal” prácticamente le ha convencido a considerar de nuevo el argumento de la existencia de Dios. Muy parecido al teólogo modernista Dr. Reinhold Niebhur quien habla sobre el pecado original, el filósofo Joad habla del mal como siendo imposible de erradicar de la mente humana.

Además, también, en ocasiones te has preguntado a ti mismo si la muerte lo termina todo. Has recordado, quizá, cómo Sócrates, el gran filósofo griego, luchó con este problema el día antes de beber de la copa con cicuta. ¿Hay algo de cierto, te preguntas, en la idea de un juicio después de la muerte? ¿Estoy totalmente seguro, dices, de que no es así? ¿Cómo sé que no hay Dios?

Resumidamente, como una persona inteligente, teniendo un sentido de la responsabilidad, te has preguntado de vez en cuando algunas preguntas sobre el fundamento de tu pensamiento y acción. Has investigado, o al menos te ha preocupado, lo que los filósofos llaman tu teoría de la realidad. Así que cuando te pido que pases una tarde de domingo conmigo discutiendo mis razones para creer en Dios, tengo la sensación de que estás básicamente interesado en lo que te estoy proponiendo para discusión.

Para hacer nuestra conversación más interesante, empecemos comparando notas en nuestro pasado. Esto encajará bien en nuestro plan, pues el debate concerniendo la herencia y el entorno es prominente en nuestro día. Puede que pienses que la única razón real que tengo para creer en Dios es el hecho de que he sido enseñado a creer en Dios cuando era un niño, pero yo sí afirmo que desde que he crecido he oído una declaración bastante total del argumento contra la creencia en Dios. Y es después de haber oído ese argumento cuando estoy más preparado que nunca para creer en Dios. Ahora, de hecho, siento que toda la historia y la civilización serían ininteligibles para mí si no fuera por mi creencia en Dios. Tan verdad es esto, que propongo argumentar que a menos que Dios esté detrás de todo, no puedes encontrar significado en nada. Ni siquiera puedo argumentar por la creencia en Él, sin haberle dado a Él por sentado. Argumentar sobre la existencia de Dios, defiendo, es como argumentar sobre el aire. Puedes afirmar que el aire existe, y yo que no existe. Pero mientras estamos debatiendo esta cosa, los dos estamos respirando el aire todo el tiempo. O, para usar otra ilustración, Dios es como el emplazamiento en el que tienen que estar las mismas armas que se supone que tienen que borrarlo de la existencia. Sin embargo si, después de escuchar brevemente mi historia, sigues pensando que todo es cuestión de herencia y entorno, no discreparé con demasiada violencia. Mi punto entero será que hay una armonía perfecta entre mi creencia como un niño y mi creencia como un hombre, simplemente porque Dios mismo es el entorno por el que mi vida temprana ha sido direccionada y por el que mi vida tardía lo ha hecho inteligible para mí.

El “Accidente del Nacimiento”

Se nos dice con frecuencia que mucho en nuestra vida depende del “accidente del nacimiento”. En tiempos antiguos se decía sobre algunos hombres que florecieron ya crecidos de la frente de los dioses. Eso, en cualquier caso, no es verdad a día de hoy. Aunque entiendo que la segunda mejor cosa te pasó a ti. Naciste, se me dice, en Washington, D.C., bajo la sombra de la Casa Blanca. Pues bien, yo nací en una casa con techo de paja y con un establo para vacas adjunto, en Holanda. Tú llevaste “zapatos de plata” y yo los llevé de madera.

¿Es esto realmente importante para nuestro propósito? No en particular, pero es importante que ninguno de nosotros dos ha nacido en Guadalcanal o Tombuctú. Ambos, quiero decir, hemos nacido en medio y bajo la influencia de la “Civilización cristiana”. Limitaremos nuestra discusión, pues, al “Dios del cristianismo”. Creo, mientras tú no crees o no estás seguro de que crees, en este tipo particular de Dios. Esto pondrá en buen rumbo nuestra conversación. Pues con seguridad no tiene sentido el hablar sobre la existencia de Dios, sin saber qué tipo de Dios es el que puede que exista o no.

Mucho entonces hemos ganado. Sabemos al menos en general qué tipo de Dios será el tema de nuestra conversación. Si ahora pudiéramos llegar a un acuerdo preliminar similar sobre el criterio o test por el que probar o falsar la existencia de Dios, podemos preceder. Tú, por supuesto, no esperas que te traiga a Dios aquí en la habitación para que lo puedas ver. Si fuera capaz de hacer esto, no sería el Dios del cristianismo. Todo lo que esperas que haga yo es hacer razonable para ti que creas en Dios. Y me gustaría responder brevemente diciendo que eso es exactamente lo que quiero hacer. Pero un pensamiento del momento me hace dudar. Si realmente no crees en Dios, entonces tú naturalmente no crees que eres su criatura. Yo, por el otro lado, quien sí creo en Dios también creo, naturalmente, que es razonable para la criatura de Dios el creer en Dios. Así que tan solo puedo comprometerme a demostrar que, aunque no te parezca razonable a ti, es razonable para ti, el creer en Dios.

Veo que te estás emocionando. Te sientes como un hombre que va a empezar una gran misión. Te das cuenta de que si vas a cambiar tu creencia sobre Dios, también tendrás que cambiar tu creencia sobre ti mismo. Y no estás muy preparado para eso. Bueno, puedes irte si quieres. Ciertamente no quiero ser grosero. Simplemente pensaba que como persona inteligente querrías oír el “otro lado” de la cuestión. Y después del todo no te estoy pidiendo que estés de acuerdo con lo que digo. Realmente no nos hemos puesto de acuerdo en lo que queremos decir por Dios más que de una manera general y formal. Así que tampoco tenemos que estar de acuerdo, a estas alturas, sobre el criterio o test sino en un modo general o formal. Podrías seguir mi argumento, simplemente por amor al argumento.

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  1. 29 de agosto de 2012 en 22:51

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