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28 de septiembre de 2012 Deja un comentario

clip_image001¿El Evangelio de la Esposa de Jesús? Cuando El Sensacionalismo Se Disfraza de Erudición

Por Albert Mohler

El mundo entero cambió el martes. Al menos, eso es lo que muchos nos quieren hacer creer. La revista Smithsonian, publicada por la Institución Smithsonian, declara que la noticia difundida el martes fue “propenso a enviar sacudidas por el mundo de la erudición bíblica – y más allá” ¿En serio?

¿Qué era esta noticia? La profesora Karen King de la Escuela de Divinidad de Harvard anunció en una conferencia en Roma que se había identificado un fragmento de papiro antiguo que incluye la frase: “Jesús les dijo: ‘Mi esposa.’” En cuestión de horas, los titulares de todo el mundo anuncian la convocatoria con titulares como “Antiguos Papiros Que Podrían dar Evidencia de que Jesús Tuvo Una Esposa” (The Telegraph).

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Sin Papeles

25 de septiembre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la séptima parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, o sexta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Considera ahora los cuatro puntos que he mencionado – creación, providencia, profecía, y milagro. Todos juntos representan el total del teísmo cristiano. Juntos incluyen lo que está involucrado en la idea de Dios y lo que Él ha hecho a nuestro alrededor y para nosotros. Muchas veces y de muchas maneras la evidencia para todos estos ha sido presentada. Pero siempre tienes una respuesta efectiva a mano. ¡Es imposible! ¡Es imposible! Actúas como el jefe de la oficina de correos que ha recibido un buen montón de cartas escritas en idiomas extranjeros. Dice que los entregará tan pronto como estén escritas respetando el uso y la gramática del inglés tal como aparece en los libros de texto. Hasta entonces tienen que esperar en el departamento de cartas inactivas. La base de todas las objeciones que el filósofo y científico normal levanta contra la evidencia de la existencia de Dios es la afirmación o la presuposición de que aceptar tal evidencia sería violar las reglas de la lógica.

Veo que estás bostezando. Tomémonos un descanso para comer ahora. Porque hay otro punto en esta conexión que tengo que hacer. No cabe lugar a dudas de que alguna vez en tu vida has ido a un dentista. Un dentista perfora a más y más profundidad y en un final llega al nervio del asunto.

Ahora, antes de que perfore en el nervio del asunto, tengo que disculparme de nuevo. El hecho de que tantas personas están expuestas al total de la evidencia de la existencia de Dios y aun así no creen en Él nos desanima mucho. Por esto hemos adoptado medidas desesperadas. Ansiosos por ganar vuestro favor, hemos comprometido de nuevo a nuestro Dios. Habiendo comprobado el hecho de que los hombres no ven, hemos concedido que lo que ellos deberían ver es difícil de ver. En nuestra gran preocupación de ganar hombres hemos permitido que la evidencia para la existencia de Dios sea solo probablemente convincente. Y desde esa fatal confesión hemos ido un paso más abajo hasta el punto de admitir o virtualmente admitir que realmente no es para nada convincente. Y así nos retraemos al testimonio en vez de al argumento. Después de todo, decimos, Dios no se encuentra al final de un argumento; Él se encuentra en nuestros corazones. Así que simplemente testificamos a las personas que una vez estábamos muertos, y ahora vivimos, que una vez estábamos ciegos y ahora vemos, y renunciamos a todo argumento intelectual.

¿Supones que Dios aprueba esta actitud en Sus seguidores? Yo no lo creo. El Dios que declara haber creado todos los hechos y haber puesto su sello sobre ellos no concederá que haya en realidad alguna excusa para aquellos que rehúsan ver. Además, tal procedimiento se derrota a sí mismo. Si alguien en tu ciudad natal, Washington, niega que haya algo así como un Gobierno de los Estados Unidos, ¿lo llevarías hasta el río Potomac y le testificarías ahí que sí lo hay? Igualmente, tu experiencia y tu testimonio de la regeneración no tendrían ningún sentido si no fuera por la verdad objetiva de los hechos objetivos que presupone estas dos cosas. Un testimonio que no es un argumento tampoco es un testimonio, igual que un argumento que no es un testimonio ni siquiera es un argumento.

Veamos ahora lo que el filósofo moderno de la religión, que se apoya sobre el mismo fundamento que el filósofo, hará con nuestro testimonio. Este hace una distinción entre los datos crudos, sin procesar, y su causa, concediéndome los hechos crudos y guardando para él la explicación de la causa. El profesor James H. Lueba, un gran psicólogo de Bryn Mawr, tiene un procedimiento típico. Dice, “La realidad de cualquier dato dado – de una experiencia inmediata en el sentido en el cual el término se usa aquí, puede no ser impugnado: Cuando estoy con calor o con frío, triste o contento, desanimado o confiado, yo estoy con frío, triste, desanimado, etc., y cualquier argumento que pueda proceder a demostrarme que yo no tengo frío es, en la naturaleza del caso, absurdo; una experiencia inmediata no puede ser controvertida; no puede ser errónea”. Todo esto parece ser muy esperanzador en la superficie. El inmigrante tiene esperanza de tener una llegada rápida y sin problemas. Sin embargo, aún tiene que pasar la isla Ellis. “Pero si los datos crudos de la experiencia no están sujetos al criticismo, las causas atribuidas a ella sí lo son. Si digo que el estar con frío se debe a una ventana abierta, o que mi estado de exultación es debido a una droga, o que mi coraje renovado se debe a Dios, mi afirmación va más allá de mi experiencia inmediata; le he atribuido una causa, y esa causa puede ser la correcta o la errónea” (God Or Man, Nueva York, 1933, p.243). Y así el inmigrante tiene que esperar en la isla Ellis un millón de años. Esto quiere decir que yo, como creyente en Dios por medio de Cristo, atribuyo que he sido nacido de nuevo por medio del Espíritu Santo. El psicólogo dice que eso es dato crudo de la experiencia y como tal es indisputable. “Nosotros, dice él, no lo negamos. Pero no significa nada para nosotros. Si quieres que signifique algo para nosotros debes atribuir una causa a tu experiencia. Después examinaremos la causa. ¿Ha sido tu experiencia causada por el opio o por Dios? Tú dices que por Dios. Pues bien, eso es imposible porque los filósofos han demostrado que el creer en Dios es lógicamente contradictorio. Puedes volver en cualquier momento en cuanto hayas cambiado tu opinión sobre la causa de tu regeneración. Estaremos contentos de tenerte y te aceptaremos como un ciudadano de nuestro mundo, si tan solo te sacas los papeles de naturalización”.

El Argumento a Partir de la Gratitud

17 de septiembre de 2012 Deja un comentario

No hace mucho leí un artículo de Douglas Wilson llamado El Argumento A Partir de la Gratitud. Argumento para “demostrar” la existencia de Dios, como el argumento teleológico o el argumento cosmológico. Él lo describe así:

Se me han dado innumerable bendiciones. Viendo que tengo estas bendiciones, tengo una responsabilidad ética de decir “Gracias”. ¿Pero a quién? Si soy el producto de meros átomos yendo a toda velocidad en un universo falto de mente, no hay nadie a quien le pueda ser agradecido, y aún así mi necesidad ética de estar agradecido es verdadera. Entonces, hay un Dios, y le agradezco a Él por las colinas verdes que vi ayer.

Juzgar la validez del argumento no es mi propósito aquí. Sería como discutir sobre los ingredientes de la comida mientras esta se enfría sobre la mesa. No, mi propósito es servirla caliente; ir al corazón del asunto: la gratitud. Saborearla, y esto a través de las palabras de G.K. Chesterton:

Cuando somos muy pequeños, no necesitamos cuentos de hadas; solamente necesitamos cuentos; La vida resulta bastante interesante. Un chico de siete años se entusiasma si le dicen que Tomás abrió una puerta y vio un dragón. Pero un chico de tres años se entusiasmará si le dicen que Tomás abrió una puerta. A los chicos les gustan los cuentos románticos; pero a los bebés les gustan los cuentos realistas, porque los encuentran románticos. En realidad, un bebé, pienso, es la única persona que puede leer una novela realista moderna sin aburrirse.

Esto prueba que aun las fábulas infantiles sólo son eco de un sobresalto, casi prenatal, de interés y de asombro. Estas fábulas dicen que las manzanas son doradas, con el único fin de resucitar el momento olvidado en que descubrimos que eran verdes. Dicen que corren ríos de vino, para recordarnos por un loco momento, que corren ríos de agua. Dije que esto es completamente razonable y aún agnóstico. Y ciertamente que sobre este punto, estoy con el agnosticismo; cuyo nombre mejor es Ignorancia.

Todos hemos leído en libros científicos y, ciertamente, en todas las novelas románticas, la historia del hombre que olvidó su nombre. Ese hombre camina por las calles y puede verlo y apreciarlo todo; sólo no puede recordar quién es. Bien, cada hombre es ese hombre de la historia. Cada hombre ha olvidado quién es. Es terrible comprender el cosmos pero nunca comprender el “ego”; el “yo”, es más remoto que cualquier estrella.

“Amarás al Señor tu Dios”, pero nunca lo comprenderás. Todos padecemos de la misma calamidad mental; todos hemos olvidado nuestros nombres. Todos hemos olvidado lo que somos. Lo que llamamos sentido común, y racionalidad y practicidad y positivismo, significa que por ciertas regulaciones de nuestra vida, olvidamos que hemos olvidado. Todo lo que llamamos espíritu, y arte y éxtasis, significan que, solamente por un magnífico instante, recordamos que habíamos olvidado.

Pero a pesar de que (como el hombre sin memoria en la novela) caminamos por las calles con una especie de admiración retardada, todavía es con admiración. Es admiración en inglés y no puramente admiración en latín.

El asombro tiene un elemento positivo  de alabanza. Este es el próximo hito que hemos de pasar para hallarnos definitivamente resueltos en nuestro camino a través del país de las hadas. En el próximo capítulo hablaré del aspecto intelectual de los optimistas y los pesimistas; siempre y cuando tengan uno. Aquí sólo trato de describir las enormes emociones que no pueden ser descritas. Y la emoción más fuerte de la vida, fue tan hermosa como desconcertante.

Fue un éxtasis porque fue una aventura; fue una aventura porque fue una oportunidad. La bondad de los cuentos de hadas no fue afectada por el motivo de que en ellos pueda haber más dragones que princesas; ya era bueno figurar en un cuento de hadas. La prueba de toda felicidad es la gratitud; y yo me sentía agradecido, aunque difícilmente sabía a quién estarlo. Los niños están agradecidos cuando Santa Claus pone en sus calcetines juguetes y dulces. ¿No podría yo estarle agradecido a Santa Claus cuando él ha puesto en mi calcetín el regalo de dos milagrosas piernas? Le agradecemos a la gente regalos de cumpleaños tales como cigarros y chanclas. ¿Y yo no puedo darle las gracias a nadie por el regalo de cumpleaños del nacimiento?

El mundo era un choque; pero no era meramente chocante; la existencia fue una sorpresa, pero fue una sorpresa agradable. De hecho, mis primeras impresiones se manifestaron como un jeroglífico alojado en mi cabeza desde la infancia. La pregunta era: “¿Qué dijo la primera rana?”; y la respuesta era: “¡Señor, cómo me haces saltar!” Esto expresa brevemente todo lo que estoy diciendo. Dios hizo saltar a la primera rana; pero la rana prefiere saltar. (G.K. Chesterton, Ortodoxia, pp. 31-32, énfasis mío)

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La Cama de Procusto

15 de septiembre de 2012 1 comentario

[Nota: Esta es la sexta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, o quinta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Presentándome todos tus hechos y razones, has asumido que tal Dios no existe. Has dado por hecho que no necesitas ningún emplazamiento de ningún tipo exterior a ti. Has asumido la autonomía de tu propia experiencia.

Consecuentemente eres incapaz – esto es, sin voluntad – de aceptar como hecho cualquier hecho que cuestionaría tu auto-suficiencia. Y estás obligado a llamar contradictorio lo que no entra en la capacidad de tus poderes intelectuales. Recuerdas lo que el antiguo Procusto hizo. Si sus visitantes eran demasiado largos, serraba unos cuantos centímetros a cada extremo; si eran demasiado bajos, usaba el martillo para estirarlos. Siento que de esta manera has obrado con todos los hechos de la experiencia humana. Y te estoy pidiendo que seas crítico con esto en tu propia presuposición más básica. ¿No irás al sótano de tu propia experiencia para ver qué se ha estado acumulando allí mientras tú estabas ocupado aquí y allá con la inspección de la superficie de la vida? Puede que te sorprendas grandemente por lo que allí encuentres.

Para hacerme entender mejor, ilustraré lo que he dicho señalando cómo los filósofos modernos y los científicos manejan los hechos y las doctrinas del cristianismo.

Básico a todos los hechos y doctrinas del cristianismo y así involucrado en la creencia en Dios, está la doctrina de la creación. Ahora los filósofos modernos y los científicos en general declaran que sostener tal doctrina o creer en tal hecho es negar nuestra propia experiencia. Y dicen esto no simplemente en el sentido de que nadie ha estado ahí para ver cómo se hizo, sino en el sentido más básico de que es lógicamente imposible. Afirman que esto rompería las leyes fundamentales de la lógica.

El argumento actual en contra de la creación deriva de Kant. Puede que sea apropiado en las palabras de un filósofo más reciente, James Ward: “Si intentamos concebir a Dios no considerando el mundo, no hay nada que nos conduzca a la creación” (Realm of Ends, p.397). Esto quiere decir que, si ha de estar conectado al universo, Dios tiene que estar sujeto a las condiciones del universo. He aquí la doctrina de la antigua creación. Dice que Dios ha causado que el mundo existiera. ¿Pero qué es lo que queremos decir con “causa”? En nuestra experiencia, es lo que es lógicamente correlativo a la palabra “efecto”. Si tienes un efecto debes tener una causa y si tienes una causa debes tener un efecto. Si Dios causó al mundo, entonces debe de haber sido porque Dios no podía evitar producir un efecto. Y así el efecto puede en realidad ser llamado la causa de la causa. Nuestra experiencia puede entonces permitir ningún Dios aparte de aquel que es dependiente del mundo así como que el mundo es dependiente de Él.

El Dios del cristianismo no puede cumplir estos requisitos del hombre autónomo. Él declara ser Todo-Suficiente. Declara haber creado al mundo, no por necesidad sino por su voluntad libre. Declara no haberse cambiado en Sí Mismo cuando creó el mundo. Su existencia, debe decirse entonces, es imposible, y toda la doctrina de la creación tiene que ser considerada una absurdidad.

La doctrina de la providencia también se dice que varía con la experiencia. Esto no es sino natural. Alguien que rechaza la creación debe lógicamente rechazar también la providencia. Si todas las cosas están controladas por la providencia de Dios, se nos dice, no puede haber nada nuevo y la historia no es sino un baile de marionetas.

Ves entonces que podría presentarte un gran número de hechos para demostrar la existencia de Dios. Podría decir que cualquier efecto necesita una causa. Podría indicar hacia la maravillosa estructura del ojo como la evidencia del propósito de Dios en la naturaleza. Podría invocar la historia de la humanidad en el pasado para probar que ha sido dirigida y controlada por Dios. Ninguna de estas evidencias te afectaría. Dirías simplemente que de cualquier manera en que podamos explicar la realidad, no podemos involucrar a Dios. Causa y propósito, sigues repitiendo, son palabras que nosotros los seres humanos usamos con respecto a las cosas de nuestro alrededor porque parecen actuar como actuamos nosotros, pero solo hasta ahí llegamos.

Y, cuando la evidencia adecuada para el Cristianismo te es presentada, el procedimiento es el mismo. Si te digo que las profecías de las Escrituras han sido cumplidas, me contestarías simplemente que eso es lo que nos parece con naturalidad a mí y a otros, pero que en la realidad no es posible para ninguna mente predecir el futuro desde un punto en el pasado. Si lo fuera, todo estaría fijado y la historia estaría sin novedad ni libertad.

Si indicara después a los muchos milagros, el cuento vuelve a repetirse. Para ilustrar este punto cito al tardío Dr. William Adams Brown, un teólogo modernista prominente. “Coge cualquiera de los milagros del pasado”, dice Brown, “La concepción virginal, la resucitación de Lázaro, la resurrección de Jesucristo. Supón que puedes demostrar que estos eventos ocurrieron igual que como se dice que ocurrieron. ¿Qué has conseguido? Has demostrado que nuestra visión previa sobre los límites de lo posible necesitan ser alargados; que nuestras previas generalizaciones fueron demasiado estrechas y necesitan revisión; que los problemas se juntan sobre los orígenes de la vida y su renovación de una manera que no éramos conscientes hasta ahora. Pero lo que no has demostrado, lo que no puedes demostrar, es que un milagro haya pasado; pues eso es confesar que estos problemas son inherentemente insolubles, lo que no puede determinarse hasta que todos los test posibles hayan sido realizados” (God at Work, New York, 1933, p.169). Puedes ver con cuánta confianza usa Brown su arma de la imposibilidad lógica en contra de la idea de un milagro. Muchos de los antiguos críticos de las Escrituras cuestionaban la evidencia de los milagros en este o aquel punto. Hicieron algo así como una lenta y progresiva invasión a la isla del cristianismo. Brown, por el otro lado, concluye el problema de una vez con una gran cantidad de Stukas desde el cielo. Quiere ser el primero en tomar rápidamente el control de todo el campo. Y esto lo hace aplicando directamente la ley de la no-contradicción. Solo es posible aquello, dice Brown, que puedo demostrar a ser lógicamente relacionado según mis leyes de la lógica. Así que si los milagros quieren mantenerse desde el punto de vista científico, es decir, ser reconocidos como hechos verdaderos, tienen que demandar la admisión en la puerta de entrada a la tierra de los esfuerzos científicos. Y la admisión les será dada tan pronto como se sometan al pequeño proceso de generalización que les priva de su singularidad. Los milagros tienen que enseñar los papeles de la naturalización si quieren votar en la república de la ciencia y tener influencia allí.

Mis Disculpas, No Hemos Sido Radicales

10 de septiembre de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la quinta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, o cuarta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Obviamente no puedo entrar en una discusión sobre todos los hechos y todas las razones que se usan en contra de la creencia en Dios. Están aquellos que han hecho del Antiguo Testamento, así como aquellos que han hecho del Nuevo Testamento, su estudio durante toda su vida. Son sus escritos los que debes leer para una detallada refutación de los puntos sobre el criticismo bíblico. Otros se han especializado en física y biología. A ellos tengo que señalar para una discusión sobre los muchos puntos conectados con temas como la evolución. Pero hay algo que hay por debajo de todas estas discusiones. Y es con ese algo con lo que quiero tratar ahora.

Puede que pienses que me he expuesto terriblemente. En vez de hablar sobre Dios como algo vago e indefinido, según las maneras del modernista, de los Barthianos, y del místico, un dios tan vacío de contenido y tan alejado de la experiencia que no es capaz de exigir nada a los hombres, he desenvuelto la idea de Dios con ciencia “anticuada” y lógica “contradictoria”. Parece que haya puesto sal sobre la herida presentando el tipo de Dios más objetable que he podido encontrar. Debería serte muy fácil explotar mi burbuja. Veo que estás preparado para leerme hectáreas de hechos cogidos de los textos estándar de las universidades sobre física, biología, antropología, y psicología, o para aplastarme con tu tanque de sesenta toneladas cogidas del famoso libro de Kant, Crítica de la Razón Pura. Pero he estado bajo este pesado torrencial muchas veces hasta ahora. Antes de que hagas el esfuerzo de abrir el grifo de nuevo, hay un punto preliminar que quiero traer al frente. Ya me he referido a él cuando estábamos discutiendo el tema del test o del criterio.

El punto es este. No creyendo en Dios, hemos visto, no piensas que eres la criatura de Dios. Y no creyendo en Dios no crees que el universo haya sido creado por Dios. Esto quiere decir que piensas sobre ti mismo y sobre el universo como estando ahí sin más. Ahora bien, si de veras eres la criatura de Dios, entonces tu actitud actual es muy injusta respecto a Él. En tal caso es hasta un insulto hacia Él. Y habiendo insultado a Dios, Su disgusto descansa sobre ti. Dios y tú no estáis en “buenos términos”. Y tienes muy buenas razones para intentar demostrar que no existe. Si existe, te castigará por tu desprecio hacia Él. Llevas entonces gafas coloreadas. Y esto determina todo lo que dices sobre los hechos y las razones para no creer en Él. Has tenido tus picnics y tus partidas de caza en Su territorio sin pedirle permiso. Has cogido los racimos de la viña de Dios sin pagarle nada y has insultado a Sus representantes que te pidieron que lo hicieras.

Tengo que pedirte disculpas llegados a este punto. Nosotros los que creemos en Dios no siempre hemos dejado clara nuestra posición. Suficientemente a menudo hemos hablado contigo sobre hechos y razones válidas como si hubiéramos estado de acuerdo contigo sobre lo que estas cosas son en realidad. En nuestros argumentos para la existencia de Dios frecuentemente hemos asumido que tú y nosotros tenemos un área de conocimiento en el que estamos de acuerdo. Pero realmente no concedemos que veas ningún hecho en ninguna dimensión de la vida correctamente. En realidad pensamos que tienes gafas coloreadas sobre tu nariz cuando hablas sobre pollos y vacas, así como cuando hablas sobre la vida de después de la muerte. Deberíamos haberte dicho esto de una manera más clara que como lo hemos hecho hasta ahora. Pero ciertamente estábamos un poco avergonzados por lo que habrías pensado que es una posición muy extraña o extrema. Estábamos tan ansiosos de no ofenderte a ti que hemos ofendido a nuestro propio Dios. Pero no nos atrevemos a presentarte a nuestro Dios como más pequeño o menos exigente de lo que es en realidad. Quiere ser presentado como el Todo-Condicionador, como el lugar en el que hasta aquellos que lo niegan han de  emplazarse.

Fe y Conocimiento

8 de septiembre de 2012 Deja un comentario

 [Nota: Esta es la cuarta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí, la segunda aquí, y la tercera aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Estudios Superiores

Mientras tanto terminemos nuestra historia. A los diez años vine a este país y después de algunos años decidí estudiar para el pastorado. Esto involucró entrenamiento preliminar en un colegio y universidad cristianos. Todos mis profesores juraron enseñar sus asignaturas desde el punto de vista cristiano. ¡Imagínate enseñar no solo religión sino también álgebra desde un punto de vista cristiano! Y esto se hizo. Nos fue dicho que todos los hechos en todas sus relaciones, numéricas así como otras, son lo que son por el plan todo-incluyente de Dios con respecto a ellos. Así, las mismas definiciones de las cosas serían no solamente incompletas, sino del todo erróneas si Dios fuera dejado fuera del panorama. ¿No nos informaron sobre las los puntos de vista de los demás? ¿No oímos sobre la evolución y sobre Immanuel Kant, el gran filósofo moderno que demostró de modo concluyente que todos los argumentos de la existencia de Dios eran inválidos? Oh, sí, escuchamos sobre todas estas cosas, pero había refutaciones y estas refutaciones parecían estar a la altura.

En los seminarios que atendí, más exactamente Calvin, y Princeton antes de su reorganización en líneas semi-modernistas en 1929, la situación era la misma. Así por ejemplo el Dr. Robert Dick Wilson nos solía decir, y, hasta donde podíamos entender los idiomas, enseñarnos a partir de los documentos, que los “críticos superiores” no hicieron nada para dañar razonablemente nuestra fe inocente en el Antiguo Testamento como la Palabra de Dios. En modo similar el Dr. J. Gresham Machen y otros hicieron fuerte su declaración de que el cristianismo del Nuevo Testamento es intelectualmente defendible y que la Biblia está en lo cierto en sus afirmaciones. Puedes juzgar sus argumentos leyéndolos tú mismo. En resumen, escuché la historia del cristianismo histórico y la doctrina de Dios sobre la que está construido una y otra vez desde cada ángulo por aquellos que lo creyeron y fueron más capaces de interpretar su significado.

El contarte esta historia confío que ha ayudado a hacer la pregunta fundamental simple y clara. Ahora sabes con bastante claridad qué tipo de Dios es el Dios del que te estoy hablando. Si mi Dios existe fue Él quien estuvo detrás de mis padres y profesores. Fue Él quien condicionó todo lo que me condicionó en mis primeros años. Pero también fue Él quien condicionó todo lo que te condicionó a ti en tus primeros años de vida. Dios, el Dios del cristianismo, es el Todo-Condicionador.

Como el Todo-Condicionador, Dios es el Todo-Consciente. Un Dios que ha de controlar todas las cosas debe controlarlas “por el consejo de Su voluntad”. Si Él no hiciera esto, sería Él mismo condicionado. Así que mantengo que mi fe en Él y tu falta de fe en Él son igualmente sin sentido si no fuera por Él.

Objeciones Planteadas

A estas alturas probablemente te estés preguntando si he escuchado realmente las objeciones que se plantean en contra de la fe en tal Dios. Pues bien, creo que sí. Las escuché de mis profesores que buscaron responderlas. También las escuché de profesores que creyeron que no podían ser respondidas. Cuando era estudiante en el Seminario de Princeton en verano atendí clases en el Chicago Divinity School. Naturalmente oí la opinión liberal moderna sobre las Escrituras claramente expuesta. Y después de mi graduación en el seminario estuve dos años en la Universidad de Princeton para el trabajo de graduado en filosofía. Ahí las teorías de la filosofía moderna fueron igualmente expuestas y defendidas por hombres muy capaces. Para ser conciso, se me presentaron tantas razones para no creer como las que se me presentaron para creer. Oí en totalidad a ambos lados de aquellos que creían lo que enseñaban.

Me has convencido a decir esto por la expresión de tu cara. Tus gestos sugieren que no puedes entender cómo alguien familiarizado con los hechos y los argumentos presentados por la ciencia moderna y la filosofía puede creer en un Dios que verdaderamente creó al mundo, que realmente dirige todas las cosas del mundo con un plan para el fin que Él tiene para ellos. Pues bien, yo soy solo uno de los muchos que mantienen la antigua fe sabiendo en totalidad lo que dicen la ciencia moderna, la filosofía moderna, y el criticismo bíblico moderno.

Richard Dawkins, El Padre de Tus Hijos

6 de septiembre de 2012 3 comentarios

Por Douglas Wilson

El noveno capítulo del libro de Dawkins [El espejismo de Dios, The God Delusion, n.tr.] se titula “Niñez, Abuso, y Escape de la Religión”. El capítulo es casi insolente en su deshonestidad intelectual, y más que insolente en su proposición.

Dawkins comienza contando una historia que rompe el corazón de la Italia del siglo XIX, en donde un joven chico judío (Edgardo Mortata) ha sido secretamente bautizado por su niñera. Cuando esto fue descubierto, la Inquisición requirió que fuera quitado de sus padres, y criado en una familia católica, que es lo que se hizo.

“Está más allá de cualquier sensible entendimiento; pero ellos, sinceramente creyeron que le estaban haciendo a él un bien al apartarlo de sus padres y entregarlo a una crianza cristiana. ¡Ellos sintieron la obligación de protegerlo!” (p. 233).

Mientras Dawkins escribe sobre esto, todo lector con sensibilidad está de acuerdo con él. Esto fue una acción horrorosa, y es superada solo por Dawkins diciéndonos esta historia como una introducción a su propuesta para hacer precisamente la misma cosa. Dice estar atónito por el hecho de que estos católicos del siglo XIX sintieron un deber a proteger a este joven niño de ser crecido como judío. Y después tranquilamente pasa a su argumento subsiguiente de que nosotros los modernos tenemos un deber de proteger a los niños pequeños de todo el mundo de ser crecidos por personas religiosas que consideran que es su deber el crecer a su hijo en la fe. El verdadero problema de Dawkins es aparentemente que no los suficientes niños fueron llevados de sus familias. Si Dawkins o su editor no hubieran estado agarrando su todo-suficiente secularismo, hubieran visto la contradicción mayúscula en este capítulo. Cuando se habla de falta de conciencia de uno mismo, en este particular argumento Dawkins estuvo “en la zona”. Dawkins comienza su capítulo dándonos asco a todos sobre cómo algunas personas cientos de años atrás comían cucarachas. Después hace de esto en fundamento de su argumento a favor de comer, en vez de cucarachas, centrípetos. Y no ve que es esto lo que está haciendo.

El título del capítulo contiene la palabra “abuso”. Y este es el eje de la proposición de Dawkins. Los padres que educan a sus hijos para que compartan la fe de sus padres son, según Dawkins, padres abusivos. Dawkins piensa que puede hacer este cargo y él quedar tolerante porque no está en contra de que los padres quieran ser cristianos (¡oh vaya, gracias!). Pero si bautizan a sus hijos, o les da una educación cristiana, o ambas, entonces no han de ser considerados padres cristianos, sino más bien padres abusivos.

“Aún sin la abducción física, ¿No es siempre una forma de abuso infantil etiquetar a los niños como poseedores de creencias sobre las cuales ellos son demasiado jóvenes para haber pensado? Aún así,  la práctica persiste hasta hoy,  casi  completamente incuestionada.  Cuestionarla es  mi principal propósito en este capítulo” (p. 235).

¿Y qué es lo que haces con los padres abusivos? Pues, les haces parar, y si no quieren parar, entonces sacas al niño de esa familia para protegerlo – justo lo que le pasó al pequeño Edgardo. Cogiendo esto desde otro ángulo, aún tan horrible como el abuso sexual de los niños por los curas pueda ser, Dawkins dice, “el daño podría decirse que fue menor que el daño psicológico a largo plazo infligido por educar al niño como católico en primer lugar” (p. 237). Así que el darles a los niños una educación religiosa no solo que es abuso, sino que puede decirse que es un tipo de abuso peor que el abuso sexual.

No es un crimen, según Dawkins, el ser cristiano en la presencia de tus hijos, al menos por el presente, pero es un crimen el criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor.

“Yo estoy persuadido que la frase “abuso infantil” no es una exageración cuando es usada para describir  lo que los  maestros  y sacerdotes le están haciendo a los  niños  a quienes  ellos exhortan a creer algo como el castigo de los pecados mortales no absueltos con un infierno eterno” (p. 238).

Y Dawkins cita a un colega, Nicholas Humphrey, quien dijo esto para nuestra consideración:

“Así que nosotros no deberíamos permitirles más a los padres enseñarle a sus hijos en qué creer; por ejemplo, en la verdad literal de la Biblia, o que los planetas gobiernan su vida, en la misma forma en que no les permitimos a los padres sacarles los dientes a sus hijos o encerrarlos en un calabozo” (p.243).

Hasta aquí, tal abuso incluiría el bautismo de los infantes, enseñarles a los niños sobre el juicio de Dios de la raza humana, el hecho de que la Biblia es la Palabra de Dios, y memorizar versículos para recitar en las festividades navideñas anuales. Todas estas cosas son, por definición, abuso al menor. Y la sociedad decente tiene el deber de proteger a los niños del abuso de menores, ¿no es así? Saca a esos niños de ahí – tal como hicieron los católicos con Edgardo.

Humphrey (y Dawkins) fueron los dos horrorizados por la reacción multicultural al descubrimiento del cuerpo de una joven muchacha inca, la “joven de hielo”, quien aparentemente fue matada en un ritual como sacrificio. Todos los sospechosos normales progresivos se enorgullecían de que en su cultura el “haber sido escogida para la señal de honor de ser sacrificada” (p. 244) era realmente un honor. Pero Humphrey dice que ella pensaba de esta manera tan solo porque no conocía los hechos científicos sobre el universo material. Si él la hubiera criado, y conseguido para ella una educación adecuada, ella no hubiera pensado de la manera que lo hizo, y no hubiera querido ser sacrificada. Esto es cierto – no hubiera querido si hubiera sido criada en una familia cristiana conservadora tampoco. Pero eso va más allá del punto.

El mito de la neutralidad tiene tanto a Humphrey como a Dawkins por el cuello. Quieren proteger a todos los niños del mundo del abuso de las opiniones religiosas de sus padres, y el criterio que proponen para evaluar todas las opiniones de estos padres son los hechos indisputables que forman su cosmovisión. Como diría Popeye, qué extraña coincidencia. Esto es porque ellos tienen la razón, maldita sea, igual que los católicos del siglo XIX. E, increíblemente, no pueden ver que esto es lo que están haciendo.

“Los sacerdotes incas no pueden ser culpados por su ignorancia; y quizás podría pensarse que es muy duro decir que eran estúpidos y engreídos. Pero ellos pueden ser culpados por imponer sus propias creencias a una niña demasiado joven para decidir adorar al sol o no” (p. 244).

Pero la creencia cristiana es que los sacerdotes incas deberían ser culpados por su ignorancia, porque estaban deteniendo la verdad sobre Dios en su injusticia y adoraban una mentira. La manera de tratar con esto es predicándoles el evangelio, llamándolos a arrepentirse y abandonar sus ídolos. Pero el enfoque de Dawkins es impresionante. Su proposición, si queremos dignificarlo con tal nombre, es requerir a todos los padres del mundo – cristianos, musulmanes, judíos, budistas, y así – a criar a sus hijos en la manera que Dawkins lo haría, y después, cuando tengan dieciocho años (o cuanto sea), pueden ser de cualquier religión que quieran, siempre y cuando no sea una religión que tenga nada parecido al bautismo de infantes.

“¿Adorable? ¿Entibiador del corazón? No. No lo es. No es ninguna de esas dos cosas. ¿Cómo podría cualquier persona decente pensar que es correcto etiquetar a niños de cuatro años de edad con las opiniones cósmicas  y teológicas de sus padres?”(p. 252).

La implicación aquí es que los niños son todos pupilos del estado, que ha de ser secular. Tus niños no son tuyos. Esto es más que la separación de iglesia y estado; es la separación de iglesia y niños. No es una separación de estado y niños.

“Por favor; eleven sus conciencias sobre esto, y disgústense cada vez que escuchen que esto sucede. Un niño no es cristiano ni un niño es musulmán, sino un niño de padres cristianos o un niño de padres  musulmanes” (p. 254).

No, gracias. No lo voy a hacer. Dije hace un momento que Dawkins no ve que está demandando que todas las cosmovisiones defieran de la suya. Porque él tiene la razón, y porque todos los demás están equivocados, los niños han de ser quitados de las familias (o no) en base a sus principios. No tolerará ninguna disputa o discusión sobre esto. La cosmovisión científica tiene la razón, y la evolución es lo verdadero, y los niños han de ser quitados de las familias donde el pensamiento-Dawkins no está adecuadamente enseñado. Una de las razones para hacer esto es porque Dawkins fue horrorizado por un ejemplo del siglo XIX en Italia en donde un niño fue quitado de una familia donde el pensamiento-católico no fue enseñado de manera adecuada. Honestamente, nunca he visto nada como esto en un libro que la gente se tomaba en serio. Y Dawkins imparte clases en Oxford.

Pero no le culpo a Dawkins por insistir que la ley ha de ser basada en la cosmovisión que él considera que es la correcta. ¿Qué otra cosa podríamos esperar? Pero no es ahí donde reside el problema. Toda ley es moralidad impuesta, y todo el que tiene moralidad cree que la ley debería ser basada en esa moralidad que es la correcta. Eso es lo que todos hacen, y es inevitable. Nadie quiere imponer una moralidad que cree que es una moralidad falsa y ciertamente inmoral.

El problema es que Dawkins no sabe que esto es lo que está haciendo. No es consciente del hecho de que está mirando al mundo a través de sus propias pupilas, y su cosmovisión, cargada de todo tipo de suposiciones radicales, es simplemente invisible para él. Lo que él ve es simplemente lo que “es”, y lo que otros creen es el resultado de supersticiones inexplicables. Y tenemos que sacar a los niños fuera de aquí.

Esto se presenta de otra manera en este capítulo. Dawkins ha oído hablar sobre un grupo de cristianos que quiere que las normas públicas reflejen lo que ellos creen que es correcto. Dawkins actúa como si nunca hubiese oído tal cosa. ¡Los ideadores! ¿Ellos?

“Si yo hubiese querido entrevistar a extremistas reales conforme a los  modernos  estándares  estadounidenses,  hubiera acudido a los  “Reconstruccionistas” cuya “Teología del Dominio” defiende abiertamente una teocracia cristiana en los Estados Unidos de América” (p. 238).

Un colega americano le escribe con gran entusiasmo:

“Los  europeos  necesitan  saber  que  existe  un  show teo-anormal  itinerante  … Si  los  secularistas  no están vigilantes,  los  Dominionistas  y  Reconstruccionistas  pronto  serán  la  mayoría  en  una verdadera teocracia estadounidense” (p. 238).

En primer lugar, juzgando a partir de la terminología usada aquí, la recolección de datos de Dawkins está atrasada unos veinte años. En segundo lugar, decir esto como si la partida conquistará mañana mismo si los secularistas no están vigilantes con V mayúscula es un ejercicio de hipérbole con H mayúscula. Pero no nos enrollemos con ese tipo de cosas, y señalar solamente que todas las culturas reflejan el cultus central. Todas las culturas son religiones encarnadas. Dawkins quiere que su religión sea la base para toda moralidad pública y ley. Bien por él. Nosotros también lo queremos. Él no cree en Jesús, y quiere a la incredulidad en un altar en la plaza pública. Nosotros creemos en Jesús, y queremos que Su Señorío sea reconocido en la plaza pública. Claro que hay algunas diferencias, basadas en las naturalezas diferentes de las cosmovisiones representadas. Por ejemplo, yo no quisiera que el estado cristiano secuestrara a los niños de las familias ateas, y él sí quiere que el estado secular secuestre a los niños cristianos de las familias cristianas. Pero aunque nuestras moralidades difieren, ambos queremos que estas moralidades formen la base de la cultura que nos rodea.

Dawkins firmemente rechaza reconocer la naturaleza situada de su propio conocimiento. Dado que niega al único Dios verdadero, el único que tiene conocimiento inmediato (no-mediado) de todas las cosas, Dawkins se ha ofrecido como voluntario para ocupar esa plaza libre él mismo. Él conocerá las cosas inmediatamente, y las conocerá sin corrupción. Y desde esa inmaculada lugar de ventaja, ordenará que nuestros niños se nos quiten, y sean criados de una forma antiséptica y científica. Que Dios nos libre.

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Las citas del libro han sido tomadas de aquí.
El artículo de Douglas Wilson aparece en su página web, aquí.