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El Valle de Los Ciegos

2 de septiembre de 2012 Deja un comentario Go to comments

 [Nota: Esta es la tercera parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí, y la segunda aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Por Qué Creo en Dios, Parte 3.

Educación Temprana

Al argumento en breve llegaremos. Una palabra más, de todos modos, sobre mi educación. Esto traerá todos los factores al panorama.

Aún no había cumplido cinco años cuando alguien – afortunadamente no me acuerdo quién fue – me llevó al colegio. En el primer día fui vacunado y me dolió. Aún lo puedo sentir. Ya había ido a la iglesia. Me acuerdo de eso perfectamente porque a veces me ponía mis zapatos de piel bien relucientes. Una fórmula fue leída sobre mí en mi bautismo que solemnemente declaró que fui concebido y nacido en pecado, la idea siendo que mis padres, como todos los hombres, heredaron el pecado de Adán, el primer humano y el representante de la raza humana. La fórmula más tarde declaró que aunque estaba condicionado por el inescapable pecado, yo, como hijo del Pacto, era redimido en Cristo. Y en la ceremonia mis padres solemnemente prometieron que tan pronto como yo fuera capaz de entender ellos me instruirían en todas estas cosas por todos los medios a su disposición.

Fue la búsqueda del cumplimiento de este juramento la razón por la que me enviaron a un colegio cristiano. Ahí aprendí que el ser salvo del pecado y el pertenecer a Dios marcaba la diferencia para todo lo que sabía o hacía. Vi el poder de Dios en la naturaleza y en Su providencia en el curso de la historia. Eso le dio el lugar apropiado a mi salvación, que tenía en Cristo. Resumidamente, todo el ancho mundo que gradualmente se me abría a través de mi educación era considerada como trabajando en cada aspecto bajo la dirección del todo-poderoso y todo-sabio Dios, cuyo hijo era yo a través de Cristo. Iba a aprender a pensar los pensamientos de Dios detrás de Él en cada campo o acción.

Naturalmente había peleas en el “campus” del colegio y yo estaba involucrado en alguna de ellas – pero no en todas. Los zapatos de madera eran maravillosas armas de guerra. Aunque estaba estrictamente prohibido el usarlos, hasta para propósitos defensivos. Siempre había clases tanto por profesores como por los padres sobre el pecado y el mal en conexión con nuestras proezas marciales. Este era el caso especialmente cuando un regimiento de nosotros salía a batallar con los pupilos del colegio público. A los niños del colegio público no les gustábamos. Tenían un extenso vocabulario de vituperaciones. ¿Quién nos creíamos que éramos de todos modos? Nosotros éramos buenos santitos – ¡demasiado buenos como para ir al colegio público! “¡Quien lo dice lo es!” Contestábamos igual que ellos. Mientras tanto nuestro sentido de distinción crecía a saltos y heridas. Nos decían por la tarde que teníamos que aprender a aguantar con paciencia la ridiculización por parte del “mundo”. ¿No había odiado el mundo a la iglesia, desde los tiempos de Caín?

¡Qué diferente fue tu educación temprana! Tú fuiste a un colegio “neutral”. Como tus padres lo hicieron en casa, tus profesores lo hacían ahora en el colegio. Te enseñaron a tener una “mente abierta”. Dios no tenía conexión con tu estudio de la naturaleza o de la historia. Has sido entrenado sin prejuicios durante toda tu niñez.

Por supuesto, ahora conoces más. Te das cuenta de que todo era puramente imaginario. El estar “sin prejuicios” es simplemente tener un tipo particular de prejuicio. La idea de “neutralidad” es simplemente un traje sin color que cubre una actitud negativa hacia Dios. Al menos debería ser claro que el que no está por el Dios del Cristianismo está contra Él. Ves, el mundo le pertenece a Él, y tú eres su criatura, y como tal tienes que reconocer ese hecho honrándole a Él estés comiendo o bebiendo o haciendo cualquier otra cosa. Dios dice que tú vives, puede decirse, en Su propiedad. Y Su propiedad tiene grandes señales que indican que es Su posesión por todos lados, así que el que vaya a cien kilómetros por hora no puede evitar leerlos. Cualquier hecho en este mundo, afirma el Dios de la Biblia, tiene su sello indeleble grabado en él. ¿Cómo entonces podrías ser neutral con respecto a tal Dios? ¿Acaso te paseas relajadamente un 4 de Julio por Washington preguntándote si el Lincoln Memorial le pertenece a alguien? ¿O miras la bandera de los Estados Unidos ondeando en lo alto de un mástil y te preguntas si significa algo? ¿Requiere la bandera algo de ti, habiendo tú nacido ciudadano americano? Merecerías sufrir el destino del “hombre sin país” si como americano fueras neutral a América. Pues bien, en un sentido mucho más profundo mereces vivir para siempre sin Dios si no lo tienes y lo glorificas a Él como tu Creador. No te atrevas a manipular el mundo de Dios, y mucho menos a ti mismo como ser hecho a Su imagen, para tus propios objetivos. Cuando Eva se volvió neutra entre Dios y el Diablo, pesando los argumentos de cada uno como si inherentemente fueran de igual valor, ella ya estaba en realidad de la parte del diablo.

De nuevo estás agitado, poniéndote nervioso una vez más. Siéntate y cálmate. Tienes una mente abierta y neutral, ¿no es así? Y has aprendido a pensar que toda hipótesis tiene, como teoría de la vida, un derecho igual a ser escuchado junto a cualquier otra, ¿verdad? Después de todo solo te estoy pidiendo que veas qué es lo que está involucrado en la concepción cristiana de Dios. Si el Dios del cristianismo existe, la evidencia de Su existencia es abundante y clara tal que es tanto no científico como pecaminoso el no creer el Él. Cuando el Dr. Joad, por ejemplo, dice: “La evidencia para Dios está lejos de ser clara”, sobre el fundamento de que si estuviera claro todos creerían en Él, está en una falacia lógica. Si el Dios del cristianismo sí existe, Su evidencia debe ser clara. Y la razón, entonces, de por qué “todos” no cree en Él ha de ser porque “todos” está cegado por el pecado. Todo el mundo lleva gafas de cristal coloreado. Has escuchado la historia del valle de los ciegos. Un joven que salió a cazar cayó por un precipicio al valle de los ciegos. No había escapatoria. Los hombres ciegos no le entendían cuando les habló de ver el sol y de los colores del arcoíris, pero una atractiva joven sí lo entendió cuando habló el lenguaje del amor. El padre de la chica no consentiría el matrimonio de su hija con un lunático que hablaba tan a menudo sobre cosas que no existían. Pero el gran psicólogo de la universidad de los hombres ciegos le ofreció una cura a su locura cosiéndole los párpados. Entonces, le aseguraron, sería normal como “todos” los demás. Pero el mero vidente siguió protestando que sí vio el sol.

Así que, mientras estamos tomándonos el té, propongo no solo operar en tu corazón para así cambiar tu voluntad, sino también en tus ojos para cambiar tu perspectiva. Pero espera un momento. No, yo no soy para nada el que va a operar. Yo no puedo hacer nada de eso. Yo solo estoy sugiriendo gentilmente que quizá estés muerto, y quizás ciego, si te dejara pensar sobre el tema por ti mismo. Si una operación ha de ser hecha, ha de ser hecha por Dios Mismo.

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  1. 8 de septiembre de 2012 en 0:57

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