La Cama de Procusto

15 de septiembre de 2012 Deja un comentario Go to comments

[Nota: Esta es la sexta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, o quinta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Presentándome todos tus hechos y razones, has asumido que tal Dios no existe. Has dado por hecho que no necesitas ningún emplazamiento de ningún tipo exterior a ti. Has asumido la autonomía de tu propia experiencia.

Consecuentemente eres incapaz – esto es, sin voluntad – de aceptar como hecho cualquier hecho que cuestionaría tu auto-suficiencia. Y estás obligado a llamar contradictorio lo que no entra en la capacidad de tus poderes intelectuales. Recuerdas lo que el antiguo Procusto hizo. Si sus visitantes eran demasiado largos, serraba unos cuantos centímetros a cada extremo; si eran demasiado bajos, usaba el martillo para estirarlos. Siento que de esta manera has obrado con todos los hechos de la experiencia humana. Y te estoy pidiendo que seas crítico con esto en tu propia presuposición más básica. ¿No irás al sótano de tu propia experiencia para ver qué se ha estado acumulando allí mientras tú estabas ocupado aquí y allá con la inspección de la superficie de la vida? Puede que te sorprendas grandemente por lo que allí encuentres.

Para hacerme entender mejor, ilustraré lo que he dicho señalando cómo los filósofos modernos y los científicos manejan los hechos y las doctrinas del cristianismo.

Básico a todos los hechos y doctrinas del cristianismo y así involucrado en la creencia en Dios, está la doctrina de la creación. Ahora los filósofos modernos y los científicos en general declaran que sostener tal doctrina o creer en tal hecho es negar nuestra propia experiencia. Y dicen esto no simplemente en el sentido de que nadie ha estado ahí para ver cómo se hizo, sino en el sentido más básico de que es lógicamente imposible. Afirman que esto rompería las leyes fundamentales de la lógica.

El argumento actual en contra de la creación deriva de Kant. Puede que sea apropiado en las palabras de un filósofo más reciente, James Ward: “Si intentamos concebir a Dios no considerando el mundo, no hay nada que nos conduzca a la creación” (Realm of Ends, p.397). Esto quiere decir que, si ha de estar conectado al universo, Dios tiene que estar sujeto a las condiciones del universo. He aquí la doctrina de la antigua creación. Dice que Dios ha causado que el mundo existiera. ¿Pero qué es lo que queremos decir con “causa”? En nuestra experiencia, es lo que es lógicamente correlativo a la palabra “efecto”. Si tienes un efecto debes tener una causa y si tienes una causa debes tener un efecto. Si Dios causó al mundo, entonces debe de haber sido porque Dios no podía evitar producir un efecto. Y así el efecto puede en realidad ser llamado la causa de la causa. Nuestra experiencia puede entonces permitir ningún Dios aparte de aquel que es dependiente del mundo así como que el mundo es dependiente de Él.

El Dios del cristianismo no puede cumplir estos requisitos del hombre autónomo. Él declara ser Todo-Suficiente. Declara haber creado al mundo, no por necesidad sino por su voluntad libre. Declara no haberse cambiado en Sí Mismo cuando creó el mundo. Su existencia, debe decirse entonces, es imposible, y toda la doctrina de la creación tiene que ser considerada una absurdidad.

La doctrina de la providencia también se dice que varía con la experiencia. Esto no es sino natural. Alguien que rechaza la creación debe lógicamente rechazar también la providencia. Si todas las cosas están controladas por la providencia de Dios, se nos dice, no puede haber nada nuevo y la historia no es sino un baile de marionetas.

Ves entonces que podría presentarte un gran número de hechos para demostrar la existencia de Dios. Podría decir que cualquier efecto necesita una causa. Podría indicar hacia la maravillosa estructura del ojo como la evidencia del propósito de Dios en la naturaleza. Podría invocar la historia de la humanidad en el pasado para probar que ha sido dirigida y controlada por Dios. Ninguna de estas evidencias te afectaría. Dirías simplemente que de cualquier manera en que podamos explicar la realidad, no podemos involucrar a Dios. Causa y propósito, sigues repitiendo, son palabras que nosotros los seres humanos usamos con respecto a las cosas de nuestro alrededor porque parecen actuar como actuamos nosotros, pero solo hasta ahí llegamos.

Y, cuando la evidencia adecuada para el Cristianismo te es presentada, el procedimiento es el mismo. Si te digo que las profecías de las Escrituras han sido cumplidas, me contestarías simplemente que eso es lo que nos parece con naturalidad a mí y a otros, pero que en la realidad no es posible para ninguna mente predecir el futuro desde un punto en el pasado. Si lo fuera, todo estaría fijado y la historia estaría sin novedad ni libertad.

Si indicara después a los muchos milagros, el cuento vuelve a repetirse. Para ilustrar este punto cito al tardío Dr. William Adams Brown, un teólogo modernista prominente. “Coge cualquiera de los milagros del pasado”, dice Brown, “La concepción virginal, la resucitación de Lázaro, la resurrección de Jesucristo. Supón que puedes demostrar que estos eventos ocurrieron igual que como se dice que ocurrieron. ¿Qué has conseguido? Has demostrado que nuestra visión previa sobre los límites de lo posible necesitan ser alargados; que nuestras previas generalizaciones fueron demasiado estrechas y necesitan revisión; que los problemas se juntan sobre los orígenes de la vida y su renovación de una manera que no éramos conscientes hasta ahora. Pero lo que no has demostrado, lo que no puedes demostrar, es que un milagro haya pasado; pues eso es confesar que estos problemas son inherentemente insolubles, lo que no puede determinarse hasta que todos los test posibles hayan sido realizados” (God at Work, New York, 1933, p.169). Puedes ver con cuánta confianza usa Brown su arma de la imposibilidad lógica en contra de la idea de un milagro. Muchos de los antiguos críticos de las Escrituras cuestionaban la evidencia de los milagros en este o aquel punto. Hicieron algo así como una lenta y progresiva invasión a la isla del cristianismo. Brown, por el otro lado, concluye el problema de una vez con una gran cantidad de Stukas desde el cielo. Quiere ser el primero en tomar rápidamente el control de todo el campo. Y esto lo hace aplicando directamente la ley de la no-contradicción. Solo es posible aquello, dice Brown, que puedo demostrar a ser lógicamente relacionado según mis leyes de la lógica. Así que si los milagros quieren mantenerse desde el punto de vista científico, es decir, ser reconocidos como hechos verdaderos, tienen que demandar la admisión en la puerta de entrada a la tierra de los esfuerzos científicos. Y la admisión les será dada tan pronto como se sometan al pequeño proceso de generalización que les priva de su singularidad. Los milagros tienen que enseñar los papeles de la naturalización si quieren votar en la república de la ciencia y tener influencia allí.

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  1. 25 de septiembre de 2012 en 21:51

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