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Previo al Argumento… Era Dios

20 de octubre de 2012 Deja un comentario Go to comments

[Nota: Esta es la novena y última parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, u octava parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Bus leavingVeo que quieres irte a casa. Y no te culpo; el último autobús parte a las doce. Me gustaría conversar en otra ocasión. Te invito a cenar el próximo domingo. Pero he pinchado tu burbuja, así que puede que no vuelvas. Y aún así puede que lo hagas. Eso depende del placer del Padre. En el fondo de tu corazón sabes muy bien que lo que he dicho sobre ti es verdad. Sabes que no hay unidad en tu vida. No quieres al Dios que por Su consejo ofrece la unidad que necesitas. Tal Dios, dices, no permitiría nada nuevo. Así que ofreces tu propia unidad. Pero esta unidad debe, por tu propia definición, no matar aquello que es totalmente nuevo. Así que debe estar en contra de lo que es completamente nuevo y para nada tocarlo, nunca. Y de este modo por tu lógica hablas sobre posibilidades e imposibilidades, pero todo este hablar es al aire. Por tus propios criterios nunca puede tener nada que ver con la realidad. Tu lógica afirma tratar con problemas eternos e invariables; y tus hechos son cosas totalmente cambiantes; y “nunca las dos se encontrarán”. Así que has dejado sin sentido tu propia experiencia. Con el hijo pródigo estás en las pocilgas de cerdos, pero puede ser que, a diferencia del pródigo, rehusarás volver a la casa del padre.

Por el otro lado por mi creencia en Dios yo sí tengo unidad en mi experiencia. Por supuesto que no la clase de unidad que tú quieres. No una unidad que es el resultado de mi propia determinación autónoma sobre lo que es posible. Sino una unidad que está por encima de la mía y anterior a la mía. Sobre la base del consejo de Dios puedo buscar hechos y encontrarlos sin destruirlos previamente. Sobre la base del consejo de Dios puedo ser un buen físico, un buen biólogo, un buen psicólogo, o un buen filósofo. En todos estos campos uso mis capacidades de orden lógico para ver tanto orden en el universo de Dios como se le pueda dar a ver a una criatura. Las unidades, o sistemas que yo hago, son verdaderas porque son indicaciones genuinas hacia la unidad básica original que se encuentra en la unidad de Dios.

Mirándome veo tanto orden como desorden en todas las esferas de la vida. Pero miro al orden y al desorden en luz de Aquel que Ordena, Quien está detrás de ambos. No necesito negar ninguna de ellas por el interés a favor del optimismo o a favor del pesimismo. Veo a los grandes hombres de la biología buscando diligentemente bajo cada piedra para demostrar que la doctrina de la creación no es verdadera con respecto del cuerpo humano, solo para regresar y decir que el eslabón perdido sigue estando perdido. Veo a los grandes hombres de la psicología buscando a lo hondo y a lo lejos en la subconsciencia, del niño y del animal, para demostrar que las doctrinas de la creación y de la providencia no son verdaderas con respecto del alma humana, solo para regresar y admitir que el abismo entre la inteligencia del animal y del hombre es tan grande como siempre lo fue. Veo a los grandes hombres de la lógica y de la metodología científica buscar en las profundidades de lo trascendental para una validez que no será llevada por la corriente siempre cambiante de lo que es totalmente nuevo, solo para regresar y decir que no pueden encontrar ningún puente desde la lógica a la realidad, o desde la realidad a la lógica. Y aún así encuentro a todos estos, aunque estando cabeza abajo, declarando muchas cosas que son ciertas. Tan solo necesito poner sus declaraciones de pie, haciendo a Dios en vez de al hombre como el centro de todo, y tengo una exposición maravillosa de los hechos tal como Dios ha pretendido que los viera.

Y si mi unidad es lo suficientemente comprensible para incluir los esfuerzos de aquellos que lo rechazan, es lo suficientemente largo hasta para incluir aquello que los que han sido rectificados por la regeneración no pueden ver. Mi unidad es la de un niño que pasea con su padre por el bosque. El niño no tiene miedo porque su padre lo conoce todo y es capaz de manejar cualquier situación. Así que sin reparos acepto que hay algunas “dificultades” con respecto a creer en Dios y a Su revelación en la naturaleza y a las Escrituras que no puedo resolver. De hecho hay misterio en cada relación con cada hecho con el que me enfrento, por la razón de que todos los hechos tienen su explicación final en Dios cuyos pensamientos son más altos que mis pensamientos, y cuyos caminos son más altos que mis caminos. Y es exactamente aquel tipo de Dios el que necesito. Sin tal Dios, sin el Dios de la Biblia, el Dios de la autoridad, el Dios que es auto-contenido y por consiguiente incomprensible al hombre, no habría sentido en nada. Ningún ser humano puede explicar el sentido de ver a través de todas estas cosas, sino solo el que cree en Dios tiene el derecho a sostener que sí hay una explicación.

Puedes ver que cuando fui joven fui condicionado desde todos lados; no pude no creer en Dios. Ahora que soy mayor sigo sin poder dejar de creer en Dios. Ahora creo en Dios porque, a menos que le tenga a Él como el Todo-Condicionador,  la vida es Caos.

No te convertiré al final de mi argumento. Pienso que el argumento es válido. Mantengo que la creencia en Dios no es meramente tan razonable como otra creencia, o incluso un poco o indefinidamente más probablemente verdadera que otra creencia; mantengo que a menos que creas en Dios no puedes creer lógicamente en ninguna otra cosa. Pero como creo en tal Dios, un Dios que te ha condicionado a ti tanto como a mí, sé que puedes, para tu propia satisfacción, con la ayuda de los biólogos, de los psicólogos, de los lógicos, y de los críticos de la Biblia, reducir todo lo que he dicho esta tarde a meras divagaciones circulares de un autoritariano sin esperanza. Pues bien, mis divagaciones han sido, puedes estar seguro, circulares; han hecho que todo se  vuelva a Dios. Ahora te dejaré con Él, y con Su misericordia.

Fin.

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