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El Origen del Darwinismo, Parte I

5 de diciembre de 2012 Deja un comentario Go to comments

Por Greg Bahnsen

The Origin of Species Book

La especulación evolucionaría fue un asalto directo sobre la doctrina bíblica de la creación y por consiguiente retó la existencia del Dios personal, transcendente, y soberano del Cristianismo. Si el hombre emergió a partir de un supuesto cieno, eventualmente la implicación no podría ser nada sino la muerte del teísmo bíblico (y así la muerte del hombre como hombre, tal como el poeta Hardy comprendió en su pesimismo estoico en la cara lúgubre del azar ciego – muy diferente de sus contemporáneos optimistas). Cuestionando la creación, la teoría de la evolución tuvo significado extendiéndose más allá de una preocupación biológica restringida a la antropología, sociología, cultura, filosofía, y ciencia en general. Por supuesto Charles Darwin estaba bien consciente de este hecho. En uno de sus cuadernos más tempranos escribe la declaración profética de que su teoría de la evolución afectaría a toda la metafísica. Sobre el libro de Darwin El Origen de las Especies (1859) Josiah Royce comentó: “Exceptuando tan solamente la obra de Newton, “Principia”, ningún otro libro de ciencia empírica ha tenido más importancia para la filosofía que esta obra de Darwin”.[1] Darwin invitó a abandonar la presuposición común de una creación ordenada y madura por un Dios personal; reemplazando esta presuposición con la de la evolución, Darwin alteró toda la dirección y el empuje del pensamiento del siguiente siglo. Will Durant observó sobre Darwin,

Puede ser ciertamente que para la posteridad su nombre sea visto como un momento decisivo en el desarrollo intelectual de nuestra civilización occidental… Si él estaba en lo cierto, se tendrá que establecer el año 1859 como el comienzo del pensamiento moderno.[2]

Desde la llegada de Darwin, el pensamiento moderno ha cambiado definitivamente al modelo metafísico de proceso y alteración en vez de la substancia y permanencia, a conversión en vez de ser. La filosofía reciente (y, viniendo detrás, la teología reciente) parece haber retornado a Heráclito y hecho un segundo paso en su río del flujo constante de la metafísica. “La reafirmación del cambio y la exploración de su estructura es una característica saliente del pensamiento contemporáneo”.[3] La especulación evolucionista y de proceso ha llegado a ser dominante, y los paradigmas presuposicionales han sido alterados tan radicalmente, que la doctrina de la creación por un Dios transcendente está desechada desde el mismo principio.

Mientras que en los siglos pasados una teoría de la creación hubiera sido más esperada, la situación actual está dominada por un prejuicio anti-metafísico, por un lado, y por el prejuicio anti-transcendente de muchos de los líderes metafísicos, por el otro. Una teoría de la creación es ahora una anomalía.[4]

La profecía de Darwin ha sido cumplida. ¿Por qué ha sido la especulación evolucionista tan grandemente endosada? ¿Por qué ha sido el darwinismo exitoso en redirigir todo el campo de la metafísica y de la teología? Dos respuestas son con prontitud sugeridas. Primero, puede ser que la evolución fue una apariencia científica que tenía excelentes credenciales como análisis con valor y definitivo sostenido por pruebas convincentes en toda coyuntura crucial. Esto es, que quizá la teoría de la evolución no podía ser ignorada porque estaba sostenida por argumentación excelente y empíricamente convincente. T.A. Goudge ofrece tal explicación; notando que Darwin fue un “biólogo británico cuya teoría de la evolución orgánica revolucionó la ciencia, filosofía, y teología”, Goudge continúa diciendo:

Incluso si nunca hubiera escrito El Origen de las Especies (1859) y El Origen del Hombre (1871), seguiría siendo considerado como uno de los grandes biólogos del siglo diecinueve. Por supuesto, fueron estos dos libros los que lo hicieron el iniciador de una revolución en el pensamiento mucho más extendida que la comenzada por Copérnico. Estableció más allá de cualquier duda razonable que todas las cosas vivientes, incluido el hombre, se han desarrollado desde unas pocas formas extremadamente simples, quizá una sola forma, por un proceso gradual de ascendencia con modificación. Lo que es más, formuló una teoría (selección natural), sosteniéndola con un gran cuerpo de pruebas, para explicar este proceso…[5]

[Parte 2 aquí]

——

[1] The Spirit of Modern Philosophy, 2nd ed. (New York: Braziller, 1955), p. 286.

[2] Great Men of Literature (Garden City, N.Y.: Doubleday & Co., 1931), p.22.

[3] Milic Capek, “Change,” The Encyclopedia of Philosophy (EP hereafter), ed. Paul Edwards (New York: Macmillan Publishing Co., 1967), II, 78.

[4] Robert C. Neville, God the Creator (Chicago: University of Chicago Press, 1968), p. 7.

[5] “Darwin, Charles Robert,” EP, II, 294.

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  1. 6 de diciembre de 2012 en 10:55

    Está interesante y prometedora esta serie, estaré pendiente de las nuevas publicaciones, Saludos

  1. 2 de enero de 2013 en 23:51

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