Un Adán Bíblico y Científico, parte I

Por Vern S. Poythress

¿Existieron Adán y Eva? ¿Dice la ciencia lo contrario? El proyecto del genoma humano produjo voluminosos datos sobre la información contenida en el ADN humano. Varios medios de comunicación y científicos nos dicen que esta información demuestra nuestra ascendencia de los simios. ¿Cómo evaluamos estas declaraciones?

La evaluación es importante por razones teológicas. En la medida que las declaraciones basadas en la genética han crecido, la discusión teológica sobre Adán se ha ido caldeando. De personas con entrenamiento bíblico y teológico escuchamos el argumento de que debemos revisar nuestro entendimiento de la Biblia y la teología porque tenemos que aceptar que la evolución es un hecho establecido.[1] Como respuesta, oímos el argumento contrario de que la Biblia y la teología nos llaman a guardar la convicción de que Adán fue un individuo histórico cuya caída en el pecado resultó en culpa y pecado para todos sus descendientes.[2] Desde ambos lados, personas con entrenamiento en estudios bíblicos comprensiblemente han evitado discutir en detalle el carácter de las afirmaciones científicas, y aún así estas han influenciado grandemente, como es obvio, el lado que ha abandonado la comprensión tradicional sobre Adán.[3] Es importante llevar a cabo una evaluación informada teológicamente sobre las afirmaciones que vienen de la genética.

No podemos dentro de un corto espacio examinar todas las afirmaciones y toda la evidencia en detalle. Pero podemos resumir algunos de los puntos principales, y dirigir a los lectores a información más extensa.

Noventa y nueve por ciento de ADN en común

Podemos comenzar con una estadística comúnmente citada, la identidad del 99% entre el ADN humano y el ADN del chimpancé. En 2005 el Servicio de Noticias de la Universidad de Cornell informó: “Los chimpancés y los humanos comparten un ancestro común, y hasta el día de hoy el 99 por ciento del ADN de las dos especies es idéntica”.[4] En el año 2010 la Universidad de California en las Noticas de San Francisco mencionó la siguiente cifra: “El código genético de los chimpancés y los humanos son idénticos en el 99%”.[5] En 2005 las noticias del Instituto Nacional de Salud informaron, “Nuestros parientes más cercanos comparten una perfecta identidad con el 96 por ciento de nuestra secuencia del ADN”.[6]

Pero hacer estas afirmaciones es más complicado de lo que parece. Hay que notar que el informe del INS menciona un 96 por ciento en vez de un 99 por ciento. ¿Por qué? El mismo informe del INS incluye también la cifra del 99 por ciento  más adelante en su descripción, por lo que ninguna de estas cifras son errores. Resulta que la cifra del 99 por ciento sale al usar un número de restricciones: (1) ignorar las porciones repetitivas, (2) comparar solo secuencias que pueden ser alineadas naturalmente la una con la otra, y (3) considerar solo las sustituciones par-base, no los “indels” (ver más abajo).

Las comparaciones de este tipo se vuelven técnicas, porque puede haber varias clases de correspondencia y no correspondencia entre los filamentos del ADN. Vamos a exponer brevemente algunas de estas cosas. En el nivel de la estructura molecular, el ADN contiene un “código” compuesto de cuatro “letras”, estas siendo ACGT (por las cuatro bases diferentes; adenina, cisotina, guanina y timina). En código ADN usa una secuencia particular de letras, como ATTGTTCTGCGGC, para especificar la secuencia exacta de aminoácidos que tienen que ser usados para construir una proteína.[7] El ADN humano y el de chimpancé se alinean cuando uno encuentra la misma secuencia de letras en los dos tipos de ADN:

1

Una variación es llamada “sustitución” cuando hay una letra diferente en algún punto de la secuencia:

DNA Strand Aligning

(La T no coincide con la G en la mitad de la secuencia.) Una variación es llamada un “indel” (para insertion/deletion, [inserción/eliminación, n.tr.]) cuando una de las secuencias tiene letras extra:

DNA Indel

Si la comparación se centra solo en sustituciones con regiones alineadas de código proteínico, la coincidencia es del 99%. Los indels constituyen aproximadamente un 3 por ciento de diferencia además del uno por ciento de las sustituciones, llevando a la cifra del 96 por ciento ofrecida por el INS.

O menos

Pero tan solo hemos comenzado. La cifra del 96 por ciento trata solo con las regiones del ADN donde un alineamiento o una secuencia parcialmente coincidente pueden ser encontradas. Resulta que no todas las regiones del ADN humano se alinean con el ADN del chimpancé. Un artículo técnico en el año 2002 informó que un 28 por ciento del ADN total tiene que ser excluido por causa de problemas con los alineamientos, y que “para el 7% de secuencias de chimpancé, ninguna región con similitudes pudieron ser encontradas en el genoma humano”.[8]

Hasta donde hay alineamiento, el alineamiento con el ADN de otros primates puede ser más parecido que el alineamiento con el ADN del chimpancé: “Para alrededor del 23% de nuestro genoma, no compartimos genética ancestral inmediata con nuestro pariente vivo más cercano, el chimpancé. Esto comprende todos los genes y los exones en el mismo grado que las regiones intergénicas”.[9] El estudio en cuestión analizó similitudes con el orangután, el gorila, y el mono Rhesus, y descubrió casos donde el ADN humano se alinea mejor con el de uno de estos que con el de los chimpancés.

El desafío de la interpretación de datos

Los datos del proyecto del genoma humano y proyectos similares para los chimpancés y otros animales tienen que ser interpretados. No  se interpretan a sí mismos. ¿Cuál es el significado de las similitudes? ¿Enseñan estas que ciertamente los seres humanos tienen ancestros simios? ¿Implican que somos poco más que simios desnudos? ¿Nos dicen quién somos como seres humanos?

El marco [cosmovisión, n.tr.] dominante para la interpretación de la información genética y el origen biológico es el Darwinismo. El Darwinismo es mucho más que la observación de que podemos criar perros o que podemos estudiar los efectos de las mutaciones en las moscas de la fruta.[10] El Darwinismo dice que todos los tipos de seres vivientes llegaron a existir por procesos puramente gradualistas. En la mente común, y ciertamente también para muchos científicos, el Darwinismo también implica la asunción adicional de que los procesos de cambio a lo largo del tiempo no fueron guiado y fueron sin propósito – en otras palabras, Dios, si existe, está ausente. Cuando se aplica a la cuestión de los orígenes humanos, el Darwinismo implica que estamos aquí por accidente, y que el tipo de raza en el que nos encontramos es un accidente. El Darwinismo excluye el diseño por un Diseñador sobrenatural; también excluye en principio la idea de un origen inmediato de un nuevo ser viviente a través de la creación directa a partir de material no viviente, o simplemente a través de mutaciones simultáneas múltiples, o a través de reorganizaciones a gran escala de células vivientes, o cualquier otro tipo de evento que realísticamente podría haber ocurrido solo por la presencia de un Diseñador.

Tenemos que tener en cuenta la influencia del Darwinismo como marco, porque el marco guía a las personas en la interpretación del significado de las similitudes genéticas. Las similitudes existen – sobre eso no hay duda. ¿Pero qué significan?

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[La segunda parte está publicada aquí]

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[1] Peter Enns, The Evolution of Adam: What the Bible Does and Doesn’t Say about Human Origins (Grand Rapids: Brazos, 2012).

[2] J.P. Versteeg, Adam in the New Testament: Mere Teaching Model or First Historical Man? (traducido y con  prólogo por Richard B. Gaffin, Jr.; Phillipsburg, N.J.: Presbyterian & Reformed, 2012); C. John Collins, Did Adam and Eve Really Exist? Who They Were and Why You Should Care (Wheaton: Crossway, 2011).

[3] Enns, Evolution of Adam, ix-x; Richard B. Gaffin, Jr., prólogo a Adam in the New Testament, por Versteeg, xii: “Los temas científicos involucrados, ciertamente importantes y con necesidad de cuidadosa atención, no son mi preocupación aquí”.

[4] Krishna Ramanujan, “Genetic Divergence of Man from Chimp Has Aided Human Fertility but Could Have Made Us More Prone to Cancer, Cornell Study Finds,” Cornell University News Service, May 13, 2005,http://www.news.cornell.edu/stories/May05/Chimps.kr.html (accedido el 19 de septiembre de 2012).

[5] Jeffrey Norris, “What Makes Us Human? Studies of Chimp and Human DNA May Tell Us,” UCSF News Center, June 28, 2010,http://www.ucsf.edu/news/2010/06/5993/what-makes-ushuman-studies-chimp-and-human-dna-may-tell-us (accedido el 19 de septiembre de 2012).

[6] “New Genome Comparison Finds Chimps, Humans Very Similar at the DNA Level,” NIH News: National Institutes of Health, August 31, 2005,http://www.genome.gov/15515096 (accedido el 27 de septiembre de 2012).

[7] Pero hay AND que tiene otras funciones que la de codificar para proteínas. Ver más abajo. Una explicación más extensa puede encontrarse en muchos lugares, p.ej. Stephen C. Meyer, Signature in the Cell: DNA and the Evidence for Intelligent Design (New York: HarperOne, 2009).

[8] Ingo Ebersberger et al., “Genomewide Comparison of DNA Sequences between Humans and Chimpanzees,” American Journal of Human Genetics 70, no. 6 (June 1, 2002): 1490-97 [1492-93], http://www.cell.com/AJHG/abstract/S0002-9297%2807%2960701-0 (accedido el 19 de septiembre de 2012).

[9] Ingo Ebersberger et al., “Mapping Human Genetic Ancestry,” Molecular Biology and Evolution 24, no. 10 (2007): 2266,http://mbe.oxfordjournals.org/content/24/10/2266.full.pdf (accedido el 19 de septiembre de 2012); referenciado por Casey Luskin, “Study Reports a Whopping ‘23% of Our Genome’ Contradicts Standard Human-Ape Evolutionary Phylogeny,” Evolution News, 3 de Junio de 2011, http://www.evolutionnews.org/2011/06/study_reports_a_whopping_23_of047041.html(accedido el 19 de septiembre de 2012).

[10] Para una exposición clara sobre los diferentes significados de “evolución”, se puede ver John C. Lennox, God’s Undertaker: Has Science Buried God? (Oxford: Lion, 2009), 100-108.

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