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¿Existe Dios? Debate de Gordon Stein y Greg Bahnsen

20 de febrero de 2014 Deja un comentario

Os presento el debate entre el ateo Gordon Stein y el cristiano Greg Bahnsen subtitulado, provisto por Fundamento Firme.

Previo al Argumento… Era Dios

20 de octubre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la novena y última parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, u octava parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Bus leavingVeo que quieres irte a casa. Y no te culpo; el último autobús parte a las doce. Me gustaría conversar en otra ocasión. Te invito a cenar el próximo domingo. Pero he pinchado tu burbuja, así que puede que no vuelvas. Y aún así puede que lo hagas. Eso depende del placer del Padre. En el fondo de tu corazón sabes muy bien que lo que he dicho sobre ti es verdad. Sabes que no hay unidad en tu vida. No quieres al Dios que por Su consejo ofrece la unidad que necesitas. Tal Dios, dices, no permitiría nada nuevo. Así que ofreces tu propia unidad. Pero esta unidad debe, por tu propia definición, no matar aquello que es totalmente nuevo. Así que debe estar en contra de lo que es completamente nuevo y para nada tocarlo, nunca. Y de este modo por tu lógica hablas sobre posibilidades e imposibilidades, pero todo este hablar es al aire. Por tus propios criterios nunca puede tener nada que ver con la realidad. Tu lógica afirma tratar con problemas eternos e invariables; y tus hechos son cosas totalmente cambiantes; y “nunca las dos se encontrarán”. Así que has dejado sin sentido tu propia experiencia. Con el hijo pródigo estás en las pocilgas de cerdos, pero puede ser que, a diferencia del pródigo, rehusarás volver a la casa del padre.

Por el otro lado por mi creencia en Dios yo sí tengo unidad en mi experiencia. Por supuesto que no la clase de unidad que tú quieres. No una unidad que es el resultado de mi propia determinación autónoma sobre lo que es posible. Sino una unidad que está por encima de la mía y anterior a la mía. Sobre la base del consejo de Dios puedo buscar hechos y encontrarlos sin destruirlos previamente. Sobre la base del consejo de Dios puedo ser un buen físico, un buen biólogo, un buen psicólogo, o un buen filósofo. En todos estos campos uso mis capacidades de orden lógico para ver tanto orden en el universo de Dios como se le pueda dar a ver a una criatura. Las unidades, o sistemas que yo hago, son verdaderas porque son indicaciones genuinas hacia la unidad básica original que se encuentra en la unidad de Dios.

Mirándome veo tanto orden como desorden en todas las esferas de la vida. Pero miro al orden y al desorden en luz de Aquel que Ordena, Quien está detrás de ambos. No necesito negar ninguna de ellas por el interés a favor del optimismo o a favor del pesimismo. Veo a los grandes hombres de la biología buscando diligentemente bajo cada piedra para demostrar que la doctrina de la creación no es verdadera con respecto del cuerpo humano, solo para regresar y decir que el eslabón perdido sigue estando perdido. Veo a los grandes hombres de la psicología buscando a lo hondo y a lo lejos en la subconsciencia, del niño y del animal, para demostrar que las doctrinas de la creación y de la providencia no son verdaderas con respecto del alma humana, solo para regresar y admitir que el abismo entre la inteligencia del animal y del hombre es tan grande como siempre lo fue. Veo a los grandes hombres de la lógica y de la metodología científica buscar en las profundidades de lo trascendental para una validez que no será llevada por la corriente siempre cambiante de lo que es totalmente nuevo, solo para regresar y decir que no pueden encontrar ningún puente desde la lógica a la realidad, o desde la realidad a la lógica. Y aún así encuentro a todos estos, aunque estando cabeza abajo, declarando muchas cosas que son ciertas. Tan solo necesito poner sus declaraciones de pie, haciendo a Dios en vez de al hombre como el centro de todo, y tengo una exposición maravillosa de los hechos tal como Dios ha pretendido que los viera.

Y si mi unidad es lo suficientemente comprensible para incluir los esfuerzos de aquellos que lo rechazan, es lo suficientemente largo hasta para incluir aquello que los que han sido rectificados por la regeneración no pueden ver. Mi unidad es la de un niño que pasea con su padre por el bosque. El niño no tiene miedo porque su padre lo conoce todo y es capaz de manejar cualquier situación. Así que sin reparos acepto que hay algunas “dificultades” con respecto a creer en Dios y a Su revelación en la naturaleza y a las Escrituras que no puedo resolver. De hecho hay misterio en cada relación con cada hecho con el que me enfrento, por la razón de que todos los hechos tienen su explicación final en Dios cuyos pensamientos son más altos que mis pensamientos, y cuyos caminos son más altos que mis caminos. Y es exactamente aquel tipo de Dios el que necesito. Sin tal Dios, sin el Dios de la Biblia, el Dios de la autoridad, el Dios que es auto-contenido y por consiguiente incomprensible al hombre, no habría sentido en nada. Ningún ser humano puede explicar el sentido de ver a través de todas estas cosas, sino solo el que cree en Dios tiene el derecho a sostener que sí hay una explicación.

Puedes ver que cuando fui joven fui condicionado desde todos lados; no pude no creer en Dios. Ahora que soy mayor sigo sin poder dejar de creer en Dios. Ahora creo en Dios porque, a menos que le tenga a Él como el Todo-Condicionador,  la vida es Caos.

No te convertiré al final de mi argumento. Pienso que el argumento es válido. Mantengo que la creencia en Dios no es meramente tan razonable como otra creencia, o incluso un poco o indefinidamente más probablemente verdadera que otra creencia; mantengo que a menos que creas en Dios no puedes creer lógicamente en ninguna otra cosa. Pero como creo en tal Dios, un Dios que te ha condicionado a ti tanto como a mí, sé que puedes, para tu propia satisfacción, con la ayuda de los biólogos, de los psicólogos, de los lógicos, y de los críticos de la Biblia, reducir todo lo que he dicho esta tarde a meras divagaciones circulares de un autoritariano sin esperanza. Pues bien, mis divagaciones han sido, puedes estar seguro, circulares; han hecho que todo se  vuelva a Dios. Ahora te dejaré con Él, y con Su misericordia.

Fin.

Leopardos, Etíopes, Agnósticos y Ateos

8 de octubre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la octava parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Parece que hemos llegado a una parte un tanto delicada. Hemos acordado al principio que nos diríamos toda la verdad el uno al otro. Si te he ofendido ha sido porque no me atrevo, ni siquiera considerando el interés para ganarte, a ofender a Dios. Has hecho del alcance de tu intelecto el estándar o criterio sobre lo que es posible y lo que no es posible. Así que prácticamente has determinado que tu intención es nunca encontrarte con un hecho que apunte hacia Dios. Hechos, para ser tales – hechos, esto es, con una posición decente científica y filosóficamente – deben tener tu sello en vez del de Dios como su creador.

Por supuesto me doy cuenta completamente que no pretendes crear árboles y elefantes. Pero prácticamente afirmas que los árboles y los elefantes no pueden ser creados por Dios. Has oído del hombre que nunca quiso ver  o ser una vaca púrpura. Pues bien, tú prácticamente has determinado que nunca vas a ver o ser un hecho creado. Con Sir Arthur Eddington dices, “Lo que mi red no puede coger no son peces”.

Tampoco pretendo, claramente, que, una vez hayas sido posicionado cara a cara con esta condición, puedas cambiar tu actitud. No más de lo que el etíope puede cambiar su piel o el leopardo sus manchas puedes cambiar tu actitud. Has cementado tus gafas de colores a tu cara tan firmemente que no puedes siquiera quitártelos cuando duermes. Freud no ha visto ni un mero destello de la pecaminosidad del pecado tal como controla el corazón humano. Tan solo el Gran Médico por medio de Su propiciación en sangre en la Cruz y por el regalo de Su Espíritu puede quitarte esas gafas coloridas y hacerte ver los hechos tal como son, hechos como prueba, como prueba inherentemente convincente, de la existencia de Dios.

Debería estar muy claro ahora en qué clase de Dios creo yo. Es Dios, el Todo-Condicionante. Es el Dios que creó todas las cosas, quien por Su providencia condicionó mi juventud, haciéndome creer en Él, y quien en mi madurez por su gracia sigue haciéndome querer creer en Él. Es el Dios que también controló tu juventud y hasta aquí, al parecer, no te ha dado su gracia para que creas en Él.

Puedes entonces contestar a esto: “¿Entonces cuál es la utilidad de discutir y razonar conmigo?” Pues bien, hay mucha utilidad en esto. Ves, si eres realmente una criatura de Dios, siempre le eres accesible a Él. Cuando Lázaro estuvo en la tumba aún le era accesible a Cristo quien le llamó de vuelta a la vida. Es de esto de lo que los verdaderos predicadores dependen. El hijo pródigo pensó que había escapado completamente de la influencia de su padre. En realidad el padre controlaba las “tierras lejanas” a las que el hijo pródigo había ido. Lo mismo pasa con el razonar. El verdadero razonar sobre Dios es tal que solamente Dios es el único emplazamiento que da sentido a cualquier tipo de argumento humano. Y tal razonar, podemos esperar por un buen motivo, será usado por Dios para romper el carruaje de un solo caballo de la autonomía humana.

Sin Papeles

25 de septiembre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la séptima parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, o sexta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Considera ahora los cuatro puntos que he mencionado – creación, providencia, profecía, y milagro. Todos juntos representan el total del teísmo cristiano. Juntos incluyen lo que está involucrado en la idea de Dios y lo que Él ha hecho a nuestro alrededor y para nosotros. Muchas veces y de muchas maneras la evidencia para todos estos ha sido presentada. Pero siempre tienes una respuesta efectiva a mano. ¡Es imposible! ¡Es imposible! Actúas como el jefe de la oficina de correos que ha recibido un buen montón de cartas escritas en idiomas extranjeros. Dice que los entregará tan pronto como estén escritas respetando el uso y la gramática del inglés tal como aparece en los libros de texto. Hasta entonces tienen que esperar en el departamento de cartas inactivas. La base de todas las objeciones que el filósofo y científico normal levanta contra la evidencia de la existencia de Dios es la afirmación o la presuposición de que aceptar tal evidencia sería violar las reglas de la lógica.

Veo que estás bostezando. Tomémonos un descanso para comer ahora. Porque hay otro punto en esta conexión que tengo que hacer. No cabe lugar a dudas de que alguna vez en tu vida has ido a un dentista. Un dentista perfora a más y más profundidad y en un final llega al nervio del asunto.

Ahora, antes de que perfore en el nervio del asunto, tengo que disculparme de nuevo. El hecho de que tantas personas están expuestas al total de la evidencia de la existencia de Dios y aun así no creen en Él nos desanima mucho. Por esto hemos adoptado medidas desesperadas. Ansiosos por ganar vuestro favor, hemos comprometido de nuevo a nuestro Dios. Habiendo comprobado el hecho de que los hombres no ven, hemos concedido que lo que ellos deberían ver es difícil de ver. En nuestra gran preocupación de ganar hombres hemos permitido que la evidencia para la existencia de Dios sea solo probablemente convincente. Y desde esa fatal confesión hemos ido un paso más abajo hasta el punto de admitir o virtualmente admitir que realmente no es para nada convincente. Y así nos retraemos al testimonio en vez de al argumento. Después de todo, decimos, Dios no se encuentra al final de un argumento; Él se encuentra en nuestros corazones. Así que simplemente testificamos a las personas que una vez estábamos muertos, y ahora vivimos, que una vez estábamos ciegos y ahora vemos, y renunciamos a todo argumento intelectual.

¿Supones que Dios aprueba esta actitud en Sus seguidores? Yo no lo creo. El Dios que declara haber creado todos los hechos y haber puesto su sello sobre ellos no concederá que haya en realidad alguna excusa para aquellos que rehúsan ver. Además, tal procedimiento se derrota a sí mismo. Si alguien en tu ciudad natal, Washington, niega que haya algo así como un Gobierno de los Estados Unidos, ¿lo llevarías hasta el río Potomac y le testificarías ahí que sí lo hay? Igualmente, tu experiencia y tu testimonio de la regeneración no tendrían ningún sentido si no fuera por la verdad objetiva de los hechos objetivos que presupone estas dos cosas. Un testimonio que no es un argumento tampoco es un testimonio, igual que un argumento que no es un testimonio ni siquiera es un argumento.

Veamos ahora lo que el filósofo moderno de la religión, que se apoya sobre el mismo fundamento que el filósofo, hará con nuestro testimonio. Este hace una distinción entre los datos crudos, sin procesar, y su causa, concediéndome los hechos crudos y guardando para él la explicación de la causa. El profesor James H. Lueba, un gran psicólogo de Bryn Mawr, tiene un procedimiento típico. Dice, “La realidad de cualquier dato dado – de una experiencia inmediata en el sentido en el cual el término se usa aquí, puede no ser impugnado: Cuando estoy con calor o con frío, triste o contento, desanimado o confiado, yo estoy con frío, triste, desanimado, etc., y cualquier argumento que pueda proceder a demostrarme que yo no tengo frío es, en la naturaleza del caso, absurdo; una experiencia inmediata no puede ser controvertida; no puede ser errónea”. Todo esto parece ser muy esperanzador en la superficie. El inmigrante tiene esperanza de tener una llegada rápida y sin problemas. Sin embargo, aún tiene que pasar la isla Ellis. “Pero si los datos crudos de la experiencia no están sujetos al criticismo, las causas atribuidas a ella sí lo son. Si digo que el estar con frío se debe a una ventana abierta, o que mi estado de exultación es debido a una droga, o que mi coraje renovado se debe a Dios, mi afirmación va más allá de mi experiencia inmediata; le he atribuido una causa, y esa causa puede ser la correcta o la errónea” (God Or Man, Nueva York, 1933, p.243). Y así el inmigrante tiene que esperar en la isla Ellis un millón de años. Esto quiere decir que yo, como creyente en Dios por medio de Cristo, atribuyo que he sido nacido de nuevo por medio del Espíritu Santo. El psicólogo dice que eso es dato crudo de la experiencia y como tal es indisputable. “Nosotros, dice él, no lo negamos. Pero no significa nada para nosotros. Si quieres que signifique algo para nosotros debes atribuir una causa a tu experiencia. Después examinaremos la causa. ¿Ha sido tu experiencia causada por el opio o por Dios? Tú dices que por Dios. Pues bien, eso es imposible porque los filósofos han demostrado que el creer en Dios es lógicamente contradictorio. Puedes volver en cualquier momento en cuanto hayas cambiado tu opinión sobre la causa de tu regeneración. Estaremos contentos de tenerte y te aceptaremos como un ciudadano de nuestro mundo, si tan solo te sacas los papeles de naturalización”.

Mis Disculpas, No Hemos Sido Radicales

10 de septiembre de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la quinta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, o cuarta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Obviamente no puedo entrar en una discusión sobre todos los hechos y todas las razones que se usan en contra de la creencia en Dios. Están aquellos que han hecho del Antiguo Testamento, así como aquellos que han hecho del Nuevo Testamento, su estudio durante toda su vida. Son sus escritos los que debes leer para una detallada refutación de los puntos sobre el criticismo bíblico. Otros se han especializado en física y biología. A ellos tengo que señalar para una discusión sobre los muchos puntos conectados con temas como la evolución. Pero hay algo que hay por debajo de todas estas discusiones. Y es con ese algo con lo que quiero tratar ahora.

Puede que pienses que me he expuesto terriblemente. En vez de hablar sobre Dios como algo vago e indefinido, según las maneras del modernista, de los Barthianos, y del místico, un dios tan vacío de contenido y tan alejado de la experiencia que no es capaz de exigir nada a los hombres, he desenvuelto la idea de Dios con ciencia “anticuada” y lógica “contradictoria”. Parece que haya puesto sal sobre la herida presentando el tipo de Dios más objetable que he podido encontrar. Debería serte muy fácil explotar mi burbuja. Veo que estás preparado para leerme hectáreas de hechos cogidos de los textos estándar de las universidades sobre física, biología, antropología, y psicología, o para aplastarme con tu tanque de sesenta toneladas cogidas del famoso libro de Kant, Crítica de la Razón Pura. Pero he estado bajo este pesado torrencial muchas veces hasta ahora. Antes de que hagas el esfuerzo de abrir el grifo de nuevo, hay un punto preliminar que quiero traer al frente. Ya me he referido a él cuando estábamos discutiendo el tema del test o del criterio.

El punto es este. No creyendo en Dios, hemos visto, no piensas que eres la criatura de Dios. Y no creyendo en Dios no crees que el universo haya sido creado por Dios. Esto quiere decir que piensas sobre ti mismo y sobre el universo como estando ahí sin más. Ahora bien, si de veras eres la criatura de Dios, entonces tu actitud actual es muy injusta respecto a Él. En tal caso es hasta un insulto hacia Él. Y habiendo insultado a Dios, Su disgusto descansa sobre ti. Dios y tú no estáis en “buenos términos”. Y tienes muy buenas razones para intentar demostrar que no existe. Si existe, te castigará por tu desprecio hacia Él. Llevas entonces gafas coloreadas. Y esto determina todo lo que dices sobre los hechos y las razones para no creer en Él. Has tenido tus picnics y tus partidas de caza en Su territorio sin pedirle permiso. Has cogido los racimos de la viña de Dios sin pagarle nada y has insultado a Sus representantes que te pidieron que lo hicieras.

Tengo que pedirte disculpas llegados a este punto. Nosotros los que creemos en Dios no siempre hemos dejado clara nuestra posición. Suficientemente a menudo hemos hablado contigo sobre hechos y razones válidas como si hubiéramos estado de acuerdo contigo sobre lo que estas cosas son en realidad. En nuestros argumentos para la existencia de Dios frecuentemente hemos asumido que tú y nosotros tenemos un área de conocimiento en el que estamos de acuerdo. Pero realmente no concedemos que veas ningún hecho en ninguna dimensión de la vida correctamente. En realidad pensamos que tienes gafas coloreadas sobre tu nariz cuando hablas sobre pollos y vacas, así como cuando hablas sobre la vida de después de la muerte. Deberíamos haberte dicho esto de una manera más clara que como lo hemos hecho hasta ahora. Pero ciertamente estábamos un poco avergonzados por lo que habrías pensado que es una posición muy extraña o extrema. Estábamos tan ansiosos de no ofenderte a ti que hemos ofendido a nuestro propio Dios. Pero no nos atrevemos a presentarte a nuestro Dios como más pequeño o menos exigente de lo que es en realidad. Quiere ser presentado como el Todo-Condicionador, como el lugar en el que hasta aquellos que lo niegan han de  emplazarse.

Fe y Conocimiento

8 de septiembre de 2012 Deja un comentario

 [Nota: Esta es la cuarta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí, la segunda aquí, y la tercera aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Estudios Superiores

Mientras tanto terminemos nuestra historia. A los diez años vine a este país y después de algunos años decidí estudiar para el pastorado. Esto involucró entrenamiento preliminar en un colegio y universidad cristianos. Todos mis profesores juraron enseñar sus asignaturas desde el punto de vista cristiano. ¡Imagínate enseñar no solo religión sino también álgebra desde un punto de vista cristiano! Y esto se hizo. Nos fue dicho que todos los hechos en todas sus relaciones, numéricas así como otras, son lo que son por el plan todo-incluyente de Dios con respecto a ellos. Así, las mismas definiciones de las cosas serían no solamente incompletas, sino del todo erróneas si Dios fuera dejado fuera del panorama. ¿No nos informaron sobre las los puntos de vista de los demás? ¿No oímos sobre la evolución y sobre Immanuel Kant, el gran filósofo moderno que demostró de modo concluyente que todos los argumentos de la existencia de Dios eran inválidos? Oh, sí, escuchamos sobre todas estas cosas, pero había refutaciones y estas refutaciones parecían estar a la altura.

En los seminarios que atendí, más exactamente Calvin, y Princeton antes de su reorganización en líneas semi-modernistas en 1929, la situación era la misma. Así por ejemplo el Dr. Robert Dick Wilson nos solía decir, y, hasta donde podíamos entender los idiomas, enseñarnos a partir de los documentos, que los “críticos superiores” no hicieron nada para dañar razonablemente nuestra fe inocente en el Antiguo Testamento como la Palabra de Dios. En modo similar el Dr. J. Gresham Machen y otros hicieron fuerte su declaración de que el cristianismo del Nuevo Testamento es intelectualmente defendible y que la Biblia está en lo cierto en sus afirmaciones. Puedes juzgar sus argumentos leyéndolos tú mismo. En resumen, escuché la historia del cristianismo histórico y la doctrina de Dios sobre la que está construido una y otra vez desde cada ángulo por aquellos que lo creyeron y fueron más capaces de interpretar su significado.

El contarte esta historia confío que ha ayudado a hacer la pregunta fundamental simple y clara. Ahora sabes con bastante claridad qué tipo de Dios es el Dios del que te estoy hablando. Si mi Dios existe fue Él quien estuvo detrás de mis padres y profesores. Fue Él quien condicionó todo lo que me condicionó en mis primeros años. Pero también fue Él quien condicionó todo lo que te condicionó a ti en tus primeros años de vida. Dios, el Dios del cristianismo, es el Todo-Condicionador.

Como el Todo-Condicionador, Dios es el Todo-Consciente. Un Dios que ha de controlar todas las cosas debe controlarlas “por el consejo de Su voluntad”. Si Él no hiciera esto, sería Él mismo condicionado. Así que mantengo que mi fe en Él y tu falta de fe en Él son igualmente sin sentido si no fuera por Él.

Objeciones Planteadas

A estas alturas probablemente te estés preguntando si he escuchado realmente las objeciones que se plantean en contra de la fe en tal Dios. Pues bien, creo que sí. Las escuché de mis profesores que buscaron responderlas. También las escuché de profesores que creyeron que no podían ser respondidas. Cuando era estudiante en el Seminario de Princeton en verano atendí clases en el Chicago Divinity School. Naturalmente oí la opinión liberal moderna sobre las Escrituras claramente expuesta. Y después de mi graduación en el seminario estuve dos años en la Universidad de Princeton para el trabajo de graduado en filosofía. Ahí las teorías de la filosofía moderna fueron igualmente expuestas y defendidas por hombres muy capaces. Para ser conciso, se me presentaron tantas razones para no creer como las que se me presentaron para creer. Oí en totalidad a ambos lados de aquellos que creían lo que enseñaban.

Me has convencido a decir esto por la expresión de tu cara. Tus gestos sugieren que no puedes entender cómo alguien familiarizado con los hechos y los argumentos presentados por la ciencia moderna y la filosofía puede creer en un Dios que verdaderamente creó al mundo, que realmente dirige todas las cosas del mundo con un plan para el fin que Él tiene para ellos. Pues bien, yo soy solo uno de los muchos que mantienen la antigua fe sabiendo en totalidad lo que dicen la ciencia moderna, la filosofía moderna, y el criticismo bíblico moderno.

El Valle de Los Ciegos

2 de septiembre de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la tercera parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí, y la segunda aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Por Qué Creo en Dios, Parte 3.

Educación Temprana

Al argumento en breve llegaremos. Una palabra más, de todos modos, sobre mi educación. Esto traerá todos los factores al panorama.

Aún no había cumplido cinco años cuando alguien – afortunadamente no me acuerdo quién fue – me llevó al colegio. En el primer día fui vacunado y me dolió. Aún lo puedo sentir. Ya había ido a la iglesia. Me acuerdo de eso perfectamente porque a veces me ponía mis zapatos de piel bien relucientes. Una fórmula fue leída sobre mí en mi bautismo que solemnemente declaró que fui concebido y nacido en pecado, la idea siendo que mis padres, como todos los hombres, heredaron el pecado de Adán, el primer humano y el representante de la raza humana. La fórmula más tarde declaró que aunque estaba condicionado por el inescapable pecado, yo, como hijo del Pacto, era redimido en Cristo. Y en la ceremonia mis padres solemnemente prometieron que tan pronto como yo fuera capaz de entender ellos me instruirían en todas estas cosas por todos los medios a su disposición.

Fue la búsqueda del cumplimiento de este juramento la razón por la que me enviaron a un colegio cristiano. Ahí aprendí que el ser salvo del pecado y el pertenecer a Dios marcaba la diferencia para todo lo que sabía o hacía. Vi el poder de Dios en la naturaleza y en Su providencia en el curso de la historia. Eso le dio el lugar apropiado a mi salvación, que tenía en Cristo. Resumidamente, todo el ancho mundo que gradualmente se me abría a través de mi educación era considerada como trabajando en cada aspecto bajo la dirección del todo-poderoso y todo-sabio Dios, cuyo hijo era yo a través de Cristo. Iba a aprender a pensar los pensamientos de Dios detrás de Él en cada campo o acción.

Naturalmente había peleas en el “campus” del colegio y yo estaba involucrado en alguna de ellas – pero no en todas. Los zapatos de madera eran maravillosas armas de guerra. Aunque estaba estrictamente prohibido el usarlos, hasta para propósitos defensivos. Siempre había clases tanto por profesores como por los padres sobre el pecado y el mal en conexión con nuestras proezas marciales. Este era el caso especialmente cuando un regimiento de nosotros salía a batallar con los pupilos del colegio público. A los niños del colegio público no les gustábamos. Tenían un extenso vocabulario de vituperaciones. ¿Quién nos creíamos que éramos de todos modos? Nosotros éramos buenos santitos – ¡demasiado buenos como para ir al colegio público! “¡Quien lo dice lo es!” Contestábamos igual que ellos. Mientras tanto nuestro sentido de distinción crecía a saltos y heridas. Nos decían por la tarde que teníamos que aprender a aguantar con paciencia la ridiculización por parte del “mundo”. ¿No había odiado el mundo a la iglesia, desde los tiempos de Caín?

¡Qué diferente fue tu educación temprana! Tú fuiste a un colegio “neutral”. Como tus padres lo hicieron en casa, tus profesores lo hacían ahora en el colegio. Te enseñaron a tener una “mente abierta”. Dios no tenía conexión con tu estudio de la naturaleza o de la historia. Has sido entrenado sin prejuicios durante toda tu niñez.

Por supuesto, ahora conoces más. Te das cuenta de que todo era puramente imaginario. El estar “sin prejuicios” es simplemente tener un tipo particular de prejuicio. La idea de “neutralidad” es simplemente un traje sin color que cubre una actitud negativa hacia Dios. Al menos debería ser claro que el que no está por el Dios del Cristianismo está contra Él. Ves, el mundo le pertenece a Él, y tú eres su criatura, y como tal tienes que reconocer ese hecho honrándole a Él estés comiendo o bebiendo o haciendo cualquier otra cosa. Dios dice que tú vives, puede decirse, en Su propiedad. Y Su propiedad tiene grandes señales que indican que es Su posesión por todos lados, así que el que vaya a cien kilómetros por hora no puede evitar leerlos. Cualquier hecho en este mundo, afirma el Dios de la Biblia, tiene su sello indeleble grabado en él. ¿Cómo entonces podrías ser neutral con respecto a tal Dios? ¿Acaso te paseas relajadamente un 4 de Julio por Washington preguntándote si el Lincoln Memorial le pertenece a alguien? ¿O miras la bandera de los Estados Unidos ondeando en lo alto de un mástil y te preguntas si significa algo? ¿Requiere la bandera algo de ti, habiendo tú nacido ciudadano americano? Merecerías sufrir el destino del “hombre sin país” si como americano fueras neutral a América. Pues bien, en un sentido mucho más profundo mereces vivir para siempre sin Dios si no lo tienes y lo glorificas a Él como tu Creador. No te atrevas a manipular el mundo de Dios, y mucho menos a ti mismo como ser hecho a Su imagen, para tus propios objetivos. Cuando Eva se volvió neutra entre Dios y el Diablo, pesando los argumentos de cada uno como si inherentemente fueran de igual valor, ella ya estaba en realidad de la parte del diablo.

De nuevo estás agitado, poniéndote nervioso una vez más. Siéntate y cálmate. Tienes una mente abierta y neutral, ¿no es así? Y has aprendido a pensar que toda hipótesis tiene, como teoría de la vida, un derecho igual a ser escuchado junto a cualquier otra, ¿verdad? Después de todo solo te estoy pidiendo que veas qué es lo que está involucrado en la concepción cristiana de Dios. Si el Dios del cristianismo existe, la evidencia de Su existencia es abundante y clara tal que es tanto no científico como pecaminoso el no creer el Él. Cuando el Dr. Joad, por ejemplo, dice: “La evidencia para Dios está lejos de ser clara”, sobre el fundamento de que si estuviera claro todos creerían en Él, está en una falacia lógica. Si el Dios del cristianismo sí existe, Su evidencia debe ser clara. Y la razón, entonces, de por qué “todos” no cree en Él ha de ser porque “todos” está cegado por el pecado. Todo el mundo lleva gafas de cristal coloreado. Has escuchado la historia del valle de los ciegos. Un joven que salió a cazar cayó por un precipicio al valle de los ciegos. No había escapatoria. Los hombres ciegos no le entendían cuando les habló de ver el sol y de los colores del arcoíris, pero una atractiva joven sí lo entendió cuando habló el lenguaje del amor. El padre de la chica no consentiría el matrimonio de su hija con un lunático que hablaba tan a menudo sobre cosas que no existían. Pero el gran psicólogo de la universidad de los hombres ciegos le ofreció una cura a su locura cosiéndole los párpados. Entonces, le aseguraron, sería normal como “todos” los demás. Pero el mero vidente siguió protestando que sí vio el sol.

Así que, mientras estamos tomándonos el té, propongo no solo operar en tu corazón para así cambiar tu voluntad, sino también en tus ojos para cambiar tu perspectiva. Pero espera un momento. No, yo no soy para nada el que va a operar. Yo no puedo hacer nada de eso. Yo solo estoy sugiriendo gentilmente que quizá estés muerto, y quizás ciego, si te dejara pensar sobre el tema por ti mismo. Si una operación ha de ser hecha, ha de ser hecha por Dios Mismo.