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Por Qué Creo en Dios – Cornelius Van Til

9 de noviembre de 2012 Deja un comentario

Con la compleción de la traducción de todo el ensayo del Dr. Van Til, coloco aquí todas las partes para una mejor accesibilidad:

  1. Parte 1.
  2. Parte 2.
  3. El Valle de Los Ciegos.
  4. Fe y Conocimiento.
  5. Mis Disculpas, No Hemos Sido Radicales.
  6. La Cama De Procusto.
  7. Sin Papeles.
  8. Leopardos, Etíopes, Agnósticos, y Ateos.
  9. Previo Al Argumento, Era Dios.
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Previo al Argumento… Era Dios

20 de octubre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la novena y última parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta, séptima, u octava parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Bus leavingVeo que quieres irte a casa. Y no te culpo; el último autobús parte a las doce. Me gustaría conversar en otra ocasión. Te invito a cenar el próximo domingo. Pero he pinchado tu burbuja, así que puede que no vuelvas. Y aún así puede que lo hagas. Eso depende del placer del Padre. En el fondo de tu corazón sabes muy bien que lo que he dicho sobre ti es verdad. Sabes que no hay unidad en tu vida. No quieres al Dios que por Su consejo ofrece la unidad que necesitas. Tal Dios, dices, no permitiría nada nuevo. Así que ofreces tu propia unidad. Pero esta unidad debe, por tu propia definición, no matar aquello que es totalmente nuevo. Así que debe estar en contra de lo que es completamente nuevo y para nada tocarlo, nunca. Y de este modo por tu lógica hablas sobre posibilidades e imposibilidades, pero todo este hablar es al aire. Por tus propios criterios nunca puede tener nada que ver con la realidad. Tu lógica afirma tratar con problemas eternos e invariables; y tus hechos son cosas totalmente cambiantes; y “nunca las dos se encontrarán”. Así que has dejado sin sentido tu propia experiencia. Con el hijo pródigo estás en las pocilgas de cerdos, pero puede ser que, a diferencia del pródigo, rehusarás volver a la casa del padre.

Por el otro lado por mi creencia en Dios yo sí tengo unidad en mi experiencia. Por supuesto que no la clase de unidad que tú quieres. No una unidad que es el resultado de mi propia determinación autónoma sobre lo que es posible. Sino una unidad que está por encima de la mía y anterior a la mía. Sobre la base del consejo de Dios puedo buscar hechos y encontrarlos sin destruirlos previamente. Sobre la base del consejo de Dios puedo ser un buen físico, un buen biólogo, un buen psicólogo, o un buen filósofo. En todos estos campos uso mis capacidades de orden lógico para ver tanto orden en el universo de Dios como se le pueda dar a ver a una criatura. Las unidades, o sistemas que yo hago, son verdaderas porque son indicaciones genuinas hacia la unidad básica original que se encuentra en la unidad de Dios.

Mirándome veo tanto orden como desorden en todas las esferas de la vida. Pero miro al orden y al desorden en luz de Aquel que Ordena, Quien está detrás de ambos. No necesito negar ninguna de ellas por el interés a favor del optimismo o a favor del pesimismo. Veo a los grandes hombres de la biología buscando diligentemente bajo cada piedra para demostrar que la doctrina de la creación no es verdadera con respecto del cuerpo humano, solo para regresar y decir que el eslabón perdido sigue estando perdido. Veo a los grandes hombres de la psicología buscando a lo hondo y a lo lejos en la subconsciencia, del niño y del animal, para demostrar que las doctrinas de la creación y de la providencia no son verdaderas con respecto del alma humana, solo para regresar y admitir que el abismo entre la inteligencia del animal y del hombre es tan grande como siempre lo fue. Veo a los grandes hombres de la lógica y de la metodología científica buscar en las profundidades de lo trascendental para una validez que no será llevada por la corriente siempre cambiante de lo que es totalmente nuevo, solo para regresar y decir que no pueden encontrar ningún puente desde la lógica a la realidad, o desde la realidad a la lógica. Y aún así encuentro a todos estos, aunque estando cabeza abajo, declarando muchas cosas que son ciertas. Tan solo necesito poner sus declaraciones de pie, haciendo a Dios en vez de al hombre como el centro de todo, y tengo una exposición maravillosa de los hechos tal como Dios ha pretendido que los viera.

Y si mi unidad es lo suficientemente comprensible para incluir los esfuerzos de aquellos que lo rechazan, es lo suficientemente largo hasta para incluir aquello que los que han sido rectificados por la regeneración no pueden ver. Mi unidad es la de un niño que pasea con su padre por el bosque. El niño no tiene miedo porque su padre lo conoce todo y es capaz de manejar cualquier situación. Así que sin reparos acepto que hay algunas “dificultades” con respecto a creer en Dios y a Su revelación en la naturaleza y a las Escrituras que no puedo resolver. De hecho hay misterio en cada relación con cada hecho con el que me enfrento, por la razón de que todos los hechos tienen su explicación final en Dios cuyos pensamientos son más altos que mis pensamientos, y cuyos caminos son más altos que mis caminos. Y es exactamente aquel tipo de Dios el que necesito. Sin tal Dios, sin el Dios de la Biblia, el Dios de la autoridad, el Dios que es auto-contenido y por consiguiente incomprensible al hombre, no habría sentido en nada. Ningún ser humano puede explicar el sentido de ver a través de todas estas cosas, sino solo el que cree en Dios tiene el derecho a sostener que sí hay una explicación.

Puedes ver que cuando fui joven fui condicionado desde todos lados; no pude no creer en Dios. Ahora que soy mayor sigo sin poder dejar de creer en Dios. Ahora creo en Dios porque, a menos que le tenga a Él como el Todo-Condicionador,  la vida es Caos.

No te convertiré al final de mi argumento. Pienso que el argumento es válido. Mantengo que la creencia en Dios no es meramente tan razonable como otra creencia, o incluso un poco o indefinidamente más probablemente verdadera que otra creencia; mantengo que a menos que creas en Dios no puedes creer lógicamente en ninguna otra cosa. Pero como creo en tal Dios, un Dios que te ha condicionado a ti tanto como a mí, sé que puedes, para tu propia satisfacción, con la ayuda de los biólogos, de los psicólogos, de los lógicos, y de los críticos de la Biblia, reducir todo lo que he dicho esta tarde a meras divagaciones circulares de un autoritariano sin esperanza. Pues bien, mis divagaciones han sido, puedes estar seguro, circulares; han hecho que todo se  vuelva a Dios. Ahora te dejaré con Él, y con Su misericordia.

Fin.

Unidad y Diversidad

13 de octubre de 2012 Deja un comentario

Por Vern S. Poythress

Los planteamientos no cristianos a las matemáticas tienen un problema aún más básico. No pueden explicar la conexión y armonía entre unidad y diversidad en el mundo. La relación entre unidad y diversidad es necesaria para que las matemáticas tan solo comiencen. Parménides, el filósofo griego, dijo que la realidad tenía unidad pero no diversidad. Todo es uno. Entonces contar es imposible, y las distinciones espaciales entre un punto y otro son imposibles. Por el otro lado, supón, como las filosofías atomistas y nominalistas tienden a afirmar, que hay diversidad pero no unidad. Entonces uno no podría con seguridad identificar dos instancias del mismo número, porque ser “el mismo” no tendría significado (ser el mismo implica unidad). Uno no puede comenzar sin una conexión coherente en la que cosas distintas y diversas comparten unidades.

Unidad y diversidad son coherentes en el mundo que Dios creó porque Dios es Uno y también Tres. Tanto unidad como diversidad originan en la Trinidad. Cornelius Van Til observa:

… si uno comienza con una pluralidad última en el mundo, o podríamos decir considerando la pluralidad como última, no hay ninguna manera de llegar alguna vez a una unidad igualmente fundamental. Por el otro lado, si uno empieza con la suposición de un abstracto último, unidad impersonal, uno no puede dar explicación por el hecho de la pluralidad. Ningún sistema de pensamiento puede escapar de este dilema…

Lo que Agustín y todos los pensadores teístas después de él han hecho es decir que en Dios, y más específicamente en el Dios trino, se encuentra la solución a esta dificultad.

POYTHRESS, Vern. (2006) Redeeming Science. Crossway Books. Pp 325-326.

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Leopardos, Etíopes, Agnósticos y Ateos

8 de octubre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la octava parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, sexta o séptima parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Parece que hemos llegado a una parte un tanto delicada. Hemos acordado al principio que nos diríamos toda la verdad el uno al otro. Si te he ofendido ha sido porque no me atrevo, ni siquiera considerando el interés para ganarte, a ofender a Dios. Has hecho del alcance de tu intelecto el estándar o criterio sobre lo que es posible y lo que no es posible. Así que prácticamente has determinado que tu intención es nunca encontrarte con un hecho que apunte hacia Dios. Hechos, para ser tales – hechos, esto es, con una posición decente científica y filosóficamente – deben tener tu sello en vez del de Dios como su creador.

Por supuesto me doy cuenta completamente que no pretendes crear árboles y elefantes. Pero prácticamente afirmas que los árboles y los elefantes no pueden ser creados por Dios. Has oído del hombre que nunca quiso ver  o ser una vaca púrpura. Pues bien, tú prácticamente has determinado que nunca vas a ver o ser un hecho creado. Con Sir Arthur Eddington dices, “Lo que mi red no puede coger no son peces”.

Tampoco pretendo, claramente, que, una vez hayas sido posicionado cara a cara con esta condición, puedas cambiar tu actitud. No más de lo que el etíope puede cambiar su piel o el leopardo sus manchas puedes cambiar tu actitud. Has cementado tus gafas de colores a tu cara tan firmemente que no puedes siquiera quitártelos cuando duermes. Freud no ha visto ni un mero destello de la pecaminosidad del pecado tal como controla el corazón humano. Tan solo el Gran Médico por medio de Su propiciación en sangre en la Cruz y por el regalo de Su Espíritu puede quitarte esas gafas coloridas y hacerte ver los hechos tal como son, hechos como prueba, como prueba inherentemente convincente, de la existencia de Dios.

Debería estar muy claro ahora en qué clase de Dios creo yo. Es Dios, el Todo-Condicionante. Es el Dios que creó todas las cosas, quien por Su providencia condicionó mi juventud, haciéndome creer en Él, y quien en mi madurez por su gracia sigue haciéndome querer creer en Él. Es el Dios que también controló tu juventud y hasta aquí, al parecer, no te ha dado su gracia para que creas en Él.

Puedes entonces contestar a esto: “¿Entonces cuál es la utilidad de discutir y razonar conmigo?” Pues bien, hay mucha utilidad en esto. Ves, si eres realmente una criatura de Dios, siempre le eres accesible a Él. Cuando Lázaro estuvo en la tumba aún le era accesible a Cristo quien le llamó de vuelta a la vida. Es de esto de lo que los verdaderos predicadores dependen. El hijo pródigo pensó que había escapado completamente de la influencia de su padre. En realidad el padre controlaba las “tierras lejanas” a las que el hijo pródigo había ido. Lo mismo pasa con el razonar. El verdadero razonar sobre Dios es tal que solamente Dios es el único emplazamiento que da sentido a cualquier tipo de argumento humano. Y tal razonar, podemos esperar por un buen motivo, será usado por Dios para romper el carruaje de un solo caballo de la autonomía humana.

Sin Papeles

25 de septiembre de 2012 Deja un comentario

[Nota: Esta es la séptima parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til(1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, quinta, o sexta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Considera ahora los cuatro puntos que he mencionado – creación, providencia, profecía, y milagro. Todos juntos representan el total del teísmo cristiano. Juntos incluyen lo que está involucrado en la idea de Dios y lo que Él ha hecho a nuestro alrededor y para nosotros. Muchas veces y de muchas maneras la evidencia para todos estos ha sido presentada. Pero siempre tienes una respuesta efectiva a mano. ¡Es imposible! ¡Es imposible! Actúas como el jefe de la oficina de correos que ha recibido un buen montón de cartas escritas en idiomas extranjeros. Dice que los entregará tan pronto como estén escritas respetando el uso y la gramática del inglés tal como aparece en los libros de texto. Hasta entonces tienen que esperar en el departamento de cartas inactivas. La base de todas las objeciones que el filósofo y científico normal levanta contra la evidencia de la existencia de Dios es la afirmación o la presuposición de que aceptar tal evidencia sería violar las reglas de la lógica.

Veo que estás bostezando. Tomémonos un descanso para comer ahora. Porque hay otro punto en esta conexión que tengo que hacer. No cabe lugar a dudas de que alguna vez en tu vida has ido a un dentista. Un dentista perfora a más y más profundidad y en un final llega al nervio del asunto.

Ahora, antes de que perfore en el nervio del asunto, tengo que disculparme de nuevo. El hecho de que tantas personas están expuestas al total de la evidencia de la existencia de Dios y aun así no creen en Él nos desanima mucho. Por esto hemos adoptado medidas desesperadas. Ansiosos por ganar vuestro favor, hemos comprometido de nuevo a nuestro Dios. Habiendo comprobado el hecho de que los hombres no ven, hemos concedido que lo que ellos deberían ver es difícil de ver. En nuestra gran preocupación de ganar hombres hemos permitido que la evidencia para la existencia de Dios sea solo probablemente convincente. Y desde esa fatal confesión hemos ido un paso más abajo hasta el punto de admitir o virtualmente admitir que realmente no es para nada convincente. Y así nos retraemos al testimonio en vez de al argumento. Después de todo, decimos, Dios no se encuentra al final de un argumento; Él se encuentra en nuestros corazones. Así que simplemente testificamos a las personas que una vez estábamos muertos, y ahora vivimos, que una vez estábamos ciegos y ahora vemos, y renunciamos a todo argumento intelectual.

¿Supones que Dios aprueba esta actitud en Sus seguidores? Yo no lo creo. El Dios que declara haber creado todos los hechos y haber puesto su sello sobre ellos no concederá que haya en realidad alguna excusa para aquellos que rehúsan ver. Además, tal procedimiento se derrota a sí mismo. Si alguien en tu ciudad natal, Washington, niega que haya algo así como un Gobierno de los Estados Unidos, ¿lo llevarías hasta el río Potomac y le testificarías ahí que sí lo hay? Igualmente, tu experiencia y tu testimonio de la regeneración no tendrían ningún sentido si no fuera por la verdad objetiva de los hechos objetivos que presupone estas dos cosas. Un testimonio que no es un argumento tampoco es un testimonio, igual que un argumento que no es un testimonio ni siquiera es un argumento.

Veamos ahora lo que el filósofo moderno de la religión, que se apoya sobre el mismo fundamento que el filósofo, hará con nuestro testimonio. Este hace una distinción entre los datos crudos, sin procesar, y su causa, concediéndome los hechos crudos y guardando para él la explicación de la causa. El profesor James H. Lueba, un gran psicólogo de Bryn Mawr, tiene un procedimiento típico. Dice, “La realidad de cualquier dato dado – de una experiencia inmediata en el sentido en el cual el término se usa aquí, puede no ser impugnado: Cuando estoy con calor o con frío, triste o contento, desanimado o confiado, yo estoy con frío, triste, desanimado, etc., y cualquier argumento que pueda proceder a demostrarme que yo no tengo frío es, en la naturaleza del caso, absurdo; una experiencia inmediata no puede ser controvertida; no puede ser errónea”. Todo esto parece ser muy esperanzador en la superficie. El inmigrante tiene esperanza de tener una llegada rápida y sin problemas. Sin embargo, aún tiene que pasar la isla Ellis. “Pero si los datos crudos de la experiencia no están sujetos al criticismo, las causas atribuidas a ella sí lo son. Si digo que el estar con frío se debe a una ventana abierta, o que mi estado de exultación es debido a una droga, o que mi coraje renovado se debe a Dios, mi afirmación va más allá de mi experiencia inmediata; le he atribuido una causa, y esa causa puede ser la correcta o la errónea” (God Or Man, Nueva York, 1933, p.243). Y así el inmigrante tiene que esperar en la isla Ellis un millón de años. Esto quiere decir que yo, como creyente en Dios por medio de Cristo, atribuyo que he sido nacido de nuevo por medio del Espíritu Santo. El psicólogo dice que eso es dato crudo de la experiencia y como tal es indisputable. “Nosotros, dice él, no lo negamos. Pero no significa nada para nosotros. Si quieres que signifique algo para nosotros debes atribuir una causa a tu experiencia. Después examinaremos la causa. ¿Ha sido tu experiencia causada por el opio o por Dios? Tú dices que por Dios. Pues bien, eso es imposible porque los filósofos han demostrado que el creer en Dios es lógicamente contradictorio. Puedes volver en cualquier momento en cuanto hayas cambiado tu opinión sobre la causa de tu regeneración. Estaremos contentos de tenerte y te aceptaremos como un ciudadano de nuestro mundo, si tan solo te sacas los papeles de naturalización”.

La Cama de Procusto

15 de septiembre de 2012 1 comentario

[Nota: Esta es la sexta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, cuarta, o quinta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Presentándome todos tus hechos y razones, has asumido que tal Dios no existe. Has dado por hecho que no necesitas ningún emplazamiento de ningún tipo exterior a ti. Has asumido la autonomía de tu propia experiencia.

Consecuentemente eres incapaz – esto es, sin voluntad – de aceptar como hecho cualquier hecho que cuestionaría tu auto-suficiencia. Y estás obligado a llamar contradictorio lo que no entra en la capacidad de tus poderes intelectuales. Recuerdas lo que el antiguo Procusto hizo. Si sus visitantes eran demasiado largos, serraba unos cuantos centímetros a cada extremo; si eran demasiado bajos, usaba el martillo para estirarlos. Siento que de esta manera has obrado con todos los hechos de la experiencia humana. Y te estoy pidiendo que seas crítico con esto en tu propia presuposición más básica. ¿No irás al sótano de tu propia experiencia para ver qué se ha estado acumulando allí mientras tú estabas ocupado aquí y allá con la inspección de la superficie de la vida? Puede que te sorprendas grandemente por lo que allí encuentres.

Para hacerme entender mejor, ilustraré lo que he dicho señalando cómo los filósofos modernos y los científicos manejan los hechos y las doctrinas del cristianismo.

Básico a todos los hechos y doctrinas del cristianismo y así involucrado en la creencia en Dios, está la doctrina de la creación. Ahora los filósofos modernos y los científicos en general declaran que sostener tal doctrina o creer en tal hecho es negar nuestra propia experiencia. Y dicen esto no simplemente en el sentido de que nadie ha estado ahí para ver cómo se hizo, sino en el sentido más básico de que es lógicamente imposible. Afirman que esto rompería las leyes fundamentales de la lógica.

El argumento actual en contra de la creación deriva de Kant. Puede que sea apropiado en las palabras de un filósofo más reciente, James Ward: “Si intentamos concebir a Dios no considerando el mundo, no hay nada que nos conduzca a la creación” (Realm of Ends, p.397). Esto quiere decir que, si ha de estar conectado al universo, Dios tiene que estar sujeto a las condiciones del universo. He aquí la doctrina de la antigua creación. Dice que Dios ha causado que el mundo existiera. ¿Pero qué es lo que queremos decir con “causa”? En nuestra experiencia, es lo que es lógicamente correlativo a la palabra “efecto”. Si tienes un efecto debes tener una causa y si tienes una causa debes tener un efecto. Si Dios causó al mundo, entonces debe de haber sido porque Dios no podía evitar producir un efecto. Y así el efecto puede en realidad ser llamado la causa de la causa. Nuestra experiencia puede entonces permitir ningún Dios aparte de aquel que es dependiente del mundo así como que el mundo es dependiente de Él.

El Dios del cristianismo no puede cumplir estos requisitos del hombre autónomo. Él declara ser Todo-Suficiente. Declara haber creado al mundo, no por necesidad sino por su voluntad libre. Declara no haberse cambiado en Sí Mismo cuando creó el mundo. Su existencia, debe decirse entonces, es imposible, y toda la doctrina de la creación tiene que ser considerada una absurdidad.

La doctrina de la providencia también se dice que varía con la experiencia. Esto no es sino natural. Alguien que rechaza la creación debe lógicamente rechazar también la providencia. Si todas las cosas están controladas por la providencia de Dios, se nos dice, no puede haber nada nuevo y la historia no es sino un baile de marionetas.

Ves entonces que podría presentarte un gran número de hechos para demostrar la existencia de Dios. Podría decir que cualquier efecto necesita una causa. Podría indicar hacia la maravillosa estructura del ojo como la evidencia del propósito de Dios en la naturaleza. Podría invocar la historia de la humanidad en el pasado para probar que ha sido dirigida y controlada por Dios. Ninguna de estas evidencias te afectaría. Dirías simplemente que de cualquier manera en que podamos explicar la realidad, no podemos involucrar a Dios. Causa y propósito, sigues repitiendo, son palabras que nosotros los seres humanos usamos con respecto a las cosas de nuestro alrededor porque parecen actuar como actuamos nosotros, pero solo hasta ahí llegamos.

Y, cuando la evidencia adecuada para el Cristianismo te es presentada, el procedimiento es el mismo. Si te digo que las profecías de las Escrituras han sido cumplidas, me contestarías simplemente que eso es lo que nos parece con naturalidad a mí y a otros, pero que en la realidad no es posible para ninguna mente predecir el futuro desde un punto en el pasado. Si lo fuera, todo estaría fijado y la historia estaría sin novedad ni libertad.

Si indicara después a los muchos milagros, el cuento vuelve a repetirse. Para ilustrar este punto cito al tardío Dr. William Adams Brown, un teólogo modernista prominente. “Coge cualquiera de los milagros del pasado”, dice Brown, “La concepción virginal, la resucitación de Lázaro, la resurrección de Jesucristo. Supón que puedes demostrar que estos eventos ocurrieron igual que como se dice que ocurrieron. ¿Qué has conseguido? Has demostrado que nuestra visión previa sobre los límites de lo posible necesitan ser alargados; que nuestras previas generalizaciones fueron demasiado estrechas y necesitan revisión; que los problemas se juntan sobre los orígenes de la vida y su renovación de una manera que no éramos conscientes hasta ahora. Pero lo que no has demostrado, lo que no puedes demostrar, es que un milagro haya pasado; pues eso es confesar que estos problemas son inherentemente insolubles, lo que no puede determinarse hasta que todos los test posibles hayan sido realizados” (God at Work, New York, 1933, p.169). Puedes ver con cuánta confianza usa Brown su arma de la imposibilidad lógica en contra de la idea de un milagro. Muchos de los antiguos críticos de las Escrituras cuestionaban la evidencia de los milagros en este o aquel punto. Hicieron algo así como una lenta y progresiva invasión a la isla del cristianismo. Brown, por el otro lado, concluye el problema de una vez con una gran cantidad de Stukas desde el cielo. Quiere ser el primero en tomar rápidamente el control de todo el campo. Y esto lo hace aplicando directamente la ley de la no-contradicción. Solo es posible aquello, dice Brown, que puedo demostrar a ser lógicamente relacionado según mis leyes de la lógica. Así que si los milagros quieren mantenerse desde el punto de vista científico, es decir, ser reconocidos como hechos verdaderos, tienen que demandar la admisión en la puerta de entrada a la tierra de los esfuerzos científicos. Y la admisión les será dada tan pronto como se sometan al pequeño proceso de generalización que les priva de su singularidad. Los milagros tienen que enseñar los papeles de la naturalización si quieren votar en la república de la ciencia y tener influencia allí.

Mis Disculpas, No Hemos Sido Radicales

10 de septiembre de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la quinta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, o cuarta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Obviamente no puedo entrar en una discusión sobre todos los hechos y todas las razones que se usan en contra de la creencia en Dios. Están aquellos que han hecho del Antiguo Testamento, así como aquellos que han hecho del Nuevo Testamento, su estudio durante toda su vida. Son sus escritos los que debes leer para una detallada refutación de los puntos sobre el criticismo bíblico. Otros se han especializado en física y biología. A ellos tengo que señalar para una discusión sobre los muchos puntos conectados con temas como la evolución. Pero hay algo que hay por debajo de todas estas discusiones. Y es con ese algo con lo que quiero tratar ahora.

Puede que pienses que me he expuesto terriblemente. En vez de hablar sobre Dios como algo vago e indefinido, según las maneras del modernista, de los Barthianos, y del místico, un dios tan vacío de contenido y tan alejado de la experiencia que no es capaz de exigir nada a los hombres, he desenvuelto la idea de Dios con ciencia “anticuada” y lógica “contradictoria”. Parece que haya puesto sal sobre la herida presentando el tipo de Dios más objetable que he podido encontrar. Debería serte muy fácil explotar mi burbuja. Veo que estás preparado para leerme hectáreas de hechos cogidos de los textos estándar de las universidades sobre física, biología, antropología, y psicología, o para aplastarme con tu tanque de sesenta toneladas cogidas del famoso libro de Kant, Crítica de la Razón Pura. Pero he estado bajo este pesado torrencial muchas veces hasta ahora. Antes de que hagas el esfuerzo de abrir el grifo de nuevo, hay un punto preliminar que quiero traer al frente. Ya me he referido a él cuando estábamos discutiendo el tema del test o del criterio.

El punto es este. No creyendo en Dios, hemos visto, no piensas que eres la criatura de Dios. Y no creyendo en Dios no crees que el universo haya sido creado por Dios. Esto quiere decir que piensas sobre ti mismo y sobre el universo como estando ahí sin más. Ahora bien, si de veras eres la criatura de Dios, entonces tu actitud actual es muy injusta respecto a Él. En tal caso es hasta un insulto hacia Él. Y habiendo insultado a Dios, Su disgusto descansa sobre ti. Dios y tú no estáis en “buenos términos”. Y tienes muy buenas razones para intentar demostrar que no existe. Si existe, te castigará por tu desprecio hacia Él. Llevas entonces gafas coloreadas. Y esto determina todo lo que dices sobre los hechos y las razones para no creer en Él. Has tenido tus picnics y tus partidas de caza en Su territorio sin pedirle permiso. Has cogido los racimos de la viña de Dios sin pagarle nada y has insultado a Sus representantes que te pidieron que lo hicieras.

Tengo que pedirte disculpas llegados a este punto. Nosotros los que creemos en Dios no siempre hemos dejado clara nuestra posición. Suficientemente a menudo hemos hablado contigo sobre hechos y razones válidas como si hubiéramos estado de acuerdo contigo sobre lo que estas cosas son en realidad. En nuestros argumentos para la existencia de Dios frecuentemente hemos asumido que tú y nosotros tenemos un área de conocimiento en el que estamos de acuerdo. Pero realmente no concedemos que veas ningún hecho en ninguna dimensión de la vida correctamente. En realidad pensamos que tienes gafas coloreadas sobre tu nariz cuando hablas sobre pollos y vacas, así como cuando hablas sobre la vida de después de la muerte. Deberíamos haberte dicho esto de una manera más clara que como lo hemos hecho hasta ahora. Pero ciertamente estábamos un poco avergonzados por lo que habrías pensado que es una posición muy extraña o extrema. Estábamos tan ansiosos de no ofenderte a ti que hemos ofendido a nuestro propio Dios. Pero no nos atrevemos a presentarte a nuestro Dios como más pequeño o menos exigente de lo que es en realidad. Quiere ser presentado como el Todo-Condicionador, como el lugar en el que hasta aquellos que lo niegan han de  emplazarse.