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Racionalidad Disfrazada, Bucles Lógicos, y Unicornios Rosas

29 de diciembre de 2012 Deja un comentario

Por Vincent Cheung en Preguntas Últimas

Libro Preguntas ÚltimasEn Su Ensayo “The Ethics of Belief”” W. K. Clifford escribe: “Siempre es errado en cualquier lugar, y para cualquiera, creer en cualquier cosa con evidencia insuficiente”. Para muchas personas esa frecuente declaración parece expresar en esencia el buen sentido y la racionalidad, sin embargo en lo que sigue mostraremos que esta declaración es ingenua y tonta.

Primero, debemos entender correctamente la afirmación de Clifford, notando su universalidad. Decir que el principio se aplica “siempre” y “en cualquier lugar” indica que este trasciende culturas y siglos, y decir que se aplica a “cualquier forma” y “cualquier cosa”, elimina cualquier elección, por tanto el principio propuesto se aplica a toda creencia sin excepción.

El problema inmediato es que el principio falla en justificarse a sí mismo. ¿Qué evidencia tenemos de que “siempre es errado en cualquier lugar, y para cualquiera, creer en cualquier cosa con evidencia insuficiente”? El propio principio es afirmado ser una creencia verdadera, y así debemos satisfacer los requerimientos que él propone. A menos que tengamos evidencia suficiente para decir que debemos tener evidencia suficiente para creer en cualquier cosa, la declaración es auto-destructiva. Además, ¿qué quiere decir Clifford con la palabra “errado”? Él no puede querer decir objetivamente errado, dado que una persona no puede creer en algo que es objetivamente correcto, igual por accidente, sin tener evidencia suficiente para la creencia. Dado que su ensayo discute las “éticas de la Creencia” debemos entender que por “errado” él quiere decir moralmente errado. Esto es, está diciendo que es siempre moralmente errado creer en cualquier cosa sin evidencia suficiente, mas si él quiere decir que es moralmente errado creer en cualquier cosa sin evidencia suficiente, entonces debemos examinar cuál es la fuente de su definición de moralidad, y si existe evidencia suficiente para el adoptar tal definición. ¿Entonces, a menos que su definición de moralidad sea absoluta y universal, por cual autoridad impone él esa moralidad sobre todos?

¿Y la palabra “evidencia”? ¿Cuál es la definición de Clifford de evidencia y por cuál autoridad la usa e impone tal definición sobre el resto de la humanidad? Las personas están en desacuerdo sobre lo que constituye una evidencia para apoyar una Creencia. Durante el debate entre el apologista Cristiano Greg Bahnsen y el Ateo Gordon Stein,[1] una pegunta que el público hizo a Stein fue “¿Qué es lo que para usted personalmente constituye una evidencia adecuada de la existencia Dios?” El Dr. Stein respondió:

Si ese podio de repente se elevara 5 pies, se quedara allí un minuto, y luego bajara de nuevo, diría que hay evidencia de lo sobrenatural porque violaría todo lo que sabemos sobre las leyes de la física y la química. Asumiendo que no hubiera un motor debajo o un alambre atado, hemos de hacer esas exclusiones obvias. Eso sería evidencia de una violación sobrenatural de las leyes. Podríamos llamarlo un milagro, justo delante de nuestros ojos. Eso sería evidencia que yo aceptaría.

Cualquier tipo de ser sobrenatural que apareciera haciendo milagros que no pudieran ser descartados como magia, sería también evidencia que yo aceptaría. Eso son los dos modos más sencillos. También aceptaría cualquier evidencia que fuera lógicamente no-contradictoria, y no he escuchado ninguna hoy, que no haya escuchado antes.[2]

¿La verdad? Cosas más extrañas han sucedido más allá de levitación inexplicable de objetos físicos. Los ateos no los llaman milagros, pero en consonancia con sus supuestos, asumen que los fenómenos naturales son explicables por causas naturales. Incluso si no puede encontrar inmediatamente las causas naturales de estos hechos, continúan asumiendo que las investigaciones futuras lo revelarán. Según ellos, los pueblos primitivos creían en acontecimientos sobrenaturales, que los científicos explican hoy por causas naturales – en la cosmovisión atea, los milagros son rechazados desde el principio.

La cosmovisión de Stein rechazaría el acontecimiento de algo sobrenatural como evidencia , para Dios o lo sobrenatural, dado que sus suposiciones excluye la existencia de tales seres, sino que más bien, cada caso se explica sobre la suposición de que no existen tales seres. Por lo tanto, todas las apariciones sobrenaturales son relegadas a alucinaciones de las pobres e ilusas victimas. La respuesta del Dr. Stein no sólo es poco profesional, sino que es una mentira. Jesús dice: “Si no oyen a Moisés ya los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31).

Lo que alguien considera como prueba concluyente parece irrelevante a otra persona. Sobre la base de la declaración de Clifford, una persona debe tener evidencia suficiente para demostrar que una porción dada de evidencia es relevante para la afirmación que se examina.

Ciertamente, la evidencia que respalda la evidencia también debe ser apoyada por la evidencia mostrando que ella es relevante. Por otra parte, Clifford dice que no debemos creer nada basado en evidencia “insuficiente”, por lo que si ignoramos el regreso infinito insoluble arriba mencionado, todavía tenemos que definir qué tipo o cantidad de evidencia es suficiente, lo que sin duda también debemos probar con evidencia suficientes anterior. Pero si “suficiente” no fue definido aún, y justificada con evidencia suficiente y anterior – también indefinida y sin soporte de evidencia suficiente anterior – en virtud del principio de Clifford no podemos aceptar la evidencia que apoya su definición de “suficiente” en su principio.Unicornio Rosa

Si yo prefiero creer que hay un unicornio rosa en mi patio trasero, ¿con qué autoridad me lo puede impedir Clifford? ¿Por su propia autoridad? ¿Imponiendo su principio sobre mi epistemología? Pero si yo rechazo este principio. ¿Qué haría entonces? A menos que Clifford pueda justificar su principio, yo puedo de la misma forma fácilmente decir: “Siempre es correcto, en cualquier lugar, y para cualquiera, creer en cualquier cosa sin evidencia suficiente” – ¡y realmente no tengo evidencia suficientes para justificar esta reivindicación! Por otro lado, Jesús dice que la Palabra de Dios es verdad (Juan 17:17). Puesto que Dios es la autoridad moral última, Él tiene el derecho exclusivo de definir lo cierto y errado, y dado que Él demanda que creamos en la verdad, que es su Palabra, por tanto se torna moralmente correcto creer en la Escritura y moralmente errado no creer en ella. Además, Él puede imponer sus preceptos y mandamientos, sobre todos, y si se resisten a Él, entonces se arriesgan a condenación eterna, y él tiene el poder de hacer cumplir esta demanda.

El cristianismo es justificado por la autoridad de Dios, y ninguna autoridad está por encima o es más alta que la de Él. En mi cosmovisión, el Dios Todopoderoso fuerza el principio epistemológico que él prescribe, pero Clifford simplemente quiere que aceptemos su principio auto-destructivo.

¿Cuál es la naturaleza de una evidencia relevante y aceptable? ¿Es racionalista o empírica? Si es racionalista, ¿cómo saber que no es arbitraria? ¿Qué evidencia tenemos de que la evidencia debe ser racionalista? ¿Y qué tipo de evidencia sería legítima para nosotros mostrar que la evidencia debe ser racionalista? Si la evidencia es empírica, es inductiva también, y si es inductiva, entonces Clifford, para demostrar su proposición, debe usarla para verificar cada proposición posible concebible por una mente omnisciente, a fin afirmarla sin falacia. Pero si él no ha demostrado que este principio es correcto por su propio principio, entonces ¿cómo puede él comprobar cualquier proposición por el mismo principio? Así, el principio de Clifford se destruye a sí mismo, generando un bucle lógico viciosamente circular.

Así que, antes de apelar a la autoridad bíblica, hemos demostrado que el principio de Clifford falla en ser la esencia de la racionalidad y el buen juicio.[3] Por el contrario, no tiene sentido, es absolutamente absurdo. Por el contrario, la epistemología revelacional del cristianismo acepta las proposiciones infalibles dadas por Dios Todopoderoso omnisciente. Ninguna otra religión o filosofía puede legítimamente hacer esa reivindicación, ni el mismo islamismo. Contrariamente a lo que algunas personas piensan, el concepto de Dios en el Islamismo es muy diferente del concepto de Dios en el cristianismo. De hecho, el concepto de Dios en el Islamismo es tal que si uno sigue sus implicaciones necesarias, haría que Dios sea incognoscible.

Como un escritor señala: “Si ellos pensasen de alguna forma profundamente, ellos se verían absolutamente incapaces de conocer a Dios… Así, el Islamismo lleva a agnosticismo”.[4] Ciertamente, los no cristianos no piensan profundamente. En todo caso, el concepto de Dios en el Islamismo convierte a Dios en incognoscible; esto sólo demuestra que el Islamismo es contradictorio en sí mismo, y por lo tanto autodestructivo.[5] Otras religiones afirman un dios o dioses finitos. Además de señalar que los dioses politeístas frecuentemente argumentan y luchan entre ellos en la literatura, ¿cómo es que esos dioses finitos saben lo que saben? Ellos enfrentan el mismo problema que Clifford falla en responder.

Solamente el concepto cristiano de Dios, revelado por Dios en las Escrituras, es consistente con un Dios que posee todo el conocimiento, y al mismo tiempo hace el conocimiento posible al hombre. En Dios “están todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento” (Colosenses 2:3).

Puesto que Dios tiene todo el conocimiento, no requiere ninguno mayor – no existe ninguno mayor – para justificar sus conocimientos. Su soberanía absoluta implica que Él quiere, o que Él sabe, que Él sabe lo que quiere, y que no hay error en su conocimiento.[6] Al mismo tiempo, “las cosas reveladas pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre”, en palabras de la Escritura (Deuteronomio 29:29), y así tenemos conocimiento también. Dios tiene todo el conocimiento – su conocimiento consiste en lo que Él quiere – y nuestro conocimiento consiste en lo que él desea revelar.

Además, dado que las religiones y las filosofías no cristianas no pueden producir una epistemología adecuada y defendible – por no decir infalible – sobre la base del pensamiento  no-cristiano, no puede haber ningún conocimiento de forma alguna. Si los sistemas de pensamiento no-cristianos no pueden servir de base para el conocimiento – si no pueden saber nada – entonces ni siquiera pueden obtener o producir cualquier contenido. Si ellos no pueden comenzar o tener cualquier contenido, entonces ellos no pueden poseer ningún desafío para el cristianismo. Sin una epistemología adecuada y defendible – y así mismo infalible – es queninguna proposición inteligible puede expresarse en base de las cosmovisiones no cristianas, sin fallar en las objeciones contra la fe cristiana. Algunas personas pueden malinterpretar lo que se ha dicho hasta ahora, entendiendo que el cristianismo rechaza el uso de la evidencia, o que el cristianismo no tiene ninguna evidencia para respaldar sus afirmaciones. Pero eso no es lo que queremos decir, por el contrario, se ha demostrado que alguien como Clifford no puede hacer un desafío coherente e inteligible contra el cristianismo, sobre la base del razonamiento a partir de la evidencia. Él puede fallar en defender el principio por el cual procura guiar el uso de la evidencia. Él puede tener una definición para evidencia, pero él falla en defender tal definición. O bien puede fallar en definir la evidencia también. Cuando un no-cristiano dice que rechaza el cristianismo, porque él tiene evidencia insuficiente a su favor, él no sabe lo que está diciendo, su objeción es ininteligible. Del mismo modo, cuando exige evidencia para la fe cristiana, no sabe lo que está pidiendo. Sobre la base de su cosmovisión, su demanda – y realmente, cada declaración que hace – es completamente absurda. Sin embargo, un estudio de la apologética clásica o evidencialista mostrará que incluso sobre la base de presuposiciones no-cristianas, el cristianismo es la cosmovisión superior. Es decir, incluso si asumimos los principios de verificación asumidas por muchos incrédulos, la fe cristiana triunfará en el debate.

Ahora bien, como todos los principios no-cristianos son injustificados y falsos, cuando el cristiano defiende su fe basado de estas presuposiciones esta solamente argumentando ad hominem. Por ad hominem no, nos referimos a la falacia de ataque personal irrelevante. Por el contrario, este tipo de argumento ad hominem toma premisas expuestas por el oponente, y válidamente deduce a partir de las conclusiones contrarias a la posición de él, o las conclusiones que serían embarazosas o desagradables para él.[7] Usando las premisas no-cristianas, el apologista cristiano deduce conclusiones a favor de la cosmovisión bíblica y que refutan la cosmovisión no-bíblica. Sin embargo, como todas las premisas no cristianas son falsas e injustificadas, los argumentos ad hominem basados en estas premisas no prueban el caso de un cristiano, sino solamente destruye la posición de su oponente. Por ejemplo, aunque yo he mostrado en otro lugar que las presuposiciones y metodologías de la investigación científica se tornan, ante todo, imposibles de descubrir cualquier cosa sobre la realidad,[8] hay realmente argumentos científicos a favor de la posición cristiana que sirven para silenciar y refutar las objeciones de incrédulos contra la cosmovisión bíblica. Sobre la base de supuestos científicos, el cristiano puede argumentar con éxito que él es más racional al afirmar que el universo fue hecho por un diseñador inteligente omnipotente. Sin embargo, puesto que la ciencia siempre es tentativa y falla en descubrir cualquier verdad, sobre la base de la ciencia nadie puede construir un caso positivo para el Cristianismo, o cualquier otra cosmovisión. Esto es, a menos que la ciencia demuestre que el cristianismo es verdadero, no hay manera de probar que la ciencia puede descubrir la verdad; falacias lógicas impregnan todos los procedimientos científicos, de modo que la ciencia nunca puede descubrir la verdad sobre cualquier cosa de forma alguna. Es decir, si la plausibilidad científica es hecha el padrón de la verdad, entonces podemos mostrar que el Cristianismo es superior, pero la plausibilidad científica no debe ser la norma de la verdad.

Veamos otro ejemplo de cómo el uso de la evidencia reivindica las demandas bíblicas, aunque las proposiciones no cristianas ni siquiera pueden definir evidencia o hacer que ella tenga sentido. El historiador C. Behan McCullagh escribe que la mejor explicación de un conjunto de hechos históricos debe cumplir con los seis requisitos siguientes:

1º. Debe tener un gran alcance explicativo.

2º. Debe tener un gran poder explicativo.

3º. Debe ser plausible.

4º. No debe ser improvisado o inventado.

5º. Debe estar en conformidad con las creencias aceptadas.

6º. Que sea muy superior a cualquiera de sus teorías rivales en el cumplimiento de las condiciones anteriores.[9]

William Lane Craig argumenta que la proposición “Dios resucitó a Jesús de entre los muertos” cumple las condiciones anteriores.[10] Los detalles de su argumento no son pertinentes aquí. Si su argumento es correcto, parece reivindicar afirmaciones bíblicas acerca de la resurrección de Cristo, y refutar las objeciones de los incrédulos. Sin embargo, estamos con curiosidad por saber si estas pruebas son fiables, y si hay una explicación que satisfaga estas condiciones sea verdad. En primer lugar, ¿por qué la autoridad es McCullagh e impone estas explicaciones históricas? Sobre la base de estas pruebas, el argumento de Craig no puede considerarse como prueba concluyente de la resurrección de Cristo, para estas propias pruebas no han sido concluyentemente justificadas. Sin embargo, si Craig argumenta con éxito a favor de la resurrección de Cristo con respecto a estas pruebas, su argumento es, en la mejor de las hipótesis, un argumento ad hominem que rechaza todas las objeciones en contra de la resurrección de Cristo, sobre la base de estos principios no-bíblicos. Así, sobre la base de los principios del historiador, nadie puede probar nada concluyente acerca de un evento histórico, y eso incluye la resurrección. Pero al mismo tiempo, en base a los mismos principios, no puede haber un buen argumento bueno en contra de la resurrección. Sin embargo, si el argumento de Craig tiene éxito en estas pruebas, entonces si alguien adopta estas pruebas como el estándar de la verdad con respecto a las cuestiones históricas, él debe llegar a creer que Dios levantó a Jesús de entre los muertos.

Dado que todas cosmovisiones no cristianas (incluyendo todas las religiones y filosofías no cristianas) no tiene ninguna justificación última, realmente no hay nada para evitar que se colapsen en el escepticismo total, pero nadie puede decir que sea escéptico porque el escepticismo es auto-destructivo – este es auto-contradictorio en afirmar que sabemos que no podemos saber. Sólo el cristianismo rescata el intelecto del completo escepticismo, así que en lugar de depender de un fundamento no-Cristiano para construir un caso para la cosmovisión bíblica, el cristiano adopta la epistemología revelacional de infalibilidad bíblica. No es que los cristianos eviten o rechacen el uso de la evidencia – el problema es que las teorías no cristianas de evidencia son defectuosas. Dado que las teorías no cristianas de evidencia son completamente absurdas y dejan todo en un completo absurdo, cuando los no cristianos demandan evidencia a los cristianos ellos no saben lo que están pidiendo. A menos que alguien asegure la inteligibilidad de las presuposiciones apropiadas, su demanda por evidencia es absurda y no puede ser lógicamente entendida.


[1] University of California (Irvine); Covenant Media Foundation, 1985

[3] Ciertamente, Clifford trata de justificar su principio en este ensayo, mas muy pronto el falla en responder las preguntas y las objeciones que  coloco aquí.

[4] Norman L. Geisler, Baker Encyclopedia of Christian Apologetics; Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1999; p. 371.

[5] Ciertamente, si nuestro propósito específico  fuese exponer el absurdo del islamismo, entonces argumentaríamos en mayor detalle, citando fuentes más relevantes.

[6] Esto es, la voluntad de Dios determina todo, y dado que Él sabe perfectamente todo lo que determina, también conoce todo.

[7] eso es, un reductio ad absurdum

[8] Vea Vincent Cheung, Presuppositional Confrontations.

[9] C. Behan McCullagh, Justifying Historical Descriptions; Cambridge: Cambridge University Press, 1984; p. 19.

[10] William Lane Craig, God, Are You There?; Norcross, Georgia: Ravi Zacharias International Ministries,1999; p. 48.

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Fuente: http://cheungyclarkenespanol.wordpress.com/

Traducido por Raúl Loyola Román

Por Qué Creo en Dios – Cornelius Van Til

9 de noviembre de 2012 Deja un comentario

Con la compleción de la traducción de todo el ensayo del Dr. Van Til, coloco aquí todas las partes para una mejor accesibilidad:

  1. Parte 1.
  2. Parte 2.
  3. El Valle de Los Ciegos.
  4. Fe y Conocimiento.
  5. Mis Disculpas, No Hemos Sido Radicales.
  6. La Cama De Procusto.
  7. Sin Papeles.
  8. Leopardos, Etíopes, Agnósticos, y Ateos.
  9. Previo Al Argumento, Era Dios.

Richard Dawkins, El Padre de Tus Hijos

6 de septiembre de 2012 3 comentarios

Por Douglas Wilson

El noveno capítulo del libro de Dawkins [El espejismo de Dios, The God Delusion, n.tr.] se titula “Niñez, Abuso, y Escape de la Religión”. El capítulo es casi insolente en su deshonestidad intelectual, y más que insolente en su proposición.

Dawkins comienza contando una historia que rompe el corazón de la Italia del siglo XIX, en donde un joven chico judío (Edgardo Mortata) ha sido secretamente bautizado por su niñera. Cuando esto fue descubierto, la Inquisición requirió que fuera quitado de sus padres, y criado en una familia católica, que es lo que se hizo.

“Está más allá de cualquier sensible entendimiento; pero ellos, sinceramente creyeron que le estaban haciendo a él un bien al apartarlo de sus padres y entregarlo a una crianza cristiana. ¡Ellos sintieron la obligación de protegerlo!” (p. 233).

Mientras Dawkins escribe sobre esto, todo lector con sensibilidad está de acuerdo con él. Esto fue una acción horrorosa, y es superada solo por Dawkins diciéndonos esta historia como una introducción a su propuesta para hacer precisamente la misma cosa. Dice estar atónito por el hecho de que estos católicos del siglo XIX sintieron un deber a proteger a este joven niño de ser crecido como judío. Y después tranquilamente pasa a su argumento subsiguiente de que nosotros los modernos tenemos un deber de proteger a los niños pequeños de todo el mundo de ser crecidos por personas religiosas que consideran que es su deber el crecer a su hijo en la fe. El verdadero problema de Dawkins es aparentemente que no los suficientes niños fueron llevados de sus familias. Si Dawkins o su editor no hubieran estado agarrando su todo-suficiente secularismo, hubieran visto la contradicción mayúscula en este capítulo. Cuando se habla de falta de conciencia de uno mismo, en este particular argumento Dawkins estuvo “en la zona”. Dawkins comienza su capítulo dándonos asco a todos sobre cómo algunas personas cientos de años atrás comían cucarachas. Después hace de esto en fundamento de su argumento a favor de comer, en vez de cucarachas, centrípetos. Y no ve que es esto lo que está haciendo.

El título del capítulo contiene la palabra “abuso”. Y este es el eje de la proposición de Dawkins. Los padres que educan a sus hijos para que compartan la fe de sus padres son, según Dawkins, padres abusivos. Dawkins piensa que puede hacer este cargo y él quedar tolerante porque no está en contra de que los padres quieran ser cristianos (¡oh vaya, gracias!). Pero si bautizan a sus hijos, o les da una educación cristiana, o ambas, entonces no han de ser considerados padres cristianos, sino más bien padres abusivos.

“Aún sin la abducción física, ¿No es siempre una forma de abuso infantil etiquetar a los niños como poseedores de creencias sobre las cuales ellos son demasiado jóvenes para haber pensado? Aún así,  la práctica persiste hasta hoy,  casi  completamente incuestionada.  Cuestionarla es  mi principal propósito en este capítulo” (p. 235).

¿Y qué es lo que haces con los padres abusivos? Pues, les haces parar, y si no quieren parar, entonces sacas al niño de esa familia para protegerlo – justo lo que le pasó al pequeño Edgardo. Cogiendo esto desde otro ángulo, aún tan horrible como el abuso sexual de los niños por los curas pueda ser, Dawkins dice, “el daño podría decirse que fue menor que el daño psicológico a largo plazo infligido por educar al niño como católico en primer lugar” (p. 237). Así que el darles a los niños una educación religiosa no solo que es abuso, sino que puede decirse que es un tipo de abuso peor que el abuso sexual.

No es un crimen, según Dawkins, el ser cristiano en la presencia de tus hijos, al menos por el presente, pero es un crimen el criarlos en la disciplina y la amonestación del Señor.

“Yo estoy persuadido que la frase “abuso infantil” no es una exageración cuando es usada para describir  lo que los  maestros  y sacerdotes le están haciendo a los  niños  a quienes  ellos exhortan a creer algo como el castigo de los pecados mortales no absueltos con un infierno eterno” (p. 238).

Y Dawkins cita a un colega, Nicholas Humphrey, quien dijo esto para nuestra consideración:

“Así que nosotros no deberíamos permitirles más a los padres enseñarle a sus hijos en qué creer; por ejemplo, en la verdad literal de la Biblia, o que los planetas gobiernan su vida, en la misma forma en que no les permitimos a los padres sacarles los dientes a sus hijos o encerrarlos en un calabozo” (p.243).

Hasta aquí, tal abuso incluiría el bautismo de los infantes, enseñarles a los niños sobre el juicio de Dios de la raza humana, el hecho de que la Biblia es la Palabra de Dios, y memorizar versículos para recitar en las festividades navideñas anuales. Todas estas cosas son, por definición, abuso al menor. Y la sociedad decente tiene el deber de proteger a los niños del abuso de menores, ¿no es así? Saca a esos niños de ahí – tal como hicieron los católicos con Edgardo.

Humphrey (y Dawkins) fueron los dos horrorizados por la reacción multicultural al descubrimiento del cuerpo de una joven muchacha inca, la “joven de hielo”, quien aparentemente fue matada en un ritual como sacrificio. Todos los sospechosos normales progresivos se enorgullecían de que en su cultura el “haber sido escogida para la señal de honor de ser sacrificada” (p. 244) era realmente un honor. Pero Humphrey dice que ella pensaba de esta manera tan solo porque no conocía los hechos científicos sobre el universo material. Si él la hubiera criado, y conseguido para ella una educación adecuada, ella no hubiera pensado de la manera que lo hizo, y no hubiera querido ser sacrificada. Esto es cierto – no hubiera querido si hubiera sido criada en una familia cristiana conservadora tampoco. Pero eso va más allá del punto.

El mito de la neutralidad tiene tanto a Humphrey como a Dawkins por el cuello. Quieren proteger a todos los niños del mundo del abuso de las opiniones religiosas de sus padres, y el criterio que proponen para evaluar todas las opiniones de estos padres son los hechos indisputables que forman su cosmovisión. Como diría Popeye, qué extraña coincidencia. Esto es porque ellos tienen la razón, maldita sea, igual que los católicos del siglo XIX. E, increíblemente, no pueden ver que esto es lo que están haciendo.

“Los sacerdotes incas no pueden ser culpados por su ignorancia; y quizás podría pensarse que es muy duro decir que eran estúpidos y engreídos. Pero ellos pueden ser culpados por imponer sus propias creencias a una niña demasiado joven para decidir adorar al sol o no” (p. 244).

Pero la creencia cristiana es que los sacerdotes incas deberían ser culpados por su ignorancia, porque estaban deteniendo la verdad sobre Dios en su injusticia y adoraban una mentira. La manera de tratar con esto es predicándoles el evangelio, llamándolos a arrepentirse y abandonar sus ídolos. Pero el enfoque de Dawkins es impresionante. Su proposición, si queremos dignificarlo con tal nombre, es requerir a todos los padres del mundo – cristianos, musulmanes, judíos, budistas, y así – a criar a sus hijos en la manera que Dawkins lo haría, y después, cuando tengan dieciocho años (o cuanto sea), pueden ser de cualquier religión que quieran, siempre y cuando no sea una religión que tenga nada parecido al bautismo de infantes.

“¿Adorable? ¿Entibiador del corazón? No. No lo es. No es ninguna de esas dos cosas. ¿Cómo podría cualquier persona decente pensar que es correcto etiquetar a niños de cuatro años de edad con las opiniones cósmicas  y teológicas de sus padres?”(p. 252).

La implicación aquí es que los niños son todos pupilos del estado, que ha de ser secular. Tus niños no son tuyos. Esto es más que la separación de iglesia y estado; es la separación de iglesia y niños. No es una separación de estado y niños.

“Por favor; eleven sus conciencias sobre esto, y disgústense cada vez que escuchen que esto sucede. Un niño no es cristiano ni un niño es musulmán, sino un niño de padres cristianos o un niño de padres  musulmanes” (p. 254).

No, gracias. No lo voy a hacer. Dije hace un momento que Dawkins no ve que está demandando que todas las cosmovisiones defieran de la suya. Porque él tiene la razón, y porque todos los demás están equivocados, los niños han de ser quitados de las familias (o no) en base a sus principios. No tolerará ninguna disputa o discusión sobre esto. La cosmovisión científica tiene la razón, y la evolución es lo verdadero, y los niños han de ser quitados de las familias donde el pensamiento-Dawkins no está adecuadamente enseñado. Una de las razones para hacer esto es porque Dawkins fue horrorizado por un ejemplo del siglo XIX en Italia en donde un niño fue quitado de una familia donde el pensamiento-católico no fue enseñado de manera adecuada. Honestamente, nunca he visto nada como esto en un libro que la gente se tomaba en serio. Y Dawkins imparte clases en Oxford.

Pero no le culpo a Dawkins por insistir que la ley ha de ser basada en la cosmovisión que él considera que es la correcta. ¿Qué otra cosa podríamos esperar? Pero no es ahí donde reside el problema. Toda ley es moralidad impuesta, y todo el que tiene moralidad cree que la ley debería ser basada en esa moralidad que es la correcta. Eso es lo que todos hacen, y es inevitable. Nadie quiere imponer una moralidad que cree que es una moralidad falsa y ciertamente inmoral.

El problema es que Dawkins no sabe que esto es lo que está haciendo. No es consciente del hecho de que está mirando al mundo a través de sus propias pupilas, y su cosmovisión, cargada de todo tipo de suposiciones radicales, es simplemente invisible para él. Lo que él ve es simplemente lo que “es”, y lo que otros creen es el resultado de supersticiones inexplicables. Y tenemos que sacar a los niños fuera de aquí.

Esto se presenta de otra manera en este capítulo. Dawkins ha oído hablar sobre un grupo de cristianos que quiere que las normas públicas reflejen lo que ellos creen que es correcto. Dawkins actúa como si nunca hubiese oído tal cosa. ¡Los ideadores! ¿Ellos?

“Si yo hubiese querido entrevistar a extremistas reales conforme a los  modernos  estándares  estadounidenses,  hubiera acudido a los  “Reconstruccionistas” cuya “Teología del Dominio” defiende abiertamente una teocracia cristiana en los Estados Unidos de América” (p. 238).

Un colega americano le escribe con gran entusiasmo:

“Los  europeos  necesitan  saber  que  existe  un  show teo-anormal  itinerante  … Si  los  secularistas  no están vigilantes,  los  Dominionistas  y  Reconstruccionistas  pronto  serán  la  mayoría  en  una verdadera teocracia estadounidense” (p. 238).

En primer lugar, juzgando a partir de la terminología usada aquí, la recolección de datos de Dawkins está atrasada unos veinte años. En segundo lugar, decir esto como si la partida conquistará mañana mismo si los secularistas no están vigilantes con V mayúscula es un ejercicio de hipérbole con H mayúscula. Pero no nos enrollemos con ese tipo de cosas, y señalar solamente que todas las culturas reflejan el cultus central. Todas las culturas son religiones encarnadas. Dawkins quiere que su religión sea la base para toda moralidad pública y ley. Bien por él. Nosotros también lo queremos. Él no cree en Jesús, y quiere a la incredulidad en un altar en la plaza pública. Nosotros creemos en Jesús, y queremos que Su Señorío sea reconocido en la plaza pública. Claro que hay algunas diferencias, basadas en las naturalezas diferentes de las cosmovisiones representadas. Por ejemplo, yo no quisiera que el estado cristiano secuestrara a los niños de las familias ateas, y él sí quiere que el estado secular secuestre a los niños cristianos de las familias cristianas. Pero aunque nuestras moralidades difieren, ambos queremos que estas moralidades formen la base de la cultura que nos rodea.

Dawkins firmemente rechaza reconocer la naturaleza situada de su propio conocimiento. Dado que niega al único Dios verdadero, el único que tiene conocimiento inmediato (no-mediado) de todas las cosas, Dawkins se ha ofrecido como voluntario para ocupar esa plaza libre él mismo. Él conocerá las cosas inmediatamente, y las conocerá sin corrupción. Y desde esa inmaculada lugar de ventaja, ordenará que nuestros niños se nos quiten, y sean criados de una forma antiséptica y científica. Que Dios nos libre.

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Las citas del libro han sido tomadas de aquí.
El artículo de Douglas Wilson aparece en su página web, aquí.

Por Qué Creo en Dios – Parte 2

29 de agosto de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la segunda parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Niñez

Para continuar, entonces, puedo recordar, cuando era niño, jugar en una caja de arena construida en una esquina del granero de paja. Desde ahí iba a través del establo hasta la casa. Construido también en el pajar, pero con las puertas estando abiertas hacia el establo, había una cama para el trabajador. ¡Cuánto quería el permiso de dormir ahí durante una noche! Y se me dio finalmente permiso. Freud era aún totalmente desconocido para mí, pero escuché hablar sobre fantasmas y “ancestros de la muerte”. Esa noche oí a las vacas tintineando sus cadenas. Sabía que eran vacas y que hacían mucho tintineo con sus cadenas, pero tras un rato no estaba muy seguro de si eran solo las vacas las que hacían los sonidos que escuché. ¿No había alguien ahí que andaba por el pasillo por detrás de las vacas y se acercaba a mi cama? Ya me habían enseñado a decir mis oraciones de por la tarde. Algunas de las palabras de dicha oración decían algo así como: “Señor, conviérteme, para que sea convertido”. Sin pensar en la paradoja, oré esa oración aquella noche como nunca antes había orado.

No puedo recordar haberles hablado a mi padre o a mi madre sobre mi aflicción. No habrían sido capaces de proveer el remedio moderno. La revista Psychology no les llegaba a casa – ¡ni siquiera The Ladies Home Journal! Aunque sé lo que habrían dicho. ¡Claro que no había fantasmas, y ciertamente no debería tener miedo, pues con cuerpo y alma pertenecía al Salvador que murió por mí en la Cruz y resucitó para que Su pueblo fuera salvo del infierno e ir al cielo! Tenía que orar con seriedad para que el Espíritu Santo me diera un nuevo corazón para que pudiera verdaderamente amar a Dios en vez de al pecado y a mí mismo.

¿Cómo sé que algo de este estilo me habrían dicho? Pues bien, esa era la clase de cosas de las que me hablaban cada cierto tiempo. O, más bien, esa era la clase de cosa que constituía la atmósfera de nuestra vida diaria. La nuestra no era en ningún sentido una familia pietista. No hubo ninguna gran explosión emocional en ninguna ocasión que yo pueda recordar. Había mucho hablar sobre recoger paja en verano y sobre cuidar de las vacas y de las ovejas en invierno, pero en torno a eso lo único que había era una atmósfera de profundo condicionamiento. Aunque no había precipitaciones tropicales de avivamientos, la relativa humedad era siempre muy alta. En cada comida la familia entera estaba presente. Había una oración de finalización así como al comienzo, y un capítulo de la Biblia se leía cada vez. La Biblia se leía desde Génesis hasta Apocalipsis. En el desayuno o en la cena, dependiendo del caso, escucharíamos sobre el Nuevo Testamento, o sobre “Los hijos de Gad, por familias: de Zefón, la familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la familia de los sunitas”. No afirmo haber entendido siempre el significado de todo ello. Mas del efecto total no puede haber duda. La Biblia se convirtió para mí, en todas sus partes, en cada sílaba, la misma Palabra de Dios. Aprendí que tenía que creer la historia de las Escrituras, y que la “fe” era un regalo de Dios.  Lo que ocurrió en el pasado, y particularmente lo que ocurrió en el pasado en Palestina, fue de suma importancia para mí. En resumen, fui criado en lo que el Dr. Joad llamaría “parroquialismo temporal y topográfico”. Fui “condicionado” a conciencia. ¡No podía no creer en Dios – en el Dios del cristianismo – en el Dios de la Biblia entera!

Viviendo cerca de la Biblioteca del Congreso, tú no estabas tan restringido. Tus padres eran muy iluminados en su visión religiosa. Te leyeron de alguna Biblia del Mundo en vez de la Biblia de Palestina. No, ciertamente, me corriges, no hicieron tal cosa. No querían atormentarte con temas religiosos en tus tempranos días. Ellos buscaron cultivar la “mente abierta” en su hijo.

¿Habremos de decir entonces que en mi vida temprana yo fui condicionado a creer en Dios, mientras que tú fuiste dejado a desarrollar libremente tus propios juicios según te placía? Pero eso difícilmente es así. Sabes tan bien como yo que cada niño está condicionado por su entorno. Tú fuiste tan a conciencia condicionado a no creer en Dios como yo lo fui a creer en Dios. Así que no nos llamemos nombres el uno al otro. Si tú quieres decir que la creencia fue colada por mi garganta, replicaré diciendo que la incredulidad fue colada por tu garganta. Esto nos deja preparados para nuestro argumento.

La Fe es Racionalidad

17 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Douglas Jones

…Se nos dice que la razón y la fe están en conflicto, que son dos medios contrarios para adquirir conocimiento. La razón, en este sentido largo, es el conjunto de reglas del pensamiento que deberíamos usar para evaluar y extender nuestras creencias, exiliando las absurdidades, contradicciones, y afirmaciones no fundamentadas. La fe, en contraste, es el rechazo de estas reglas más altas del pensamiento, para abrazar ciegamente los dictados de la autoridad y deleitarse en absurdidades. O así se cuenta la historia.

En consecuencia, los no cristianos a menudo acusan a los cristianos de irracionalidad por darle una posición a la fe, y muchos cristianos a menudo rechazan cualquier posición para la razón y hacen de la irracionalidad (“fe”, como ellos lo ven) el sello distintivo de la religión cristiana. Pero parece que estos puntos de vista son erróneos, y su equivocación común es que deforman la racionalidad.

¿Qué es la racionalidad? Muchas teorías tenemos a disposición. Por ejemplo, unos defienden que la racionalidad es elegir los mejores medios para un fin deseado. Pero esto rápidamente se convierte en algo inmanejable – podríamos hacer cualquier acción racional haciendo de ésta misma el fin deseado. Pienso que otra definición de la racionalidad ayuda más. Podemos llegar a un acuerdo más amplio si entendemos la racionalidad, en un sentido básico, como el conformarse las creencias y las acciones de alguien a las reglas más altas de la verdad. El aspecto de “conformarse” retiene la habilidad de excluir absurdidades, aquellas cosas que violan las reglas más altas de la verdad. El aspecto de “más altas” nos dirige en última instancia a aquellas normas que sirven como el tribunal de apelación final, aquellas que tienen derecho a veto sobre todas las demás reglas. El aspecto de “verdad” indica a la naturaleza del mundo, a la realidad y no nuestras imaginaciones. La realidad determina la racionalidad. Una persona racional es, entonces, la que vive de acuerdo a las reglas supremas de la verdad.

Cuando algún no cristiano afirma que sigue la “razón” y que rechaza la “fe”, su objetivo es obedecer las reglas de la verdad que gobiernan la realidad, puede que algo como las leyes de la lógica o los métodos científicos o algo así. Puede imaginarse que está haciendo algo completamente diferente a la persona devotada al Dios cristiano, pero en realidad, los dos siguen el mismo procedimiento. Ambos buscan obedecer las normas más altas de la verdad. La fe cristiana no nos pide actuar ciegamente, buscando ir en dirección contraria a la realidad. Busca seguir el mismo procedimiento que la persona devotada a la racionalidad, a pesar de que claramente estos dos apelan a criterios últimos contrarios.

Para ver esto mejor, consideremos el caso de Abraham, aquel anciano padre del judaísmo y del cristianismo. En la disputa tradicional sobre la razón y la fe, Abraham seguramente sería clasificado como un modelo de fe. La Biblia nos dice que Dios llamó a Abraham suyo y le prometió descendientes y una tierra, aunque Abraham era entonces falto de hijos, y las tierras estaban ocupadas por gente poderosa y hostil. Pero contrario a toda la evidencia preponderante de que no hay mucha probabilidad de descendientes si a ti mismo te falta un hijo, y contrario a toda la evidencia en contra a que un viejo hombre solitario venciera una hueste de armadas hostiles, Abraham creyó en el Señor (Génesis 15:6). Años después, cuando el Señor finalmente declaró el futuro embarazo de su mujer, aunque esta se acercaba a los cien años de vida, Abraham creyó, confiando en la promesa de Dios, contrario a las opiniones expertas de que las personas que han pasado del período de poder tener hijos pudieran tener hijos. Más tarde en la vida de Abraham, después del nacimiento de su durante mucho tiempo prometido hijo, Dios incluso le dirigió a Abraham a ir a una excursión para sacrificar a aquel mismo hijo, a Isaac. Pero en vez de ser “racional” así como unos lo entienden, explicándole a Dios que los cadáveres no hacen a uno un buen padre de muchos descendientes, Abraham tuvo fe, creyendo en la absurdidad de que Dios era capaz de resucitar a su hijo de entre los muertos para cumplir su promesa de los muchos descendientes.

En todo esto, Abraham demostró a ser un modelo de fe. Pero desde una perspectiva no cristiana, Abraham, en cada paso que daba, era extremadamente irracional y probablemente peligroso para la sociedad. (Los trabajadores sociales seguramente hubieran estado inquietos por esta pequeña excursión con Isaac.) Las conclusiones de Abraham seguramente serían opuestas con aquellas recomendadas por nuestra comunidad científica reconocida. Desde este punto de vista no cristiano, Abraham, como modelo de fe, es también un modelo de irracionalidad.

Pero dada la comprensión de la racionalidad discutida antes – conformar nuestros pensamientos y acciones a las reglas más altas de verdad – Abraham no fue irracional lo más mínimo. Si la cosmovisión de Abraham es correcta, entonces el Dios de Abraham reina como el criterio de verdad muy por encima de cualquier explicación ayudadora de los filósofos y científicos. En la realidad bíblica, no hay normas de pensamiento que estén sobre y por encima de las normas de la persona suprema de Dios. Más aún, si esta visión es correcta, entonces Abraham no es solo un modelo de fe sino también un modelo de racionalidad, un “racionalista” devotado, conformando su vida a las reglas más altas de verdad. Abraham hubiera sido estúpido y supremamente irracional para creer lo contrario de la promesa de Dios.

Así que, al final, la supuesta hostilidad entre la razón y la fe se disuelve de manera interesante. La fe y la razón no son enemigas, sino idénticas. Ambas buscan conformarse a las normas más altas de verdad. Y, como ya hemos visto antes, aunque los no cristianos profesan obedecer sus propias supuestas normas de verdad, ninguno de ellos lo hacen fielmente. Todos actúan como si la visión cristiana de la realidad es verdadera, mientras lo niegan. Esa es la verdadera irracionalidad. Esa es verdadera fe ciega. En marcado contraste, el cristianismo rechaza la fe ciega y nos llama a arrodillarnos delate del Dios cristiano, del Dios de Abraham, Isaac, y José – el criterio supremo del pensamiento y de la vida, a quien toda persona racional debería conformarse.

Extracto de Why and What: A Brief Introduction to Christianity.

Dawkins, Dudosos, y Libertinaje

4 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Scott Oliphint

Resumen del incidente: Rebecca Watson, “Skepchick”, tras hablar en una conferencia en Dublín, fue invitada por un hombre, a las cuatro de la mañana en un ascensor, a tomar el café en su habitación del hotel. La señorita Watson dio por supuesto que el hombre no la invitaba a tomar café, sino que la invitaba a “tomar café”. Pueden encontrar una explicación más amplia, en inglés, aquí.

Richard Dawkins, quien podría decirse que es el dios (no existente) de todas las cosas ateas, se ha encontrado a sí mismo en el lado malo de un bate de béisbol verbal. La historia misma salpica tanta ironía que es imposible no mojarse mientras lo lees. Para resumirlo: en una conferencia de escépticos, una de las líderes “dudosas” se vio con una proposición deshonesta en un ascensor a las 4 a.m. Como es nuestra costumbre (pos)moderna, lo primero que uno hace cuando tamaño trauma ocurre es escribir en el blog sobre ello.

El blog, sin embargo, no se topó con simpatía universal. Particularmente, no consiguió cosechar la empatía emocional de Dawkins. En un comentario en el incidente de la “Escéptica Libertina”, Dawkins usó la queja del blog de la Escéptica Suprema para intentar una diatriba taxonómica de tragedias mundiales. Dada la mutilación de las mujeres musulmanas, comentó Dawkins, una simple proposición deshonesta en un ascensor a las 4 de la mañana parece una queja relativamente insignificante y leve.

Pero Dawkins mordió más escepticismo con tales comentarios de lo que su estómago ateo podía digerir. Hasta después de una disculpa seguida de una disculpa a los escépticos, Dawkins estaba mal preparado para la ira que el régimen racionalista dejó caer sobre él. La virulencia no tuvo cuartel, y Dawkins vio su propia condición de dios en serias dudas. Simplemente no podía entender cómo su priorización de las malas acciones pudo haber causado tanta consternación cáustica.  Particularmente interesante para mí fue el comentario que concluyó el artículo sobre la discusión de los Escépticos vs. Dawkins: “Esto son los escépticos”, dijo una escritora, “Racionales sobre todo excepto sobre ellos mismos, la auto-preservación, y los modales”.

Estos escépticos se enorgullecen sobre su dedicación a la racionalidad y al razonamiento basado en evidencia. Sin embargo, lo que debería ser perfectamente claro en este escándalo es que “ser racional” es insuficiente para tratar con cosas como ofensas personales, preservación humana, y cualquier afirmación o creencia con un “deberías” implícito. Para ser más específico, “ser racional” no provee ninguna ayuda o información a alguien que ha recibido una proposición deshonesta en un ascensor. La mujer a la que le pasó esto, y quien, en su blog, se llama a sí misma “Skepchick”, dio por sentado que la mera mención de su difícil situación en el blog haría que las tropas racionalistas se congregaran con respuestas apropiadas y racionalistas. Pero Dawkins se atrevió a comparar el susto de Skepchick con la mutilación musulmana e implicar después una ecuación (arbitraria) de equivalencia moral. Lo que Dawkins descubrió fue que tal ecuación no puede calcularse por Skepchick y sus partidarios. ¿Cómo puede ser, podríamos preguntar, que tantos comprometidos a nada más que a ser racionales y a las evidencias se puedan encontrar en medio de tanta confusión?

Este puede ser un buen lugar para presentar una táctica apologética que a veces es útil. El uso de los argumentos así llamados ad hominem (literalmente, “al hombre”) son generalmente considerados falaces. No está en duda que tales argumentos pueden ser falaces, pero tampoco se pone en duda que las falacias lógicas no son falacias en todos los casos. Un argumento ad hominem, cuando se usa en una manera falaz, es un ataque al carácter de una persona más que una respuesta al argumento de tal persona. Es, resumidamente, asesinato del carácter. En una atmósfera política cargada como la estamos aguantando ahora mismo en los Estados Unidos, tales argumentos abundan.

Un argumento ad hominem que no es falaz es aquel en el cual la posición de una persona está puesta en duda basado en lo que dicha persona afirma. Es un argumento ad hominem porque apunta a las creencias del contendiente; busca cuestionar la consistencia de lo que uno cree, arguye, o mantiene, en vista de las otras creencias o argumentos que afirma sostener.

Así, podríamos preguntar, ¿qué es lo que, en la respuesta de Dawkins, ha violado la base racional o de evidencia de los escépticos? Dawkins quiso defender que la mutilación musulmana de las mujeres tiene un nivel de maldad con la cual una invitación a un café en un ascensor a las 4 a.m. puede difícilmente ser comparado. ¿Es este un argumento irracional? Si lo es, entonces Skepchick puede que haya provisto la ley de razonamiento que Dawkins ha violado. ¿Viola esto un compromiso al evidencialismo? Si es así, entonces hubiera sido muy conveniente dejar claro cómo estos principios de la evidencia han sido infringidos en el argumento de Dawkins.

Por supuesto, la verdad es que la verdad transciende lo racional y lo evidencial. Hay algo funcionando en el argumento de Dawkins y en la respuesta de Skepchick que va más allá de sus compromisos básicos. Skepchick (más bien inconscientemente) se dio también cuenta de esto y así, de manera predecible, atribuyó la insensibilidad de Dawkins a aquellas cosas que están más allá de su control, y que, al menos según ella, motivan todo lo que él dice y hace; localizó el carácter obtuso de la conversación en el sexo, raza y edad de Dawkins. La interrogación ad hominem que hay que hacerle aquí es qué hay sobre el sexo, la raza y la edad que viola la racionalidad o el razonamiento evidencial.

Ninguna respuesta legítima puede salir de tal pregunta porque ninguna lo es. Uno buscaría la plétora de los libros de texto de filosofía en vano si lo que se desea es el descubrimiento de una ley racional que vindicaría a Skepchick y a sus seguidores. Ella tiene que moverse más allá de su propia cosmovisión para presentar su lamento contra Dawkins. Ella estaba, conscientemente o no, dependiendo de principios que no se comportaban con sus supuestas nociones básicas de lo racional y lo evidencial.

Hay, entonces, fuerzas profundas e inviolables que accionan en este debate, fuerzas que van mucho más allá de la racionalidad y la evidencia. Para Dawkins, obviamente hay una escala del mal – lo que se les hace a las mujeres musulmanas está mucho más mal de lo que se le hizo a Skepchick. Para Skepchick, hay un código de moralidad que tiene que ser tomado con toda seriedad cuando es ella la víctima. Así, tal como dice el artículo, no parece haber un compromiso racional o evidencial común entre Dawkins y Skepchick a la hora de hablar de sus vidas personales, de la manera en la que deberían accionar, y qué es lo que constituye un comportamiento aceptable entre las personas.

Esto es inevitable. Como hemos visto en los artículos anteriores, cualquiera que decide basar su vida en otra cosa que no sea la Señoría de Cristo, y todo lo que su Señoría conlleva, descubrirá que cualquier base que cree que le mantiene está, en realidad, aunque sea a veces lenta e imperceptiblemente, haciéndose pedazos debajo suyo. He aquí el argumento ad hominem. El supuesto fundamento básico que han elegido no puede aguantar el peso de la vida real en el mundo de Dios, como criaturas de Dios. Es completamente impotente y así no puede empezar a conseguir el trabajo que le ha sido asignado.

El artículo es útil en que deja descubierto, en una manera tangible de la vida real, qué es lo que quiere decir cuando afirmamos que los ateos (escépticos incluidos) no pueden, en la base de su propia cosmovisión, hacer una juicio correcto sobre temas morales. El argumento de Dawkins puede tener sentido; ciertamente parece ser verdadero que la mutilación de las mujeres es más serio que un hombre le pida a una mujer tomar un café, incluso si la propuesta es a las cuatro de la mañana en un ascensor. Pero para hacer dicha evaluación, tiene que haber también un entendimiento convincente de qué y quiénes somos (esto es, la imagen de Dios), y simplemente por qué y cómo es que  tales cosas constituyen una maldad real y no meramente subjetiva (esto es, porque Dios, como único y último bien, determina qué cosas están mal y cuáles no). Skepchick formalmente estaba en lo correcto al apuntar a los aspectos inalterables e involuntarios del carácter de Dawkins. Pero no era su sexo, raza o edad lo que le motivó en su juicio. Más bien, contrario a sus compromisos reconocidos públicamente, Dawkins puede hacer su priorización del mal porque conoce, en lo hondo, que las personas son más que unas leyes racionales y unos compuestos racionales. Tiene características que transcienden su pensamiento y su constitución; son la imagen de Dios.

Dawkins no lo plantearía de este modo, por supuesto. No podría hacer eso sin un sano compromiso a arrepentirse de todo lo que ha mantenido hasta ahora. Pero es ese arrepentimiento, y sólo esto, lo que puede resolver la tensión entre Dawkins y Skepchick. Es, para no andarse con rodeos, solo en arrepentimiento que les dará tanto a Dawkins como a Skepchick lo que necesitan desesperadamente – una manera convincente y coherente de entenderse “a ellos mismos, la auto-preservación, y los modales”. La solución con la Escéptica Libertina es, como en todos los demás problemas, venir a Cristo, santificarlo como Señor. La verdad, nada podría ser más racional que eso.

Las falacias de El Código Da Vinci

1 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Joseph R. Nally

Como ex investigador de homicidios, me gusta un buen misterio – sobre todo misterios sobre asesinatos. Las novelas de ficción normalmente desarrollan la posición de un detective más bien glamurosamente. Uno ve un estilo de vida emocionante y una investigación intrigante, pero no el papeleo y el aburrimiento del día a día de un detective real. El Código Da Vinci es este tipo de libro de ficción. Es un thriller interesante y entretenido. Una vez que empiezas a leer el libro no querrás soltarlo de tus manos.

Dan Brown entrelaza el misterio de un asesinato en una conspiración. Mientras la historia se desarrolla, uno descubre que este libro no es un thriller político, sino más bien una tapadera religiosa. Entre las así llamadas tapaderas se encuentran:

  1. Jesús estuvo casado con María Magdalena.
  2. Jesús tuvo un hijo.

Lo impresionante es que aunque la cubierta del libro diga que es una “novela”, Dan Brown mismo afirma que es factual. Richard Abanes dice,

Sólo Dan Brown mismo ha hecho afirmaciones más explícitas sobre la factibilidad de su libro. Por ejemplo, la primera página de la novela dice: “HECHO… Todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos, y secretos rituales de esta novela son precisos”. Consideren, también, el siguiente comentario hecho por Brown durante una entrevista, en la que pinta su obra como mucho más factual que ficticia:

<<Una de las muchas cualidades que hacen únicas a El Código Da Vinci es la naturaleza factual de la historia. Toda la historia, arte, documentos antiguos, y rituales secretos en la novela son precisos – así como lo son los códigos secretos revelados en algunos de los cuadros más famosos de Da Vinci.>>

Sin embargo, cualquier fiscal que mire a los así llamados hechos de Dan Brown no procedería a juicio, sino que probablemente arrestaría a Brown por dar falso testimonio a un gran jurado. Cualquier juez miraría al caso presentado en El Código Da Vinci y simplemente lo lanzaría fuera de la sala como ficticio, irracional, y no confiable como historia. ¿Por qué?

Este artículo analizará brevemente algunos de los así llamados hechos  de Brown que revelan que el libro no es solamente no histórico, sino pura ficción. Dada la longitud de este artículo, no será en ningún modo completo; sin embargo descubrirá al lector suficiente información para que pueda hacer una decisión racional sobre las afirmaciones de Dan Brown y de El Código Da Vinci.

¿Dónde están los hechos, Brown, dónde están los hechos?

Como mi viejo amigo el sargento Joe Friday en Dragnet solía decir: “Sólo los hechos, señora, solo los hechos”. Podríamos también preguntarle a Dan Brown, “¿Dónde están los hechos, Brown, dónde están los hechos?”

Brown sostiene:

La Biblia, tal como la conocemos hoy, fue recopilada por el emperador romano Constantino… Él fue un pagano toda su vida y fue bautizado en su lecho de muerte, demasiado débil como para protestar.

¿Es esto hecho o ficción? Constantino no fue pagano toda su vida. Kurian afirma,

En 313 él y Licinio, el emperador del Imperio del Este, proclamaron el Edicto de Milán, dando una toleración total y legal al Cristianismo. En 330 fundó Constantinopla como una segunda Roma. Fue bautizado poco antes de su muerte y fue enterrado entre los apóstoles en la basílica que fundó en su honor en Constantinopla. Se vio a sí mismo como un siervo de Dios y, con su madre, Helena, es reverenciado en la Iglesia del Este como uno de las grandes figuras en la historia cristiana.

La historia sí registra que Constantino fue bautizado en su lecho de muerte, pero no en contra de su voluntad. ¿Por qué esperó Constantino hasta antes de morir para ser bautizado? Porque la tradición Católica, en esa época, enseñaba que el bautismo literalmente lavaba todos los pecados hechos anteriormente. Así, una persona podía ir desde esta vida a la próxima sin estar en el purgatorio, porque sus pecados eran literalmente lavados. Fue, de hecho, relativamente común para los cristianos posponer el bautismo hasta el final de sus vidas. Así, las afirmaciones de Brown concernientes a Constantino son históricamente establecidas como falsas.

¿Qué hay de la visión de Brown sobre el canon de la Biblia? El Código Da Vinci declara que las escrituras Cristianas “evolucionaron a través de innumerables traducciones, adiciones, y revisiones. La historia nunca ha tenido una versión definitiva del libro”. Brown va más lejos y literalmente afirma que a la Biblia Protestante le faltan libros que corroboran sus declaraciones. Dice que Constantino

Comisionó y financió una nueva Biblia, que omitió aquellos evangelios que hablaban sobre las características humanas de Cristo y estableció aquellos evangelios que lo deificaban. Los evangelios más tempranos fueron proscritos, juntados, y quemados.

Sin embargo, la Biblia está inspirada por Dios (2 Tim. 3:16; 1 Pedro 1:20-21). Lo que es más, la iglesia siempre ha tenido un canon de las escrituras. B.B. Warfield declara,

La iglesia no ha crecido por una ley natural: ha sido fundada. Y los maestros autoritarios enviados por Cristo para fundar Su iglesia llevaron con ellos, como su más preciada posesión, un cuerpo de Escrituras divinas, que impusieron a la iglesia que fundaron como su código de ley. Ningún lector del Nuevo Testamento puede necesitar una prueba de esto; en cada página de este libro está difundida la evidencia que, desde el mismo comienzo, el Antiguo Testamento fue tan cordialmente reconocido como ley por el cristiano así como para el judío. La iglesia Cristiana nunca estuvo sin una “biblia” o sin un “canon”.

R.C. Sproul explica los comentarios de B.B. Warfield diciendo, “El punto de Warfield de que la iglesia fue fundada llama la atención al hecho de que la iglesia tuvo un fundador y un fundamento. El fundador fue Cristo”. Así, el canon de las Escrituras no fue tan solo un conglomerado apresurado de material, según la opinión de alguien. Como con Calvino, quien creyó que la Biblia derivaba su autoridad de Dios y no de la iglesia, las Escrituras derivaron de la soberanía de Dios y no por un simple hombre o grupo de hombres. La iglesia no inventa escrituras, sino más bien las acepta y se rinde ante una autoridad que ya está ahí.

La iglesia temprana sí que prohibió unos cuantos libros de la Biblia. Fueron prohibidos porque fueron descubiertos a ser pseudo-epigráficos – escritos fraudulentos que la iglesia temprana miró como cuentos incubados en imaginaciones fértiles. Así como Origen (185 – 254 d.C.) dijo sobre estos escritos,

“Muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”. La Iglesia posee cuatro Evangelios, y muchos heréticos, de los cuales uno es llamado El Evangelio según los Egipcios, y otro, El Evangelio según los Doce Apóstoles. Basilito también ha presumido de haber escrito un evangelio, pero solo cuatro Evangelios son reconocidos. De estos las doctrinas concernientes a la persona de nuestro Señor y Salvador han de ser sacadas. Conozco cierto evangelio  llamado El Evangelio según Tomás, y un Evangelio según Matías, y muchos otros hemos leído – para que no se nos considere ignorantes por parte de aquellos que se imaginan que poseen algún tipo de conocimiento si están familiarizados con estos. Sin embargo, entre todos estos tenemos aprobados solamente lo que la Iglesia ha reconocido, por lo que tan solo los cuatro Evangelios deberían ser aceptados.

Justino Mártir se refirió a los evangelios como “las memorias que, digo, fueron redactados por sus apóstoles y por aquellos que los siguieron (Diálogo con Trifo 103:19)”. Así como atesta la historia, el único evangelio está expresado en solo cuatro Evangelios.

Hasta aquí, nuestra acusación a Dan Brown tiene dos informes históricos en contra suyo. No obstante, esto ni siquiera empieza a dejar exhaustos el número de errores que acepta. Brown declara, “Un tema particularmente problemático seguía repitiéndose en los evangelios. María Magdalena… más específicamente, su matrimonio con Jesucristo”. Brown arguye que Jesús estuvo casado basándose en dos consideraciones primarias: (1) Jesús besó a María en la boca de acuerdo a los evangelios gnósticos, y (2) que no era judío el no casarse.

Si uno investiga los contenidos de los evangelios gnósticos en Nag Hammadi Library, no hay ninguna referencia a tal matrimonio. Además, no hay ninguna referencia a este presunto matrimonio en el Evangelio según María. Aunque discrepen mucho en otros temas, los liberales y los conservativos aceptan igualmente que Jesús fue soltero,  ¡no casado! Sin embargo, incluso si Jesús hubiera estado casado, esto no afectaría de ningún modo su divinidad. Como humano, Jesús pudo haber estado casado y haber tenido un hijo y esto hubiera reflejado su completa humanidad y no le restaría a su completa divinidad. Así, incluso si Jesús hubiera estado casado y tenido un hijo no hubiera habido ninguna razón para esconderlo.

Como he dicho más arriba, Brown sostiene que, porque Jesús fue un judío y/o rabino, tuvo que estar casado. Esta acusación no tiene crédito. Jesús no fue técnicamente un rabino. Es por esto por lo que los judíos le preguntaron que con qué autoridad enseñaba (Marcos 11:28). Sus discípulos lo llamaban “Rabí” porque era su maestro, no porque tuviera una posición oficial. Segundo, según Bock, “Las enseñanzas de Jesús sobre el llamado del Reino a ser eunucos parece estar basado en su compromiso y ejemplo de no estar casado (Mat. 19:10-12)”. Los esenios parecen llegar a esta conclusión. Josefo (37 -100 d.C.) declara sobre los Esenios:

Merece también nuestra admiración el cuánto superan a todos los demás hombres que buscan la virtud, y esto en justicia; y ciertamente hasta tal punto, como nunca se ha dado entre ningún otro pueblo, ni griegos ni bárbaros, no, ni por un corto tiempo, y así ha permanecido por un largo período con ellos.

Jesús no estuvo casado; ni tenía necesidad de estarlo.

¿Qué hay del hombre que dijo, “La verdad en un final no puede ser escondida”? ¿Quién fue este hombre? Leonardo da Vinci (1452-1519). ¿Por qué un hombre que supuestamente es un Gran maestre del Priorato de Sión, al que se le ha confiado guardar el secreto de los secretos, habría pintado a María Magdalena en La Última Cena? ¿No estaría así divulgando en secreto que se le ha confiado? Nos encontramos aquí frente a un dilema: o Leonardo mintió diciendo “La verdad en un final no puede ser escondida”, porque intentó esconder la verdad a través de su cuadro, o bien estaba siendo infiel a su alegado juramento al Priorato de Sión. Claramente hay otra opción: Dan Brown escribe ficción, no hechos. Y esta es la verdad, pues el Priorato de Sión fue fundado por Pierre Plantard muchos años después de la muerte de da Vinci. Así, da Vinci no pudo ser su Gran Maestre, ¿y entonces qué motivo habría tenido para esconder nada?

Conclusión

Podríamos preguntar otras muchas cuestiones investigativas aquí sobre el grial, el Priorato de Sión, los caballeros templarios, pero todos conducen a la misma conclusión – ¡no hay ninguna evidencia substancial válida para confirmar las declaraciones de Dan Brown! Aunque no sabemos los motivos exactos por los que Dan Brown escribió este libro, sí sabemos la voz de aquel que lo inspiró – la del diablo mismo. La iglesia no debería estar desalentada por el intento de Brown de quitarle crédito. Ya ha sido intentado anteriormente. No obstante, cualquier investigación llevada a cabo por un coroner verá que El Código Da Vinci sufrió muchas muertes en su investigación inicial. Una autopsia del así llamado cuerpo de verdad tan solo revela la realidad de que está lleno de órganos cancerígenos – esto es, errores históricos y teológicos. El informe final del coroner dice así: “Muerte por suicidio” – esto es, investigación defectuosa. Las puertas del infierno o el código no prevalecerán contra la iglesia invisible (Mat. 16:13-18).

Dios es soberano. Ha permitido que El Código Da Vinci sea escrito y publicado por su propio objetivo. La iglesia está fortalecida en su doctrina, mientras que otros caen por el camino siendo expuestos como lo que verdaderamente son. Lo que Satanás quiso para mal, Dios lo quiere para su propio buen propósito y determinación (Gén. 50:20).