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Mis Disculpas, No Hemos Sido Radicales

10 de septiembre de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la quinta parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Para leer la primera, segunda, tercera, o cuarta parte, siga los links. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Obviamente no puedo entrar en una discusión sobre todos los hechos y todas las razones que se usan en contra de la creencia en Dios. Están aquellos que han hecho del Antiguo Testamento, así como aquellos que han hecho del Nuevo Testamento, su estudio durante toda su vida. Son sus escritos los que debes leer para una detallada refutación de los puntos sobre el criticismo bíblico. Otros se han especializado en física y biología. A ellos tengo que señalar para una discusión sobre los muchos puntos conectados con temas como la evolución. Pero hay algo que hay por debajo de todas estas discusiones. Y es con ese algo con lo que quiero tratar ahora.

Puede que pienses que me he expuesto terriblemente. En vez de hablar sobre Dios como algo vago e indefinido, según las maneras del modernista, de los Barthianos, y del místico, un dios tan vacío de contenido y tan alejado de la experiencia que no es capaz de exigir nada a los hombres, he desenvuelto la idea de Dios con ciencia “anticuada” y lógica “contradictoria”. Parece que haya puesto sal sobre la herida presentando el tipo de Dios más objetable que he podido encontrar. Debería serte muy fácil explotar mi burbuja. Veo que estás preparado para leerme hectáreas de hechos cogidos de los textos estándar de las universidades sobre física, biología, antropología, y psicología, o para aplastarme con tu tanque de sesenta toneladas cogidas del famoso libro de Kant, Crítica de la Razón Pura. Pero he estado bajo este pesado torrencial muchas veces hasta ahora. Antes de que hagas el esfuerzo de abrir el grifo de nuevo, hay un punto preliminar que quiero traer al frente. Ya me he referido a él cuando estábamos discutiendo el tema del test o del criterio.

El punto es este. No creyendo en Dios, hemos visto, no piensas que eres la criatura de Dios. Y no creyendo en Dios no crees que el universo haya sido creado por Dios. Esto quiere decir que piensas sobre ti mismo y sobre el universo como estando ahí sin más. Ahora bien, si de veras eres la criatura de Dios, entonces tu actitud actual es muy injusta respecto a Él. En tal caso es hasta un insulto hacia Él. Y habiendo insultado a Dios, Su disgusto descansa sobre ti. Dios y tú no estáis en “buenos términos”. Y tienes muy buenas razones para intentar demostrar que no existe. Si existe, te castigará por tu desprecio hacia Él. Llevas entonces gafas coloreadas. Y esto determina todo lo que dices sobre los hechos y las razones para no creer en Él. Has tenido tus picnics y tus partidas de caza en Su territorio sin pedirle permiso. Has cogido los racimos de la viña de Dios sin pagarle nada y has insultado a Sus representantes que te pidieron que lo hicieras.

Tengo que pedirte disculpas llegados a este punto. Nosotros los que creemos en Dios no siempre hemos dejado clara nuestra posición. Suficientemente a menudo hemos hablado contigo sobre hechos y razones válidas como si hubiéramos estado de acuerdo contigo sobre lo que estas cosas son en realidad. En nuestros argumentos para la existencia de Dios frecuentemente hemos asumido que tú y nosotros tenemos un área de conocimiento en el que estamos de acuerdo. Pero realmente no concedemos que veas ningún hecho en ninguna dimensión de la vida correctamente. En realidad pensamos que tienes gafas coloreadas sobre tu nariz cuando hablas sobre pollos y vacas, así como cuando hablas sobre la vida de después de la muerte. Deberíamos haberte dicho esto de una manera más clara que como lo hemos hecho hasta ahora. Pero ciertamente estábamos un poco avergonzados por lo que habrías pensado que es una posición muy extraña o extrema. Estábamos tan ansiosos de no ofenderte a ti que hemos ofendido a nuestro propio Dios. Pero no nos atrevemos a presentarte a nuestro Dios como más pequeño o menos exigente de lo que es en realidad. Quiere ser presentado como el Todo-Condicionador, como el lugar en el que hasta aquellos que lo niegan han de  emplazarse.

Por Qué Creo en Dios – Parte 2

29 de agosto de 2012 1 comentario

 [Nota: Esta es la segunda parte de Why I Believe in God, un ensayo del Dr. Cornelius Van Til (1895 –1987), al que he dividido en varios trozos. Puede encontrarse la primera parte aquí. Las demás partes serán publicadas en los siguientes días]

Niñez

Para continuar, entonces, puedo recordar, cuando era niño, jugar en una caja de arena construida en una esquina del granero de paja. Desde ahí iba a través del establo hasta la casa. Construido también en el pajar, pero con las puertas estando abiertas hacia el establo, había una cama para el trabajador. ¡Cuánto quería el permiso de dormir ahí durante una noche! Y se me dio finalmente permiso. Freud era aún totalmente desconocido para mí, pero escuché hablar sobre fantasmas y “ancestros de la muerte”. Esa noche oí a las vacas tintineando sus cadenas. Sabía que eran vacas y que hacían mucho tintineo con sus cadenas, pero tras un rato no estaba muy seguro de si eran solo las vacas las que hacían los sonidos que escuché. ¿No había alguien ahí que andaba por el pasillo por detrás de las vacas y se acercaba a mi cama? Ya me habían enseñado a decir mis oraciones de por la tarde. Algunas de las palabras de dicha oración decían algo así como: “Señor, conviérteme, para que sea convertido”. Sin pensar en la paradoja, oré esa oración aquella noche como nunca antes había orado.

No puedo recordar haberles hablado a mi padre o a mi madre sobre mi aflicción. No habrían sido capaces de proveer el remedio moderno. La revista Psychology no les llegaba a casa – ¡ni siquiera The Ladies Home Journal! Aunque sé lo que habrían dicho. ¡Claro que no había fantasmas, y ciertamente no debería tener miedo, pues con cuerpo y alma pertenecía al Salvador que murió por mí en la Cruz y resucitó para que Su pueblo fuera salvo del infierno e ir al cielo! Tenía que orar con seriedad para que el Espíritu Santo me diera un nuevo corazón para que pudiera verdaderamente amar a Dios en vez de al pecado y a mí mismo.

¿Cómo sé que algo de este estilo me habrían dicho? Pues bien, esa era la clase de cosas de las que me hablaban cada cierto tiempo. O, más bien, esa era la clase de cosa que constituía la atmósfera de nuestra vida diaria. La nuestra no era en ningún sentido una familia pietista. No hubo ninguna gran explosión emocional en ninguna ocasión que yo pueda recordar. Había mucho hablar sobre recoger paja en verano y sobre cuidar de las vacas y de las ovejas en invierno, pero en torno a eso lo único que había era una atmósfera de profundo condicionamiento. Aunque no había precipitaciones tropicales de avivamientos, la relativa humedad era siempre muy alta. En cada comida la familia entera estaba presente. Había una oración de finalización así como al comienzo, y un capítulo de la Biblia se leía cada vez. La Biblia se leía desde Génesis hasta Apocalipsis. En el desayuno o en la cena, dependiendo del caso, escucharíamos sobre el Nuevo Testamento, o sobre “Los hijos de Gad, por familias: de Zefón, la familia de los zefonitas; de Hagui, la familia de los haguitas; de Suni, la familia de los sunitas”. No afirmo haber entendido siempre el significado de todo ello. Mas del efecto total no puede haber duda. La Biblia se convirtió para mí, en todas sus partes, en cada sílaba, la misma Palabra de Dios. Aprendí que tenía que creer la historia de las Escrituras, y que la “fe” era un regalo de Dios.  Lo que ocurrió en el pasado, y particularmente lo que ocurrió en el pasado en Palestina, fue de suma importancia para mí. En resumen, fui criado en lo que el Dr. Joad llamaría “parroquialismo temporal y topográfico”. Fui “condicionado” a conciencia. ¡No podía no creer en Dios – en el Dios del cristianismo – en el Dios de la Biblia entera!

Viviendo cerca de la Biblioteca del Congreso, tú no estabas tan restringido. Tus padres eran muy iluminados en su visión religiosa. Te leyeron de alguna Biblia del Mundo en vez de la Biblia de Palestina. No, ciertamente, me corriges, no hicieron tal cosa. No querían atormentarte con temas religiosos en tus tempranos días. Ellos buscaron cultivar la “mente abierta” en su hijo.

¿Habremos de decir entonces que en mi vida temprana yo fui condicionado a creer en Dios, mientras que tú fuiste dejado a desarrollar libremente tus propios juicios según te placía? Pero eso difícilmente es así. Sabes tan bien como yo que cada niño está condicionado por su entorno. Tú fuiste tan a conciencia condicionado a no creer en Dios como yo lo fui a creer en Dios. Así que no nos llamemos nombres el uno al otro. Si tú quieres decir que la creencia fue colada por mi garganta, replicaré diciendo que la incredulidad fue colada por tu garganta. Esto nos deja preparados para nuestro argumento.

La Fe es Racionalidad

17 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Douglas Jones

…Se nos dice que la razón y la fe están en conflicto, que son dos medios contrarios para adquirir conocimiento. La razón, en este sentido largo, es el conjunto de reglas del pensamiento que deberíamos usar para evaluar y extender nuestras creencias, exiliando las absurdidades, contradicciones, y afirmaciones no fundamentadas. La fe, en contraste, es el rechazo de estas reglas más altas del pensamiento, para abrazar ciegamente los dictados de la autoridad y deleitarse en absurdidades. O así se cuenta la historia.

En consecuencia, los no cristianos a menudo acusan a los cristianos de irracionalidad por darle una posición a la fe, y muchos cristianos a menudo rechazan cualquier posición para la razón y hacen de la irracionalidad (“fe”, como ellos lo ven) el sello distintivo de la religión cristiana. Pero parece que estos puntos de vista son erróneos, y su equivocación común es que deforman la racionalidad.

¿Qué es la racionalidad? Muchas teorías tenemos a disposición. Por ejemplo, unos defienden que la racionalidad es elegir los mejores medios para un fin deseado. Pero esto rápidamente se convierte en algo inmanejable – podríamos hacer cualquier acción racional haciendo de ésta misma el fin deseado. Pienso que otra definición de la racionalidad ayuda más. Podemos llegar a un acuerdo más amplio si entendemos la racionalidad, en un sentido básico, como el conformarse las creencias y las acciones de alguien a las reglas más altas de la verdad. El aspecto de “conformarse” retiene la habilidad de excluir absurdidades, aquellas cosas que violan las reglas más altas de la verdad. El aspecto de “más altas” nos dirige en última instancia a aquellas normas que sirven como el tribunal de apelación final, aquellas que tienen derecho a veto sobre todas las demás reglas. El aspecto de “verdad” indica a la naturaleza del mundo, a la realidad y no nuestras imaginaciones. La realidad determina la racionalidad. Una persona racional es, entonces, la que vive de acuerdo a las reglas supremas de la verdad.

Cuando algún no cristiano afirma que sigue la “razón” y que rechaza la “fe”, su objetivo es obedecer las reglas de la verdad que gobiernan la realidad, puede que algo como las leyes de la lógica o los métodos científicos o algo así. Puede imaginarse que está haciendo algo completamente diferente a la persona devotada al Dios cristiano, pero en realidad, los dos siguen el mismo procedimiento. Ambos buscan obedecer las normas más altas de la verdad. La fe cristiana no nos pide actuar ciegamente, buscando ir en dirección contraria a la realidad. Busca seguir el mismo procedimiento que la persona devotada a la racionalidad, a pesar de que claramente estos dos apelan a criterios últimos contrarios.

Para ver esto mejor, consideremos el caso de Abraham, aquel anciano padre del judaísmo y del cristianismo. En la disputa tradicional sobre la razón y la fe, Abraham seguramente sería clasificado como un modelo de fe. La Biblia nos dice que Dios llamó a Abraham suyo y le prometió descendientes y una tierra, aunque Abraham era entonces falto de hijos, y las tierras estaban ocupadas por gente poderosa y hostil. Pero contrario a toda la evidencia preponderante de que no hay mucha probabilidad de descendientes si a ti mismo te falta un hijo, y contrario a toda la evidencia en contra a que un viejo hombre solitario venciera una hueste de armadas hostiles, Abraham creyó en el Señor (Génesis 15:6). Años después, cuando el Señor finalmente declaró el futuro embarazo de su mujer, aunque esta se acercaba a los cien años de vida, Abraham creyó, confiando en la promesa de Dios, contrario a las opiniones expertas de que las personas que han pasado del período de poder tener hijos pudieran tener hijos. Más tarde en la vida de Abraham, después del nacimiento de su durante mucho tiempo prometido hijo, Dios incluso le dirigió a Abraham a ir a una excursión para sacrificar a aquel mismo hijo, a Isaac. Pero en vez de ser “racional” así como unos lo entienden, explicándole a Dios que los cadáveres no hacen a uno un buen padre de muchos descendientes, Abraham tuvo fe, creyendo en la absurdidad de que Dios era capaz de resucitar a su hijo de entre los muertos para cumplir su promesa de los muchos descendientes.

En todo esto, Abraham demostró a ser un modelo de fe. Pero desde una perspectiva no cristiana, Abraham, en cada paso que daba, era extremadamente irracional y probablemente peligroso para la sociedad. (Los trabajadores sociales seguramente hubieran estado inquietos por esta pequeña excursión con Isaac.) Las conclusiones de Abraham seguramente serían opuestas con aquellas recomendadas por nuestra comunidad científica reconocida. Desde este punto de vista no cristiano, Abraham, como modelo de fe, es también un modelo de irracionalidad.

Pero dada la comprensión de la racionalidad discutida antes – conformar nuestros pensamientos y acciones a las reglas más altas de verdad – Abraham no fue irracional lo más mínimo. Si la cosmovisión de Abraham es correcta, entonces el Dios de Abraham reina como el criterio de verdad muy por encima de cualquier explicación ayudadora de los filósofos y científicos. En la realidad bíblica, no hay normas de pensamiento que estén sobre y por encima de las normas de la persona suprema de Dios. Más aún, si esta visión es correcta, entonces Abraham no es solo un modelo de fe sino también un modelo de racionalidad, un “racionalista” devotado, conformando su vida a las reglas más altas de verdad. Abraham hubiera sido estúpido y supremamente irracional para creer lo contrario de la promesa de Dios.

Así que, al final, la supuesta hostilidad entre la razón y la fe se disuelve de manera interesante. La fe y la razón no son enemigas, sino idénticas. Ambas buscan conformarse a las normas más altas de verdad. Y, como ya hemos visto antes, aunque los no cristianos profesan obedecer sus propias supuestas normas de verdad, ninguno de ellos lo hacen fielmente. Todos actúan como si la visión cristiana de la realidad es verdadera, mientras lo niegan. Esa es la verdadera irracionalidad. Esa es verdadera fe ciega. En marcado contraste, el cristianismo rechaza la fe ciega y nos llama a arrodillarnos delate del Dios cristiano, del Dios de Abraham, Isaac, y José – el criterio supremo del pensamiento y de la vida, a quien toda persona racional debería conformarse.

Extracto de Why and What: A Brief Introduction to Christianity.

Las falacias de El Código Da Vinci

1 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por Joseph R. Nally

Como ex investigador de homicidios, me gusta un buen misterio – sobre todo misterios sobre asesinatos. Las novelas de ficción normalmente desarrollan la posición de un detective más bien glamurosamente. Uno ve un estilo de vida emocionante y una investigación intrigante, pero no el papeleo y el aburrimiento del día a día de un detective real. El Código Da Vinci es este tipo de libro de ficción. Es un thriller interesante y entretenido. Una vez que empiezas a leer el libro no querrás soltarlo de tus manos.

Dan Brown entrelaza el misterio de un asesinato en una conspiración. Mientras la historia se desarrolla, uno descubre que este libro no es un thriller político, sino más bien una tapadera religiosa. Entre las así llamadas tapaderas se encuentran:

  1. Jesús estuvo casado con María Magdalena.
  2. Jesús tuvo un hijo.

Lo impresionante es que aunque la cubierta del libro diga que es una “novela”, Dan Brown mismo afirma que es factual. Richard Abanes dice,

Sólo Dan Brown mismo ha hecho afirmaciones más explícitas sobre la factibilidad de su libro. Por ejemplo, la primera página de la novela dice: “HECHO… Todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos, y secretos rituales de esta novela son precisos”. Consideren, también, el siguiente comentario hecho por Brown durante una entrevista, en la que pinta su obra como mucho más factual que ficticia:

<<Una de las muchas cualidades que hacen únicas a El Código Da Vinci es la naturaleza factual de la historia. Toda la historia, arte, documentos antiguos, y rituales secretos en la novela son precisos – así como lo son los códigos secretos revelados en algunos de los cuadros más famosos de Da Vinci.>>

Sin embargo, cualquier fiscal que mire a los así llamados hechos de Dan Brown no procedería a juicio, sino que probablemente arrestaría a Brown por dar falso testimonio a un gran jurado. Cualquier juez miraría al caso presentado en El Código Da Vinci y simplemente lo lanzaría fuera de la sala como ficticio, irracional, y no confiable como historia. ¿Por qué?

Este artículo analizará brevemente algunos de los así llamados hechos  de Brown que revelan que el libro no es solamente no histórico, sino pura ficción. Dada la longitud de este artículo, no será en ningún modo completo; sin embargo descubrirá al lector suficiente información para que pueda hacer una decisión racional sobre las afirmaciones de Dan Brown y de El Código Da Vinci.

¿Dónde están los hechos, Brown, dónde están los hechos?

Como mi viejo amigo el sargento Joe Friday en Dragnet solía decir: “Sólo los hechos, señora, solo los hechos”. Podríamos también preguntarle a Dan Brown, “¿Dónde están los hechos, Brown, dónde están los hechos?”

Brown sostiene:

La Biblia, tal como la conocemos hoy, fue recopilada por el emperador romano Constantino… Él fue un pagano toda su vida y fue bautizado en su lecho de muerte, demasiado débil como para protestar.

¿Es esto hecho o ficción? Constantino no fue pagano toda su vida. Kurian afirma,

En 313 él y Licinio, el emperador del Imperio del Este, proclamaron el Edicto de Milán, dando una toleración total y legal al Cristianismo. En 330 fundó Constantinopla como una segunda Roma. Fue bautizado poco antes de su muerte y fue enterrado entre los apóstoles en la basílica que fundó en su honor en Constantinopla. Se vio a sí mismo como un siervo de Dios y, con su madre, Helena, es reverenciado en la Iglesia del Este como uno de las grandes figuras en la historia cristiana.

La historia sí registra que Constantino fue bautizado en su lecho de muerte, pero no en contra de su voluntad. ¿Por qué esperó Constantino hasta antes de morir para ser bautizado? Porque la tradición Católica, en esa época, enseñaba que el bautismo literalmente lavaba todos los pecados hechos anteriormente. Así, una persona podía ir desde esta vida a la próxima sin estar en el purgatorio, porque sus pecados eran literalmente lavados. Fue, de hecho, relativamente común para los cristianos posponer el bautismo hasta el final de sus vidas. Así, las afirmaciones de Brown concernientes a Constantino son históricamente establecidas como falsas.

¿Qué hay de la visión de Brown sobre el canon de la Biblia? El Código Da Vinci declara que las escrituras Cristianas “evolucionaron a través de innumerables traducciones, adiciones, y revisiones. La historia nunca ha tenido una versión definitiva del libro”. Brown va más lejos y literalmente afirma que a la Biblia Protestante le faltan libros que corroboran sus declaraciones. Dice que Constantino

Comisionó y financió una nueva Biblia, que omitió aquellos evangelios que hablaban sobre las características humanas de Cristo y estableció aquellos evangelios que lo deificaban. Los evangelios más tempranos fueron proscritos, juntados, y quemados.

Sin embargo, la Biblia está inspirada por Dios (2 Tim. 3:16; 1 Pedro 1:20-21). Lo que es más, la iglesia siempre ha tenido un canon de las escrituras. B.B. Warfield declara,

La iglesia no ha crecido por una ley natural: ha sido fundada. Y los maestros autoritarios enviados por Cristo para fundar Su iglesia llevaron con ellos, como su más preciada posesión, un cuerpo de Escrituras divinas, que impusieron a la iglesia que fundaron como su código de ley. Ningún lector del Nuevo Testamento puede necesitar una prueba de esto; en cada página de este libro está difundida la evidencia que, desde el mismo comienzo, el Antiguo Testamento fue tan cordialmente reconocido como ley por el cristiano así como para el judío. La iglesia Cristiana nunca estuvo sin una “biblia” o sin un “canon”.

R.C. Sproul explica los comentarios de B.B. Warfield diciendo, “El punto de Warfield de que la iglesia fue fundada llama la atención al hecho de que la iglesia tuvo un fundador y un fundamento. El fundador fue Cristo”. Así, el canon de las Escrituras no fue tan solo un conglomerado apresurado de material, según la opinión de alguien. Como con Calvino, quien creyó que la Biblia derivaba su autoridad de Dios y no de la iglesia, las Escrituras derivaron de la soberanía de Dios y no por un simple hombre o grupo de hombres. La iglesia no inventa escrituras, sino más bien las acepta y se rinde ante una autoridad que ya está ahí.

La iglesia temprana sí que prohibió unos cuantos libros de la Biblia. Fueron prohibidos porque fueron descubiertos a ser pseudo-epigráficos – escritos fraudulentos que la iglesia temprana miró como cuentos incubados en imaginaciones fértiles. Así como Origen (185 – 254 d.C.) dijo sobre estos escritos,

“Muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas”. La Iglesia posee cuatro Evangelios, y muchos heréticos, de los cuales uno es llamado El Evangelio según los Egipcios, y otro, El Evangelio según los Doce Apóstoles. Basilito también ha presumido de haber escrito un evangelio, pero solo cuatro Evangelios son reconocidos. De estos las doctrinas concernientes a la persona de nuestro Señor y Salvador han de ser sacadas. Conozco cierto evangelio  llamado El Evangelio según Tomás, y un Evangelio según Matías, y muchos otros hemos leído – para que no se nos considere ignorantes por parte de aquellos que se imaginan que poseen algún tipo de conocimiento si están familiarizados con estos. Sin embargo, entre todos estos tenemos aprobados solamente lo que la Iglesia ha reconocido, por lo que tan solo los cuatro Evangelios deberían ser aceptados.

Justino Mártir se refirió a los evangelios como “las memorias que, digo, fueron redactados por sus apóstoles y por aquellos que los siguieron (Diálogo con Trifo 103:19)”. Así como atesta la historia, el único evangelio está expresado en solo cuatro Evangelios.

Hasta aquí, nuestra acusación a Dan Brown tiene dos informes históricos en contra suyo. No obstante, esto ni siquiera empieza a dejar exhaustos el número de errores que acepta. Brown declara, “Un tema particularmente problemático seguía repitiéndose en los evangelios. María Magdalena… más específicamente, su matrimonio con Jesucristo”. Brown arguye que Jesús estuvo casado basándose en dos consideraciones primarias: (1) Jesús besó a María en la boca de acuerdo a los evangelios gnósticos, y (2) que no era judío el no casarse.

Si uno investiga los contenidos de los evangelios gnósticos en Nag Hammadi Library, no hay ninguna referencia a tal matrimonio. Además, no hay ninguna referencia a este presunto matrimonio en el Evangelio según María. Aunque discrepen mucho en otros temas, los liberales y los conservativos aceptan igualmente que Jesús fue soltero,  ¡no casado! Sin embargo, incluso si Jesús hubiera estado casado, esto no afectaría de ningún modo su divinidad. Como humano, Jesús pudo haber estado casado y haber tenido un hijo y esto hubiera reflejado su completa humanidad y no le restaría a su completa divinidad. Así, incluso si Jesús hubiera estado casado y tenido un hijo no hubiera habido ninguna razón para esconderlo.

Como he dicho más arriba, Brown sostiene que, porque Jesús fue un judío y/o rabino, tuvo que estar casado. Esta acusación no tiene crédito. Jesús no fue técnicamente un rabino. Es por esto por lo que los judíos le preguntaron que con qué autoridad enseñaba (Marcos 11:28). Sus discípulos lo llamaban “Rabí” porque era su maestro, no porque tuviera una posición oficial. Segundo, según Bock, “Las enseñanzas de Jesús sobre el llamado del Reino a ser eunucos parece estar basado en su compromiso y ejemplo de no estar casado (Mat. 19:10-12)”. Los esenios parecen llegar a esta conclusión. Josefo (37 -100 d.C.) declara sobre los Esenios:

Merece también nuestra admiración el cuánto superan a todos los demás hombres que buscan la virtud, y esto en justicia; y ciertamente hasta tal punto, como nunca se ha dado entre ningún otro pueblo, ni griegos ni bárbaros, no, ni por un corto tiempo, y así ha permanecido por un largo período con ellos.

Jesús no estuvo casado; ni tenía necesidad de estarlo.

¿Qué hay del hombre que dijo, “La verdad en un final no puede ser escondida”? ¿Quién fue este hombre? Leonardo da Vinci (1452-1519). ¿Por qué un hombre que supuestamente es un Gran maestre del Priorato de Sión, al que se le ha confiado guardar el secreto de los secretos, habría pintado a María Magdalena en La Última Cena? ¿No estaría así divulgando en secreto que se le ha confiado? Nos encontramos aquí frente a un dilema: o Leonardo mintió diciendo “La verdad en un final no puede ser escondida”, porque intentó esconder la verdad a través de su cuadro, o bien estaba siendo infiel a su alegado juramento al Priorato de Sión. Claramente hay otra opción: Dan Brown escribe ficción, no hechos. Y esta es la verdad, pues el Priorato de Sión fue fundado por Pierre Plantard muchos años después de la muerte de da Vinci. Así, da Vinci no pudo ser su Gran Maestre, ¿y entonces qué motivo habría tenido para esconder nada?

Conclusión

Podríamos preguntar otras muchas cuestiones investigativas aquí sobre el grial, el Priorato de Sión, los caballeros templarios, pero todos conducen a la misma conclusión – ¡no hay ninguna evidencia substancial válida para confirmar las declaraciones de Dan Brown! Aunque no sabemos los motivos exactos por los que Dan Brown escribió este libro, sí sabemos la voz de aquel que lo inspiró – la del diablo mismo. La iglesia no debería estar desalentada por el intento de Brown de quitarle crédito. Ya ha sido intentado anteriormente. No obstante, cualquier investigación llevada a cabo por un coroner verá que El Código Da Vinci sufrió muchas muertes en su investigación inicial. Una autopsia del así llamado cuerpo de verdad tan solo revela la realidad de que está lleno de órganos cancerígenos – esto es, errores históricos y teológicos. El informe final del coroner dice así: “Muerte por suicidio” – esto es, investigación defectuosa. Las puertas del infierno o el código no prevalecerán contra la iglesia invisible (Mat. 16:13-18).

Dios es soberano. Ha permitido que El Código Da Vinci sea escrito y publicado por su propio objetivo. La iglesia está fortalecida en su doctrina, mientras que otros caen por el camino siendo expuestos como lo que verdaderamente son. Lo que Satanás quiso para mal, Dios lo quiere para su propio buen propósito y determinación (Gén. 50:20).

Porque Ha Escrito Un Libro – Christopher Hitchens vs. Doug Wilson

26 de julio de 2012 1 comentario

Notas de Doug Wilson

En esta parte de nuestro debate del otoño de 2008, el recientemente fallecido Christopher Hitchens me pregunta por qué seguía diciendo cosas como “Dios quiere…” ¿Cómo se supone que yo podría saber algo como eso?

La raíz de la pregunta es sobre la epistemología. La epistemología es la rama de la filosofía que pregunta cómo podemos realmente conocer cosas. Y, corriendo nosotros con resolución en la rueda giratoria para ardillas a la que nos hemos subido, cuando finalmente respondemos a la pregunta de cómo conocemos las cosas, podemos ser preguntados de nuevo si estamos seguros de que sabemos eso.

Hay tres enfoques básicos a esta pregunta. Uno es llamado racionalismo, que afirma el conocimiento basado en la razón objetiva. El segundo es llamado empirismo, con todo el conocimiento derivado a partir de la experiencia. El tercero, abrazado por los cristianos, es una epistemología de la revelación: Conocemos lo que Dios quiere porque así lo ha intencionado al hablarnos.  Conocemos porque ha escrito un libro.

Ahora por supuesto que debería remarcarse que la fe en la revelación de Dios no excluye la razón o la experiencia – más bien crea un espacio apropiado para estas. Después de todo, cuando leo la Biblia, pienso y reflexiono sobre lo que he leído, usando la razón. No solo esto, sino que leyendo las Escrituras tengo la experiencia física de tener la Biblia en mis manos, y tengo los rayos de luz que rebotan de las páginas hacia mis ojos, que son experiencias. En todo esto, estoy presuponiendo (creyendo) que vivo en un universo cuyo Creador habla. Si él habla, yo no tengo que hacer que sea oído – él hace eso. Lo que yo tengo que hacer es quitarme los dedos de los oídos y parar de tararear el himno nacional.

Desde luego, un no creyente con talento (como Hitchens) va a intentar empujar todo esto un paso más atrás. ¿Cómo sabes que Dios escribió un libro? Y la respuesta es que… bueno, lo he leído. Por supuesto, esta respuesta bien puede recordarle a Hitchens de aquella vez en la que Mark Twain fue preguntado si creía en el bautismo de los niños. Contestó algo parecido a esto: “¿Creer en ello, señor? ¡Lo he visto con mis propios ojos!”

En este extracto, le mencioné a Hitchens que todas las criaturas finitas piensan axiomáticamente. Todos tenemos un punto de partida, y ese punto de partida no es nuestro destino. No razonamos hacia nuestros axiomas; razonamos a partir de ellos. Son la tierra bajo nuestros pies. Son nuestras presuposiciones fundamentales, nuestras presuposiciones de partida. Menciono el más básico en este segmento cuando me referí al libro de Francis Schaeffer Él está allí y no está callado (He Is There and He Is not Silent, n.tr.). Dios no es el mimo supremo.

Dios ha hablado, primeramente, en el orden creado. Los cielos declaran la majestuosidad de Dios. Ha hablado, en segundo lugar, a través de los apóstoles, profetas, visionarios y mártires. Tenemos sus relatos en las Escrituras, el único libro último e infalible del mundo. Y en último lugar, Dios nos ha hablado a través de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

Aquí es donde empiezo mi viaje. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová (Prov. 1:7). Y temer a Jehová significa escucharle cuando habla.

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Enlace al artículo original: Because He Wrote A Book.