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¿Es el Diseño Inteligente ciencia?

9 de agosto de 2012 Deja un comentario

Por John Frame

El “Diseño Inteligente” (a lo largo del artículo, DI) es la visión de que el universo ofrece evidencia de ser el producto de un diseñador inteligente. Como tal, es una visión muy antigua. Ciertamente esta fue la posición de los escritores bíblicos (Salmo 19:1, Rom. 1:18-20). Históricamente, muchos han articulado esta posición por medio del “argumento teleológico”: cuando seres no inteligentes actúan para un propósito, tienen que estar bajo el control de una inteligencia personal.

Durante los últimos 150 años o así, el centro de atención ha estado en la teleología como opuesta a la evolución atea. Muchos como B.B. Warfield aceptaron la evolución en sus líneas generales, pero insistieron en que el proceso evolutivo tuvo que haber estado dirigido por un Dios personal. Otros, como el Institute for Creation Research, argumentaron que la evolución, como se concibe normalmente, no ha ocurrido para nada. En su punto de vista, la tierra tiene tan solo alrededor de 10.000 años, y el registro de fósiles puede ser explicado por el diluvio de Noé. Aunque el ICR ha sido acusado de imponer a la naturaleza una visión derivada de la Biblia, ellos han contestado que no, que sus argumentos están fundamentados solo en la ciencia.

Hoy día, sin embargo, DI se refiere a un movimiento específico que se hizo famoso con la publicación en 1991 del libro de Phillip Johnson, Proceso a Darwin (Darwin on Trial). Johnson es cristiano y profesor de derecho en la Universidad de California, Berkeley. Otros miembros prominentes del movimiento son Michael Behe y William Dembski. Behe y Dembski son científicos. Johnson no lo es, pero como abogado tiene una habilidad considerable para criticar argumentos, y ha usado tal habilidad de manera impresionante para desacreditar teorías darwinistas.

A diferencia del ICR, el grupo de DI no argumenta a favor de una tierra joven o a favor de la geología del diluvio. Están dispuestas a aceptar la secuencia cronológica de las formas de vida más o menos como los evolucionistas lo presentan. Pero el evolucionismo de hoy día (“neo-darwinismo”, como es a veces llamado) argumenta que las fuerzas naturales (principalmente la selección natural y la mutación genética) son suficientes para justificar todos los seres vivos; no es necesario invocar a Dios. Este es el problema específico entre el neo-darwinismo y el DI.

Como crítica de la evolución, el DI ha atraído más apoyo que el ICR y demás, hasta entre los científicos, mientras que el apoyo de estos sigue siendo razonablemente poco. Muchos filósofos de la ciencia cristianos han aplaudido su trabajo.

Así que ha emergido la pregunta de si el DI tendría que ser impartido a estudiantes. Los desarrollos que siguieron al proceso de Scopes en 1925 establecieron la enseñanza de la evolución en los colegios públicos. Casi nadie hoy busca excluir la enseñanza de la evolución en los colegios. Hasta los creacionistas cristianos, en su totalidad, reconocen que los estudiantes deberían conocer lo que es la teoría de la evolución, ya que se ha convertido en la visión dominante de los biólogos y geólogos. Pero la pregunta ahora es si el DI debería ser enseñado al lado de la evolución como una visión alternativa.

Para la mayor parte, la situación legal no ha ido bien para el DI. Los juzgados han establecido que porque es “religión”, no “ciencia”, no tiene lugar en un currículum científico. Aún más, enseñar DI, algunos arguyen, es violar el principio de la “separación entre iglesia y estado”.

Mantengo un punto de vista originalista sobre el tema iglesia/estado. La Constitución de los Estados Unidos no dice nada sobre un “muro de separación” entre iglesia y estado. Tan solo prohíbe al Congreso establecer una iglesia nacional. Cuando la Constitución fue escrita, bastantes estados tenían iglesias establecidas. Parte de la intención de la Constitución fue el  dar libertad a los estados sobre este tema. Ciertamente ninguno de los fundadores intentó abolir todo el apoyo a la religión por parte del gobierno. Sin embargo, mi punto de vista es diferente al aprobado por las cortes. Probablemente la cuestión de la enseñanza del DI no vaya a ser resuelto por una reconsideración de la relación entre la iglesia y el estado.

Pero más cosas deberían ser dichas sobre la relación entre la religión y la ciencia. ¿Es el DI religión, más que ciencia? En mi juicio, la religión y la ciencia no son tan fácilmente separados, por razones como las siguientes:

1. La ciencia es religiosa. Muchos escritores (Kuyper, Dooyeweerd, Clouser, Van Til, Polanyi, Kuhn, Hanson, Poythress) han ofrecido una fuerte defensa argumentando que la ciencia no es neutral en lo religioso. En el nivel más obvio, la ciencia presupone muchas cosas que no puede demostrar, sino que las toma por fe: la uniformidad de la naturaleza, la correspondencia del pensamiento con la realidad, la universalidad de las leyes físicas, los valores requeridos para una búsqueda honesta de la verdad. Ciertamente, sus ideas y metodología presuponen el teísmo cristiano, aunque no todos están dispuestos a admitirlo.

A pesar de la incertidumbre de gran parte de la ciencia, hay un sentido en el que la ciencia, como la religión, impone “ortodoxia” en sus participantes. Tal como indica Kuhn, los grupos de investigación crean comunidades de científicos, y si alguien quiere entrar en dicha comunidad no debe desviarse de los paradigmas estándares. Ciertamente algo como esto ha pasado entre los neo-darwinistas. Así que hay una fuerte analogía entre la ciencia y la religión que ha sido pasado por alto en gran parte de la discusión.

2. La ciencia es más que observación y experimento. Como indican muchos de los científicos mencionados antes, los científicos no recogen datos simplemente. También proponen hipótesis para la investigación. Después tienen que deducir consecuencias a partir de estas hipótesis. La observación y el experimento buscan estas consecuencias para verificar o falsar una hipótesis. Pero la hipótesis en sí no es necesariamente el resultado de observación o experimentación. Einstein, por ejemplo, no desarrolló sus teorías de la relatividad en base de la observación o del experimento. Sus ideas más bien vinieron inicialmente de “experimentos de pensamiento”, imaginando cómo es probable que sean las cosas. Muchas de sus hipótesis han sido después verificadas por observación y experimento. Einstein no fue un científico experimental. Pero nadie negaría que fue un científico de primera clase.

El trabajo científico es, entonces, no solo observacional y experimental, sino también imaginativo y lógico. El científico debe usar su imaginación para determinar hipótesis significantes, y su lógica para determinar qué conllevaría verificar o falsar estas hipótesis y si un experimento ciertamente lo ha verificado o falsado.

La gente a menudo se queja de que el DI no es ciencia, porque no está basado en observación y experimento. Este cargo es falso, porque los defensores del DI se basan en investigaciones hechas por otros. Y algunos escritores del DI como Behe han hecho y publicado no poca investigación. (Otros escritores del DI han hecho lo mismo, pero han tenido problemas al publicar sus hallazgos por culpa del prejuicio, afirman.)

Pero la contribución principal del DI a la discusión es lógica: evaluar lo que se requiere para verificar la teoría evolutiva, juzgar si las pruebas lo corroboran, y si no, qué cambios hay que hacerle a la teoría evolutiva para hacerla creíble. El DI primariamente interpreta datos, más que acumularlos. Pero esto no hace al DI no científico.

La mayoría del neodarwinismo de hoy día es anti-teísta. Los neo-darwinistas creen que han establecido un fundamento naturalista para el origen y el desarrollo de la vida. El DI niega que hayan establecido esto y trae pruebas para demostrar lo contrario. ¿Por qué debería la negación del teísmo ser considerado ciencia, mientras que la afirmación de esto es considerado “religión”? No es menos científico deducir el diseño inteligente a partir de los datos que deducir un origen no inteligente.

Así que el darwinismo, en algunos sentidos, es religioso, y el DI científico.

3. La ciencia debe estar abierta a toda verdad. Incluso si la ciencia y la religión pudieran ser distinguidas con precisión, y niego esto, es importante entender qué es lo que está implicado en la “transparencia” de la ciencia a la verdad. Imaginémonos que la Biblia es la palabra de Dios inerrante, y que en ese libro Dios habla sobre algunas cosas importantes para la ciencia. En la discusión actual, esta posibilidad sería descartada como invasión de la religión a la ciencia. Pero, sean las Escrituras religión o ciencia, sus creyentes afirman al menos que es una fuente de verdad. Si es una fuente de verdad, ¿cómo pueden los científicos justificar el ignorarla o negarla?

Desde luego, muchos científicos niegan que la Biblia sea la palabra inerrante de Dios. Pero si lo es, esos científicos están excluyendo algo importante, como si descuidaran datos importantes en el estudio de los efectos de una droga. Así que la pregunta de si la Biblia es verdadera es una pregunta importante para la ciencia, así como para todos los demás estudios.

El DI sostiene que sus aserciones no están fundamentadas en la Biblia, aunque la mayoría de los adeptos al DI son cristianos. Me es difícil imaginar que harían las afirmaciones que hacen si no fueran cristianos. Pero eso es irrelevante. Para establecer el carácter científico de las aserciones de uno, no es necesario probar que no vienen de una autoridad religiosa. Como creo que la Biblia es verdadera, pienso que la dependencia en la Biblia (bien interpretada) sería un argumento a favor del DI, más que en su contra. El intento de los escritores del DI de distanciarse de la Biblia es, creo, un expediente para evitar ciertas objeciones populares, más que una posición necesaria para una ciencia de bona fide.

Concluyo que el DI es tan científico, y tan religioso, como el neo-darwinismo. Y como tal debería serle dada una posición de paridad con el darwinismo en los colegios. Esto no es probable que ocurra pronto, por el homenaje de las cortes a una separación precisa entre la religión y la ciencia, y por una doctrina ilegítima de la iglesia y el estado. Pero en los méritos intrínsecos del caso, las dos posiciones deberían ser enseñadas al menos lado a lado.

Los colegios típicamente afirman estar abiertos a todos los puntos de vista significantes. Los estudiantes aprenden a ser críticos al estar expuestos a diferentes posiciones para las evaluaciones. Ninguna teoría humana es infalible. Errores pueden ser encontrados tanto en los escritos de los neo-darwinistas como de los que defienden el DI. Exponer a los niños solo a la posición neo-darwinista, y hacer la (para mí fantástica) afirmación de que es “hecho, no teoría” es privarlos de una oportunidad seria de pensamiento crítico y empobrecer su educación. Ese tipo de dogmatismo es, para mí, la prueba final de que el evolucionismo es tanto religión como ciencia. Los que niegan la ortodoxia, como los escritores del DI, están por esa misma negación haciendo una contribución substancial a la ciencia.

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Evaluando las Afirmaciones de los Ateos

20 de julio de 2012 1 comentario

Por Vern S. Poythress

El mundo a nuestro alrededor sigue en buena parte el camino de la autonomía humana. Dice, “Piensa por ti mismo”. Considera la Biblia como un mero libro antiguo con ideas primitivas. Así que nos aconseja que deberíamos tan solo aceptar lo que nos dicen los científicos.

Es irónico, entonces, encontrar pensamiento autónomo descrito en la descripción bíblica de la Caída. La serpiente lanza dudas sobre la palabra de Dios (“No moriréis”, Gén. 3:4) y recomienda a uno pensar por sí mismo independientemente de la instrucción de Dios. Esto es, la serpiente defiende la autonomía. Génesis 3 enseña que la elección de Adán y Eva de ser autónomos conduce a la muerte, espiritualmente y después físicamente. Hay mucho en juego.

Cristo enseña que el Antiguo Testamento es la misma palabra de Dios (Juan 10:35; Mateo 5:17-18, 19:4-5). Si le seguimos a Él, deberíamos tener una perspectiva diferente a la del mundo. Otros artículos en este número son dirigidos directamente a la enseñanza de la Biblia sobre Adán y los orígenes humanos. Pero además de esto, nuestro punto de vista cristiano debería abarcar nuestra actitud hacia la ciencia en modo más general.

La ciencia es una obra humana, y los seres humanos son pecadores. Así que tenemos que tener cuidado. Los seres humanos siguen siendo hechos en la imagen de Dios, así que deberíamos respetar y valorar los logros humanos. Pero el pecado genera distorsiones en el pensamiento humano, distorsiones que Dios vence por la redención de Cristo. Y la provisión redentora de Cristo para nosotros incluye las palabras en la Biblia, que poseen la autoridad de Dios y nos guía en la senda del pensamiento piadoso y del acto piadoso (Salmo 119:105).

La ley científica

¿Qué, pues, tiene la Biblia por decir? La Biblia indica que Dios ha creado el mundo hablando: “Dijo Dios: «Sea la luz.» Y fue la luz” (Gén. 1:3). Del mismo modo Dios gobierna el mundo providencialmente hablando: “Enviará su palabra y los derretirá [nieve y hielo]” (Salmo 147:18). La palabra de Dios determina tanto eventos excepcionales y milagrosos (como los milagros de Jesús, normalmente llevados a cabo hablando) como las regularidades: “Dijo luego Dios: «Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para separar el día de la noche, que sirvan de señales para las estaciones, los días y los años»” (Gén. 1:14).

La ley que gobierna el mundo es el discurso de Dios. El discurso de Dios expresa su poder y sabiduría personal; no es un mecanismo impersonal. La ciencia moderna, buscando entender las “leyes de la naturaleza”, está buscando en realidad cómo la palabra de Dios gobierna al mundo.

Pero muchos científicos modernos se han extraviado de la verdad. Piensan sobre la ley como un mecanismo impersonal. Esta manera de pensar es una forma de idolatría, según la descripción de la Biblia en Romanos 1:22-23: “Pretendiendo ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes de hombres corruptibles…”. En tiempos antiguos, la gente se hacía estatuas físicas para representar dioses falsos. Ahora, la gente a menudo cambia a Dios por un sustituto en la forma de una supuesta ley mecánica e impersonal. Este tipo de sustitución sigue siendo una forma de idolatría.

La idolatría implica necedad (Rom. 1:21-22), y la necedad conduce a juicios erróneos. Tenemos entonces que estar preparados para pasar por el tamiz las afirmaciones hechas en el nombre de la ciencia, en vez de tan solo someternos a ellas.

¿Realmente marca la diferencia el creer que las leyes del universo son el discurso de Dios en vez de un mecanismo impersonal? Lo hace. Las regularidades que los científicos modernos descubren aproximan la palabra de Dios o la ley de Dios que gobierna el orden providencial presente de las cosas. Pero la Biblia distingue el orden providencial presente de las manera en que fueron las cosas en el tiempo en que Dios creó el mundo, tal como está descrito en Génesis 1-2. Así que Dios puede haber actuado de modo diferente durante ese tiempo. Ciertamente, puede seguir respondiendo de modo diferente más tarde en la historia, cuando contesta personalmente a las necesidades personales de su gente. Puede obrar milagros, como lo hizo con el diluvio de Noé y las plagas en Egipto. Dios no está restringido en sus acciones por una supuesta ley natural impersonal.

Cuando Cristo vuelva, el presente orden del universo será transformado (Rom. 8:21-22; 2 Pedro 3:10-13). Con lo cual, sabemos que el orden presente no durará para siempre. En contraste, los científicos no cristianos extrapolan el orden presente a un futuro infinito, porque creen en una ley impersonal.

Científicos cristianos y no cristianos pueden hasta cierto punto trabajar conjuntamente en muchos proyectos científicos modernos, porque ambos viven en el mundo de Dios y ambos dependen del control providencial de Dios. Pero los científicos no cristianos no reconocen a Dios. Dependen de Él, pero sofocan la verdad sobre Él (Rom. 1:18). Y en nuestro tiempo muchos cristianos están en parte comprometidos por la misma idolatría, porque la atmósfera que prevalece en la práctica de la ciencia es aquella de la ley impersonal. Las diferencias son traídas al frente sobre todo cuando tratamos con los milagros, que pueden implicar excepciones en el patrón normal de la regla providencial de Dios.

Orígenes Biológicos

Podemos ilustrar esto considerando el tema de la descendencia biológica. El orden providencial presente de Dios, establecido por su palabra en Génesis 1, incluye el patrón que los árboles y las plantas se reproducen según sus especies (Gén. 1:11-12) y del mismo modo los animales (Gén. 1:21-22, 24-25). Los pastores israelitas confiaban en la fidelidad de Dios cuando cuidaban ovejas y cabras, y nosotros confiamos en Él a día de hoy cuando criamos perros. Los seres humanos también se reproducen según su especie (Gén. 5:1-3).

Los científicos que creen en una ley impersonal extrapolan lo que ven hoy día al pasado, sin posibilidad de ninguna actividad excepcional de Dios. La evolución sin mente ni propósito – la visión Darwinista dominante – es el resultado inevitable. Y este resultado debe ser, por medio de una lógica despiadada, extendido a los seres humanos, quienes supuestamente están sujetos a las mismas leyes impersonales que el resto de la vida. Dadas estas suposiciones, la conclusión desemboca así: los seres humanos se han originado por la evolución gradual. La evidencia tiene que ser encajada en este cuadro completo, porque no hay realmente otra alternativa, una vez que uno acepta la presuposición fundamental de que la ley es impersonal.

Una visión basada en la Biblia es bastante diferente: Dios ha podido crear a Adán y Eva por una acción milagrosa. No hay ley impersonal. Solo existe el control personal de Dios sobre todas las cosas, tanto de las regularidades como de las excepciones. Dios ha podido también generar la primera vida y los grupos mayores de plantas y animales por acciones creativas milagrosas.

Concordancias en el ADN

Cuando por primera vez los científicos compararon la secuencia de ADN en los cromosomas humanos con la secuencia de los chimpancés, anunciaron que la secuencia era idéntica en un 98 por ciento. Similitudes de este tipo se extienden por todo el mundo de los seres vivos. Con variaciones menores, el ADN de los seres vivos utiliza un código común. Proteínas similares se encuentran en diferentes especies, así como hay también códigos parecidos del ADN en las proteínas. Para los Darwinistas, estas similitudes confirman los ancestros comunes a todos los seres vivos y el modelo Darwiniano de evolución gradual no dirigido. ¿Cómo si no íbamos a justificar científicamente toda esta serie de evidencias?

Pero, en este razonamiento, los Darwinistas confían en unas cuantas suposiciones. (1) No las evidencias, sino más bien una presuposición filosófica, ha excluido a Dios del proceso. Génesis 1 indica que el discurso de Dios ha especificado el patrón por el que los animales y las plantas se reproducen según sus especies. Dios es la fuente. Hasta este día, cada nuevo animal o planta viene a existir por su acción: “Envías tu espíritu, [nuevos animales individuales] son creados y renuevas la faz de la tierra [con nuevas plantas]” (Salmo 104:30). (2) El pensamiento Darwinista estándar supone una visión de la ley impersonal que no admite excepciones. Pero Dios puede haber obrado en maneras excepcionales en la creación de nuevas especies. (3) El Darwinismo no considera explicaciones alternativas que involucran motivos divinos personales.

¿Podría ser que hubiera explicaciones alternativas a tan asombrosas similitudes? El término “diseño inteligente” pertenece a una visión que enfatiza que las similitudes entre los seres vivientes pueden darse debido a diseños comunes. Por ejemplo, no es de extrañar que las proteínas manufacturadas por distintos tipos de animales sean iguales, si las proteínas están diseñadas a hacer las mismas funciones químicas y psicológicas en las células de los animales.

La Biblia no entra en detalles técnicos sobre células y proteínas. Dios no la ha escrito con este propósito. Pero la Biblia indica que, en el nivel de la observación ordinaria, los seres humanos, los animales, y las plantas, tienen procesos reproductivos. Dios ha creado la humanidad, varón y hembra (Gén. 1:27). Los animales más grandes también son macho y hembra (Gén. 6:19). Partiendo de estas observaciones fundamentales, hasta las personas de la Antigüedad podían observar muchas similitudes asombrosas.

Semejanza y analogía

Detrás de las similitudes obvias se encuentra un tema más fundamental, más específicamente el de la semejanza. Dios ha creado al hombre a su imagen (Gén. 1:26-27). Adán engendró a su hijo Set a su imagen: “Vivió Adán ciento treinta años, y engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y le puso por nombre Set” (Gén. 5:3). También sabemos que Cristo es la imagen original de Dios: “Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Cor. 4:4, comparar Col. 1:15, Heb. 1:3). Dios es el Padre original en relación a su Hijo eterno. Adán es un padre derivado. Y la paternidad humana incluye una relación de semejanza entre padre e hijo. Los animales y las plantas no están hechos a imagen de Dios, y aún así se reproducen según sus especies. Así pues, podemos inferir que reflejan vagamente el patrón con Adán, un patrón que origina en la naturaleza Trinitaria de Dios. La reproducción animal es entonces análoga a la reproducción humana, según el diseño de Dios. Y la analogía origina con Dios mismo, en la relación de Dios el Padre a Dios el Hijo. El Padre ama al Hijo, así que no debería sorprendernos que, en honor al Hijo, el Padre como Creador diseñe muchas analogías en el orden creado.

Set es una imagen de Adán, una analogía de él, porque Adán lo engendró. La relación padre-hijo incluye un aspecto biológico y hasta un aspecto químico, tal como podemos comprobar hoy día comparando el ADN entre los padres e hijos biológicos. Aunque hay también una relación de semejanza, o una relación analógica entre Dios y Adán que es el producto de la voluntad creadora de Dios. Así que cuando vemos analogías entre los seres humanos y los chimpancés, la presencia de analogías no nos dice el qué los generó. Una analogía puede originarse a partir de un descendiente biológico, como cuando nace Set, o a partir de la voluntad directa de Dios, como con la creación de Adán en la imagen de Dios.

Así que las analogías entre los diferentes tipos de animales tienen dos posibles explicaciones, no solo una. La teoría Darwinista estándar solo permite una, más concretamente la explicación materialista, porque deja fuera de su jurisdicción el carácter de Dios como el gobernador personal del mundo.

Siempre hemos sabido que nos parecemos en cierto modo a los monos. Ahora sabemos que nuestro ADN es como el de los monos. ¿Y qué? Cuantitativamente, tenemos mucha más evidencia sobre una relación. Pero seguimos teniendo la misma pregunta fundamental, y ésta es, ¿Qué clase de relación es evidenciada por esto? La evidencia ha de ser interpretada. Y la interpretación siempre tiene lugar en un marco de muchas suposiciones sobre la naturaleza del mundo y la naturaleza de la investigación científica. Si un científico asume un marco Darwinista de ley impersonal, va a inferir confiadamente que los humanos y los monos tienen un ancestro común y que la explicación de las analogías es la evolución gradual sin propósito. Pero un Cristiano aún no comprometido a tal marco debería contemplar otra posibilidad, concretamente, que todo de la vida refleja no solamente el diseño común de Dios, el Diseñador sobrenatural, sino también un patrón de analogías reflejando en la tierra el patrón original de Dios Hijo como imagen del Padre.

Qué observan los científicos

La ciencia se concentra en el análisis cuantitativo de la composición material. Así que resulta natural centrarse en el ADN. Pero la gente es personal, no simplemente material. El análisis cuantitativo del ADN nunca puede capturar lo que es único de ser hechos en la imagen de Dios.

Deberíamos también reconocer que los informes han enfatizado evidencias que concuerdan con las expectativas. Informes tempranos sobre la concordancia del ADN de más del 98 por ciento entre humanos y chimpancés compararon solo esas regiones del código de ADN de las proteínas, porque por esos tiempos se creía que dichas regiones eran las más importantes. Pero estas regiones explican solamente cerca del 2 por ciento del ADN total. El resto ha sido denominado “basura”, y los Darwinistas explicaron que es una acumulación evolutiva de piezas rotas. Sin embargo, investigación más avanzada revela más y más funciones positivas concerniendo esta “basura”. Parte de ella regula la expresión del código proteínico del ADN. Cuando el ADN humano y el ADN de los chimpancés son comparados en estas regiones, la amplitud de las concordancias baja hasta aproximadamente el 90 por ciento, o es reducido hasta al tan solo un 70 por ciento, si incluimos regiones en las que correlaciones firmes no han sido establecidas aún. Los científicos han descubierto algunas regiones en el ADN humano que aparentemente no se corresponde a ninguna región conocida de ningún primate. ¿De dónde vienen estas regiones? Este tipo de información tiende a ser infra informado en los medios de comunicación, porque siguen siendo en mucha medida un misterio para los Darwinistas.

De hecho, la cantidad de información pura sobre el ADN continúa aumentando, y mucho queda por ser pasado por el tamiz. Los Cristianos serían bien aconsejados que esperen pacientemente. Deberíamos creer que Dios, quien nos ha dado las Escrituras, es el mismo Dios que gobierna el mundo biológico. La Escritura está en harmonía con los hechos de la biología, pero puede ser fácil o no el obtener una comprensión total de la complejidad de esta harmonía.

Conclusión

El mundo a nuestro alrededor nos dice que aceptemos las últimas declaraciones de los científicos como el producto de expertos que conocen mucho mejor que nosotros. Como cristianos, no debemos sobrevalorar nuestro conocimiento o nuestra pericia. Pero tenemos en la Biblia un mensaje en el que podemos confiar. Debemos usar sus orientaciones. La Biblia critica a la ciencia moderna por su idolatría. Suposiciones sobre la naturaleza de la ley y suposiciones sobre lo que cuenta como una explicación o sobre lo que cuenta como pruebas relevantes juega un papel importante en la ciencia.

¿Puede la Ciencia Responder a Preguntas Fundamentales?

9 de julio de 2012 3 comentarios

Por Vern S. Poythress

“La ciencia ha proporcionado ahora respuestas a casi toda pregunta que el hombre puede formular. Sólo quedan unas cuantas preguntas, y son de carácter esotérico. ¿De dónde venimos? ¿Qué hacemos aquí? ¿Cuál es el sentido de la vida y el universo?”

Langdon estaba atónito. “¿Y estas son las preguntas que el CERN está intentando responder?”

“Corrección. Estas son las preguntas que estamos respondiendo”.

Maximilian Kohler, en Ángeles y Demonios, de Dan Brown.

¿Puede la ciencia responder a las preguntas esenciales? Maximilian Kohler, el personaje de Dan Brown, promete que sí puede. Pero una inspección más inquisitiva sobre la cultura y los métodos de la ciencia revelan limitaciones. La ciencia natural estudia materia y energía y fuerzas e interacciones en tiempo y espacio. En biología estudia la complejidad de las cosas vivas, pero sigue concentrándose en entender éstos en el marco de las fuerzas y materia y energía al fin y al cabo.

Materialismo

A este nivel, las explicaciones nunca pueden sobrepasar la decisión tomada en un comienzo de centrarse en cierto nivel de la estructura de nuestro mundo. Por el bien del progreso y entendimiento a un nivel (el físico-material), restringe su campo de visión a ese nivel. Deja fuera la conciencia, la personalidad humana, el bien y el mal moral, la belleza, la adoración.

Los materialistas estrictos creen que la materia y el movimiento es todo lo que hay o lo que puede haber alguna vez. Pero este es un postulado filosófico, no el producto inevitable del razonamiento científico. Si la ciencia se restringe deliberadamente a sí misma a la dimensión material, sus conclusiones hablarán necesariamente sobre la dimensión material. Las conclusiones pueden ser impresionantes y penetrantes. Pero es una falacia el pensar que éstas establecen que lo material es todo lo que hay. Esta falacia no tiene en cuenta la elección humana de un punto de partida restringido desde el principio.

Los creyentes en el materialismo pueden ser, sin embargo, devotados a su filosofía. Dada la confusión sobre dónde están introducidas furtivamente las asunciones materialistas, a mucha gente le parece que el materialismo gana prestigio por los triunfos y la perspicacia de la ciencia. Lo que es más, el materialismo puede satisfacer hasta cierto punto porque da respuestas a las grandes preguntas, o al menos dice que cierta clase de preguntas no pueden ser respondidas. Según el materialismo, nosotros mismos somos la consecuencia del azar de materia y movimiento. Hemos llegado a ser por el azar, y nuestro destino para el futuro es cuestión de azar.

¿Cuál es entonces el sentido de la vida? La mayoría de la gente quiere una respuesta en términos de propósito y sentido personal. El materialista afirma que no existe tal respuesta, sino que todo sentido se reduce a átomos y movimiento. Es una filosofía lúgubre y severa. Nadie puede vivir a ese nivel de manera consistente, porque ansiamos sentido, amor, belleza.

De modo paradójico, la belleza surge en la misma estructura de las leyes científicas, así también como en el mundo gobernado por estas leyes. Y el materialista no tiene explicación para las leyes en sí. ¿Por qué hay algo en vez de nada? ¿Y por qué hay leyes? De hecho, las leyes reflejan el carácter de un Dios infinito. Nosotros como seres humanos estamos huyendo de Dios. Así que es espiritualmente “conveniente” olvidar las leyes y afirmar que la materia y el movimiento agotan la realidad. Nos quita de la posición en la que necesitaríamos enfrentar nuestra responsabilidad a Dios.

La Destrucción de los Dioses – ¿Ha dejado la ciencia obsoleta a Dios?

6 de julio de 2012 Deja un comentario

Por Vern S. Poythress

La ciencia ha demostrado ahora que estos dioses son ídolos falsos. Pronto todos los Dioses serán demostrados a ser ídolos falsos. La ciencia ha provisto respuestas a casi cualquier pregunta que el hombre puede hacerse.

Maximilian Kohler, en Ángeles y Demonios, de Dan Brown.

¿Ha dejado la ciencia obsoleto a Dios? El personaje de Dan Brown, Maximilian Kohler, arguye que por dar explicaciones racionales para la salida y puesta del sol, la ciencia ha hecho prescindible al dios griego Helios. En todos los campos, el crecimiento de la ciencia reduce la necesidad de postular las actividades de los dioses. Kohler expresa lo que hay en la mente de muchas personas en nuestros días.

Irónicamente, el surgimiento de la ciencia tuvo lugar en la dirección contraria a como lo pinta Kohler. Kohler sugiere que la ciencia ha destruido a los dioses. En realidad, la destrucción de los dioses ha creado una puerta abierta para la ciencia. ¿Cómo?

La religión politeísta de los griegos sostenía que había muchos dioses. Había tantos planes divinos y tantos propósitos como dioses. Y como los dioses interactuaban en manera caótica, la gente no tenía garantías de que el mundo fuera a presentar un orden estable. La religión griega desalentó cualquier esperanza por una exploración científica de un orden racional.

La ciencia moderna surgió en el contexto del monoteísmo cristiano, que quitó a los dioses griegos y dio confianza a científicos potenciales por medio de tres principios fundamentales:

  1. Un Dios racional controla todas las cosas (Génesis 1:1, Salmo 33:6), así que podemos esperar un orden universal.
  2. Dios ha hecho al hombre en su imagen (Génesis 1:26-27), así que el hombre es naturalmente afino a la mente de Dios y tiene esperanza de comprender el orden que Dios ha dado.
  3. El mundo que Dios ha hecho no es divino, con lo cual está abierto a la investigación humana.

De hecho, la palabra de Dios es la base de la ley científica. Según Génesis 1, hablando, Dios ha especificado el orden normal para el sol y la luna y las estrellas, y el patrón para el crecimiento y reproducción de las plantas (Génesis 1:11, 14-15). Lo que los científicos llaman ley científica es de hecho su estimación de la ley de Dios, de la especificación de Dios, “que sea así”. Los científicos en su investigación están de hecho investigando la mente de Dios y siguiendo el rastro de Sus pensamientos* – aunque a su nivel humano limitado.

Los primeros científicos, como Copérnico e Isaac Newton, entendieron que estaban frente a la artesanía de Dios. El universo estaba construido por el Mejor y Más Ordenado Artesano de todos.

Cuán excelentemente bueno es el trabajo divino del Mejor y Más Grande Artista. (Copérnico, Sobre la revolución de las esferas celestes)

Él es eterno e infinito, omnipotente y omnisciente; esto es, su duración abarca desde la eternidad hasta la eternidad; su presencia desde el infinito hasta el infinito; gobierna todas las cosas, y conoce todas las cosas que son o que pueden ser hechas. … Y esto concierne a Dios; discutir sobre Aquel del que viene la apariencia de las cosas ciertamente pertenece a la Filosofía Natural.** (Isaac Newton, Principia Mathematica, 440-442 [503-505 en Gutenberg Project, n.tr.]).

De hecho, la ley científica expone los atributos de Dios mismo, como la omnipresencia (lo mismo en todos los lugares), inmutabilidad, inmaterialidad, invisibilidad, transcendencia (por encima de fenómenos particulares), inmanencia (sobre los particulares). Esta exposición confirma lo dicho en la Biblia:

Lo invisible de él, su eterno poder y su deidad, se hace claramente visible desde la creación del mundo y se puede discernir por medio de las cosas hechas. (Romanos 1:20)

Los científicos modernos a veces evaden el testimonio de Dios intentando pensar que las leyes que investigan son impersonales, una especie de mecanismo sin mente. Esta manera de pensar es una forma de idolatría, en el sentido que reemplaza al Dios verdadero con un sustituto. Como todos los sustitutos, tiene que ser suficientemente parecido al Dios verdadero para engañar a la gente. (Por ejemplo, supuestamente sigue garantizando orden.)

Pero los científicos siguen creyendo que las leyes son fundamentalmente racionales, y fundamentalmente capaces de ser expresados lingüísticamente, para que puedan ser descritos en lenguaje y pensamiento humano a través del discurso humano. La racionalidad y la habilidad del lenguaje complejo pertenecen a las personas, no a las rocas o plantas o gusanos. Los científicos claramente confían en el carácter personal de la ley. Al mismo tiempo, afirman que es impersonal. Es una afirmación conveniente, porque así podemos evitar la responsabilidad moral de Dios, quien es personal. Hay razones espirituales por las que es incómodo conocer la verdad, y por las que queremos evadirla.

Cristo vino en el mundo. En ese acto, Dios se convirtió en hombre, y vino a reconciliarnos a Sí mismo. Él mismo venció la barrera de nuestra rebelión, la que nos hace querer evadir la verdad sobre el Dios que es la mismísima base de la ley, y por consiguiente la base de la ciencia.

——

*”Thinking God’s thoughts after Him”, es una frase de Kepler, para la que encuentro que una traducción literal no tendría sentido.

** He tenido problemas para entender la última frase, y no sé si es la traducción más acertada. Florian Cajori, en la traducción de Motte, en el apéndice del segundo volumen, The System of the World, explica que dicha frase es una justificación de por qué Newton trata sobre Dios en Principia: “Obtener una idea sobre Dios ‘a partir de la apariencia de las cosas, pertenece ciertamente a la Filosofía Natural’” (p. 669).